1 de mayo de… 1929

El 1 de mayo de 1929 se funda la Real Sociedad Deportiva Alcalá, promovida por el escolapio don Eusebio Gómez de Miguel, el «Padre Eusebio».

Es indiscutible decir que el deporte más popular en España es el Fútbol. Y toda ciudad y todo pueblo que se precie tiene un equipo de este deporte. Lógicamente Alcalá de Henares no puede ser menos y desde 1929 tiene un equipo federado, la «Real Sociedad Deportiva Alcalá».

Pero, ¿cómo fueron los orígenes de esta Sociedad?

A principios del siglo XX el semanario «El Eco Complutense» publicó el reglamento del fútbol. Este hecho influyo para que la ciudad de Alcalá de Henares fundara en 1908 el equipo «Alcalá Foot-ball Club».

Lógicamente era un equipo modesto hasta la llegada de los internados alemanes de la I Guerra Mundial, que hicieron progresar rápidamente a los futbolistas alcalaínos. Entrenaban en un solar de las Eras de San Isidro, frente a la antigua Plaza de toros.

Poco tiempo duró el equipo «Alcalá Foot-ball Club». Pero los complutenses no dejaron de lado el empeño de seguir con este sano deporte. Por eso en 1920 fundaron la «Unión Deportiva Alcalaína». Y dos años después, en 1922, la «Gimnástica Alcalaína».

Y en 1924 el escolapio Eusebio Gómez de Miguel, conocido como el Padre Eusebio, que era profesor de matemáticas del colegio instalado en los edificios de la antigua Universidad, fundó el «Alcalá Fútbol Club». Este equipo comenzó a jugar en la Era del Pozo Artesiano, lo que hoy se conoce como el Barrio de Antezana.

Poco tiempo después el Padre Eusebio compró a la familia Casado un solar conocido como «El Humilladero». Fueron los propios alumnos del colegio de los Escolapios los que acondicionaron el campo de juego, quitando las piedras y vallándolo.

Casi al mismo tiempo, Ángel Gómez Alcalá, que era un gran portero y mejor persona, fundó la «Deportiva Obrera Alcalaína». El «Alcalá Fútbol Club» del Padre Eusebio dejaba las «instalaciones» del equipo para que entrenara y jugara la Deportiva.

Con el tiempo los dos equipos se fusionaron y tal día como hoy de 1929 se fundó la «Sociedad Deportiva Alcalá».

En diciembre de ese mismo año, 1929, por medio de un escrito dirigido al Presidente de la Mayordomía Mayor de su Majestad el Rey, don Fernando Presas, le fue concedido a la Sociedad Deportiva Alcalá el título de «Real».

Así fue el comienzo de lo que hoy es la «Real Sociedad Deportiva Alcalá».


Más efemérides del 1 de mayo:

El 1 de mayo de 1517 la Cofradía del Santo Sepulcro, que tenía una ermita en el cerro de la Vera Cruz, actualmente llamado cerro del Ecce Homo, construye y coloca una barca junto a la ermita de la Virgen del Val de Alcalá de Henares.

El 1 de mayo de 1517 la iglesia Magistral de Alcalá de Henares cede a la Cofradía del Ecce-Homo la ermita de la Vera Cruz con el censo perpetuo de pagar dos gallinas al año.

El 1 de mayo de 1597 en la iglesia de los jesuitas de Alcalá de Henares un forastero pide sacramento de confesión. Le asiste el padre don Juan Juárez, ante el cual el desconocido reconoce haber asaltado una iglesia y robado sus vasos sagrados con Sagradas Formas. Arrepentido de sus actos le entrega las Formas Consagradas que luego serán incorruptas.

El 1 de mayo de 1858 se inaugura el segundo asilo de San Bernardino en el edificio del Colegio de San Ciriaco y Santa Paula de Alcalá de Henares, más conocido por Colegio de Málaga.

El 1 de mayo de 1926 se inaugura una gran exposición de arte religioso en el Salón de San Diego del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, organizada por José María Vicario y el padre Lecanda.

El 1 de mayo de 2016 el periódico «Diario de Alcalá» cierra su actividad editorial tras casi 25 años de historia.

29 de abril de… 1977

El 29 de abril de 1977 fallece en Alcalá de Henares don Tomás Casado Herrero, pintor, profesor de dibujo y escultor, autor del Santísimo Cristo de la Agonía de la Catedral Magistral de Alcalá de Henares.

Muchos artistas han pasado por Alcalá de Henares y han dejado su obra en la ciudad. Y algunos, por no decir muchos, han pasado, desgraciadamente, de forma casi anónima, si no se soluciona a tiempo.

Este puede ser el caso de Tomás Casado Herrero, pintor, profesor de dibujo y escultor del siglo XX, llamado por la gente que le conoció «don Tomás».

Tomás Casado Herrero nació en Monleras (Salamanca) el 28 de abril de 1899. Hijo de labradores, mostró desde niño gran afición a la pintura, no cejando en su empeño hasta conseguir, en 1919, trasladarse a Madrid para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios.

Alcanzando el primer premio de la misma, en 1925 ingresó por oposición en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, despertando interés entre los críticos.

Acabados los estudios, aprobó una oposición de la Diputación Provincial de Madrid y empezó a trabajar como profesor de dibujo en el Colegio Salesiano de San Fernando. En este colegio, en el taller de madera, empezó su labor como escultor.

Terminada la Guerra Civil pintó para la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de su pueblo natal, Monleras, una «Inmaculada Concepción» y un «San Juan Bautista».

En 1949 se trasladó a vivir, junto a su familia, a Alcalá de Henares, donde compaginaba las clases en el Colegio de San Fernando con otras en los colegios de Santo Tomás de Aquino y Sagrado Corazón de Jesús de Alcalá de Henares.

Como persona muy religiosa plasmó su espiritualidad en muchos de sus cuadros, sobre todo en temas marianos. Sus referentes artísticos fueron Andrea Mantegna, Sandro Botticelli y Leonardo da Vinci.

Aparte de sus cuadros religiosos también realizó una colección de pinturas sobre «El Quijote».

Tras el fallecimiento de una de sus hijas, Pilar, que contaba con cinco años, plasmó su pena en una colección de cuadros sobre la «Muerte y el Paso del tiempo».

Su amor por Jesús, Hijo de Dios, hizo que en 1953 empezase a tallar en madera una colección de Cristos, realizando su primera exposición en 1957 en la Casa de la Mancha, en Madrid.

Su forma de ser, cariñoso y entregado a los demás, hizo que regalase muchos de sus Cristos a amigos, conocidos y familiares, llegando sus tallas incluso a América del Sur.

En 1963 talló el devoto Santísimo Cristo de la Agonía que actualmente se puede contemplar en la Catedral Magistral de Alcalá de Henares.

Como restaurador, reparó, entre otros, el Cristo de la Agonía que se encuentra en el Monasterio de Santa Clara de Alcalá.

Siguió tallando imágenes de Jesús en la cruz hasta el día de su fallecimiento.

Y tal día como de 1977 falleció en Alcalá de Henares don Tomás Casado Herrero, pintor, profesor de dibujo y escultor, autor del Santísimo Cristo de la Agonía de la Catedral Magistral.

En su lápida, como no, está tallado un Cristo que él diseño.


Más efemérides del 29 de abril:

El 29 de abril de 1624 el rey Felipe IV visita Alcalá de Henares.

El 29 de abril de 1874 don Manuel Mateo dona una auténtica espada del siglo XVI para que fuese utilizada en los actos en honor de Miguel de Cervantes.

27 de abril de… 1913

El 27 de abril de 1913 se inaugura el monumento al cardenal Cisneros en el patio de Santo Tomás de Villanueva del Colegio Mayor de San Ildefonso.

La estatua del monumento al cardenal Cisneros fue tallada en mármol de Carrara por el escultor malagueño José Vilches en 1864, cuando se encontraba en Roma, pensionado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que era miembro.

Por motivos que no se han conseguido esclarecer, la estatua, cuando fue enviada a España por su autor, quedó arrinconada y olvidada durante muchos años en un almacén de los sótanos de la Universidad Central de Madrid, sin que ninguna autoridad académica se preocupara de ella.

La descubrió el estudiante Alberto Segovia Pérez que junto al complutense Máximo de Francisco, con a la mediación del entonces Conde de Romanones, gestionaron su traslado a Alcalá de Henares.

La estatua llegó a Alcalá en 1910 y tal día como hoy de 1913, a las 3 de la tarde, se inauguró el monumento al cardenal Cisneros, utilizándose como pedestal el brocal del pozo del patio de Santo Tomás de Villanueva del Colegio Mayor de San Ildefonso.

Estuvo en esa ubicación hasta 1959, que por motivos de una restauración del edificio del antiguo Colegio Mayor de San Ildefonso, el monumento se instaló en la plaza de San Diego, en los jardines del lado derecho, delante de la fachada de un conocido hotel, mirando hacia el Cuartel del Príncipe.

En reforma de la plaza realizada en los comienzos del siglo XXI, se cambió de lugar, colocándola delante de la fachada del antiguo Colegio Menor de San Pedro y San Pablo.

El paso del tiempo unido a varios actos vandálicos hicieron que la estatua se deteriorara. Por ello, en enero de 2007 el Ayuntamiento, la Universidad y la Sociedad de Condueños decidieron retirarla para someterla a una profunda restauración. Para sustituirla, pidieron al escultor Andrés Bonilla Gutiérrez una réplica, que instalaron en los jardines de la plaza de San Diego, en el centro, mirando hacia la Capilla de San Ildefonso.

Ya restaurada, la estatua original del cardenal Cisneros espera ser colocada otra vez en el interior del recinto universitario, pero no es su primera ubicación, sino esta vez en el Patio de los Filósofos.

Mientras llega la hora de su reinstalación y reinauguración, aguarda su turno en el patio de un monasterio de religiosas de la ciudad.


Más efemérides del 27 de abril:

El 27 de abril de 1590 fallece Domingo Beltrán, el escultor del Cristo de los Doctrinos.

El 27 de abril de 1780 por R.O. se suprimen los Colegios Menores Cisnerianos de estudiantes pobres, refundiéndolos en uno sólo, instalado en el Colegio de la Madre de Dios, con el nombre de Colegio de la Concepción.

27 de marzo de… 1976

El 27 de marzo de 1976 se inaugura en Alcalá de Henares el nuevo Archivo General de la Administración.

En 1858 el Gobierno de España decidió crear un Archivo General Central y eligió la ciudad de Alcalá para su sede.

Y en marzo del año siguiente, 1859, se firmó un Acuerdo de Cesión entre el Arzobispado de Toledo y el Ministerio de Fomento para instalar el Archivo General del Reino en el antiguo Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares.

La firma de este Acuerdo hizo que el antiguo Palacio Arzobispal, que se hallaba en estado de casi completa ruina, se reparara para adaptarlo a su nuevo destino.

Así se abrió así un periodo de ochenta años que terminó con un fatídico incendio en agosto de 1939 que destruyó el Palacio y su Archivo, haciendo perder una de las joyas de la arquitectura alcalaína y un legado histórico imposible de recuperar.

Pero debe ser que la ciudad de Alcalá de Henares es atrayente para el Gobierno de la nación, ya que 37 años después del incendio del Archivo, tal día como hoy de 1976 se inauguró, como heredero suyo, el nuevo edificio del Archivo General de la Administración, situado esta vez en la Puerta de Aguadores.

Su cometido es guardar y facilitar la consulta de los documentos de todos los Ministerios del Gobierno de España, lo que le convierte en un archivo vivo a la vez que uno de los más importantes de nuestro país.


Más efemérides del 27 de marzo:

El 27 de marzo de 1315 el rey don Alfonso XI perdona a Alcalá los Débitos de pechos.

El 27 de marzo de 1810 se intenta formar compañías de 100 hombres para que ayuden al ejército francés, pero no acude nadie a la llamada.

4 de febrero de… 1911

El 4 de febrero de 1911 Manuel Azaña pronuncia un discurso titulado «El Problema Español», como acto inaugural de la «Casa del Pueblo» situada en la calle Escritorios nº 9 de Alcalá de Henares.

Sin querer entrar en política, solo en un hecho histórico de nuestra ciudad, recordamos que tal día como hoy de 1911 el joven de 30 años Manuel Azaña pronunció un discurso titulado «El Problema Español», como acto inaugural de la «Casa del Pueblo», situada en la calle Escritorios nº 9 de Alcalá de Henares.

Sin más comentarios, el texto del discurso, aunque es algo largo, fue éste:

«Me propongo, cediendo a vuestra cariñosa invitación, hablaros en esta y en sucesivas conferencias de unos cuantos temas que, a mi juicio, os deben interesar. De esta manera, al mismo tiempo que organizo y expongo en forma polémica mis ideas, contribuyo en la medida de mis fuerzas a la prosperidad de esta Casa, que ahora comienza a vivir. Siempre os agradeceré que me hayáis proporcionado esa doble satisfacción moral.

Pertenezco a una generación que está llegando ahora a la vida pública, que ha visto los males de la patria y ha sentido al verlos tanta vergüenza como indignación, porque las desdichas de España, más que para lamentarlas o execrarlas, son para que nos avergoncemos de ellas como de una degradación que no admite disculpa. Yo recuerdo los tiempos en que nos hacíamos hombres, cuando comenzaban a llegar a nuestros oídos los primeros ecos de la vida nacional, y recuerdo, como recordaréis todos, que sólo percibíamos palabras infames: derrota, venalidad, corrupción, inmoralidad…

Y era lo más triste que el pueblo parecía conforme con este oprobio y se revolcaba satisfecho en un cenegal sin creer en sí mismo, ni en sus hombres, ni en su destino histórico; sólo creyó en su miseria; recreándose en ella lo negó todo: la justicia y el derecho cuando vio impunes los crímenes de lesa patria; la libertad porque la sombra de ella consignada en las leyes no le impidió la caída y suspiró por un amo que le hiciera marchar a latigazos ya que él no era capaz de andar solo; negó también la historia —una historia ficticia, inventada por el fanatismo para nutrir la superstición— y, por último, se negó a sí mismo, rehusándose el derecho a vivir, y temió o esperó, no se sabe, una injerencia extranjera o una repartición.

De todas las numerosas y antiguas causas que produjeron en la nación española este estado moral, nosotros, los hombres de mi generación, somos absolutamente irresponsables. Nos horroriza el pasado, nos avergüenza el presente; no queremos ni podemos perder la esperanza en el porvenir, y, con toda la energía y toda la razón del que por culpas ajenas se ve envuelto en desgracias no merecidas, hemos alzado la voz de nuestra protesta y trabajamos porque el mal no se perpetúe. Comprenderéis perfectamente que sólo por este medio conservaremos nuestro derecho a la crítica; no podremos erigirnos en jueces si nos hacemos culpables de las mismas faltas que tratamos de condenar. De ahí nuestro propósito y el empeño vivo de esta noche, de correr en misión la tierra española queriendo persuadir a nuestros conciudadanos de que hay una patria que redimir y rehacer por la cultura, por la justicia y por la libertad.

Por la cultura he dicho y si lo meditáis bien comprenderéis que lo he dicho todo. Porque el milagro realizado en aquellos españoles que han logrado disipar las espesas tinieblas que al espíritu nacional envuelven desde hace siglos, queremos que se extienda en sus efectos y vivifique a todas las masas del pueblo. Lo queremos por necesidad íntima y cordial de nuestra alma, lo queremos por la salud de la patria. Ya es tiempo de que la nación española deje de ser un pueblo ignorante y aborregado, que no sabe de sí absolutamente nada, ni de sus cualidades ni de sus defectos, ni de lo que le debe la civilización universal ni de las deudas que a su vez tenga para con la civilización misma. Es preciso reconstruir la conciencia nacional para que el solar patrio deje de ser un campo de desolación sobre el que de vez en cuando se levanta un alma grande a llorar los desengaños y las desventuras y a profetizar otras mayores: unas veces con la desconsolada burla de Cervantes, en cuyo libro palpita un pueblo que se ha sentado al borde del camino de la historia, renunciando a su destino; otras con la desgarrada procacidad de Quevedo; que, en tiempos más próximos, halla su expresión en la amarga protesta de Fígaro y en nuestros días suena en los discursos y en los escritos de Joaquín Costa con los acentos de una maldición.

Este espectáculo, ya secular, de un pueblo inerme, que fluctúa entre deseos que no sabe expresar, a merced de corrientes espirituales que le envuelven y que desconoce, sintiendo dentro de sí energías que se disipan por falta de empleo, es preciso que concluya. Es preciso que el pueblo español tenga, como Saulo, su camino de Damasco; que se horrorice de su lepra, que llore lágrimas de sangre por un ideal de vida que, de momento, no podrá alcanzar, que luche y forcejee, en suma: que prepare los caminos a las generaciones que vendrán, contentándose con ver desde muy lejos la tierra prometida. Tal es el móvil inspirador de esta campaña. Una vez expuesto no necesito deciros que no vengo a soliviantar las pasiones, ni a provocar un estallido de los rencores latentes, ni a producir un fugaz y pasajero movimiento de protesta. Sí quiero que pase a vuestro corazón una chispa de este convencimiento que arde en el mío con tan viva llama, quiero ayudaros a razonar vuestro descontento, a señalar las causas de él, a desbrozar el camino por donde se va al remedio. Más que una momentánea adhesión, busco y deseo que en vosotros quede un germen, un sedimento, que en vuestra soledad y en vuestro vivir cotidiano iréis elaborando por la reflexión tranquila; si llega a echar raíces y a ser la norma de vuestra conducta, el fruto de esta campaña se habrá conseguido.

Comprenderéis que pensando de este modo mi puesto estaba entre vosotros, cooperando desde el primer día a los fines de esta Casa. Comprenderéis, también, que su fundación me llenase de júbilo, porque la Casa del Pueblo de Alcalá, sin perjuicio y al mismo tiempo de ser una piedra más llevada a un gran edificio nacional y hasta universal, un pequeño arroyo que viene a engrosar una corriente ya poderosísima, puede ser, debe ser, y yo espero que será, en esfera más reducida, un soplo de aire vivo, que rice y purifique las aguas infectas de este pantano que es la vida política alcalaína. Y lo será, porque estas casas son los hogares del progreso, especificado en una de sus más irresistibles tendencias: la que poniendo atención, prestando oídos a las reivindicaciones de las clases bajas, quiere hacer obra de justicia social, difundiendo la cultura y el bienestar por la práctica de la democracia pura, entendiendo por democracia, con Azcárate, no una clase que haya de sobreponerse a las demás ni un procedimiento más o menos violento de llevar a cabo y realizar éstas o las otras ideas, y si esta fuerza nueva, este nuevo principio, este nuevo sentido del derecho y de la vida política, más amplio, más universal, más humano, que ha encarnado en la conciencia de los pueblos después de haber sido madurado en la esfera del pensamiento y que está hoy inspirando a las sociedades modernas. Aquí han de prepararse las luchas políticas y económicas, y esa preparación no puede ser otra que la organización de la victoria.

No basta que cada uno de nosotros, aisladamente, sienta la necesidad de la reforma impulsado por un ideal; no basta, aunque ya es mucho, que cada cual por sí quiera ejercer sus funciones de ciudadano. Es necesaria la cohesión, la unidad del esfuerzo. Nosotros somos como las varas de un haz que, una por una, cualquiera nos romperá, pero si nos atamos y nos ligamos con fuerza, estrechamente, nada ni nadie será bastante fuerte para doblegarnos. A esta verdad, profundamente humana, responden estas instituciones; agrupan, cuentan, auxilian a los hombres, para que tengan quien los anime y quien los vigile, para que nunca se vean solos con sus pequeñas pasiones, con sus cobardías, ni con sus desgracias, ni abandonados al empuje brutal de la codicia ajena, en cualquiera de sus formas. Responden además a este hecho, que cualquiera puede comprobar: que los hombres de poca fibra moral, es decir, la mayoría de los hombres, traicionan con más facilidad a sus ideas, profesadas en secreto, que a sus compañeros y correligionarios cuando públicamente se les ha proclamado tales.

Todo esto, que constituye a grandes rasgos y sin descender a menudencias, la orientación y el significado de una casa del pueblo, debemos proponernos. Fuerza es decir que ya es hora de que nos lo propongamos.

Parece que estamos en un momento crítico de la historia. Diríase que la civilización en su marcha va a cerrar uno de los grandes ciclos en que se desenvuelve y a abrir otro nuevo; que hemos llegado a la plenitud de los tiempos. En el mundo civilizado todo está en cuestión, todo está en crisis; los dogmas religiosos, estudiados como otros tantos fenómenos históricos, se desmenuzan, se aclaran y se explican a la luz de las más recientes investigaciones de la filología y la psicología; la organización económica, en todos sus aspectos, es condenada en nombre de un principio de justicia más alto, que no puede sancionar la aspereza y brutalidad del régimen capitalista; las instituciones políticas, no ya en sus formas históricas, monárquicas y republicanas, sino en su esencia misma, en su principio democrático inspirador de cuya eficacia se duda, son llamadas a juicio; como lo son, igualmente, la moral tradicional, y la ciencia, y hasta las puras y desinteresadas especulaciones de la filosofía, obligadas todas a mostrar los títulos que tengan al respeto y al acatamiento de la conciencia humana.

La razón es incansable en su obra y, puesta a examinarlo todo, se pregunta a sí misma cuál es la validez de sus afirmaciones, y hay muchos que desconocen y niegan la razón en nombre de ella misma. En esta fiebre, en esta zozobra universal, en medio de la que busca la humanidad un rumbo nuevo, quedan indestructibles dos hechos, de índole diversa, que han de servir de instrumento el uno y de orientación el otro, a saber: las conquistas positivas, visibles y palpables del progreso material que prometen otras infinitamente mayores, y esa fermentación, ese clamor que sube desde lo más hondo de las sociedades, donde una humanidad misérrima, dolorida, expuesta a todas las intemperies, que come su pan amasado con odio, pide con voz que ya es terrible, una urgente y decisiva mejora en su condición. Los efectos de este mal son visibles donde quiera; en el más espléndido cuadro hallaréis una sombra imborrable. Fijaos en un solo ejemplo: en Londres, capital del más poderoso imperio que ha existido sobre la tierra, dueño de riquezas incalculables, de una industria perfectísima, cifra y compendio de una civilización prodigiosa servida por ciudadanos entusiastas y por gobernantes sabios y muy capaces, en Londres, digo, una masa de millares y millares de hombres sin trabajo pasea su hambre por las calles o se muere bajo los puentes del río o en sus antros inmundos, sin que a este enjambre de desdichados, la mayor parte alcohólicos, inútiles para toda obra de provecho, pueda decírseles más que estas palabras: no hay solución. En el estado de crisis que os he descrito antes, cuando todo se discute, ¿en nombre de qué principio, con qué autoridad respetable vamos a decir a esos infelices que se aguanten? Otro ejemplo: Francia ve disminuir su natalidad, y con su natalidad todas las esperanzas del mañana, porque los matrimonios franceses esquivan, a costa de todas las inmoralidades, imponerse el sacrificio de criar, educar y mantener a muchos hijos. Repito mi pregunta, ¿quién, cómo y en nombre de qué, va a corregir eso? Quiere esto decir que llevamos en nosotros mismos abierta una llaga, pero como hay que seguir viviendo, como las esencias de la civilización es preciso salvarlas a toda costa, imaginad qué infinita prudencia, qué tacto, qué disciplina, qué abnegación no serán precisas en el que gobierna y en los gobernados, para que el mundo continúe su marcha progresiva, para que no gastemos las fuerzas en luchas estériles y no nos devoremos unos a otros como fieras salvajes.

Estos problemas, ya de por sí graves, se complican de un modo particular cuando se estudian con referencia a España, como cualquier enfermedad es mucho más alarmante si se ceba en un organismo mal constituido que si ataca a un individuo normal y sano. España, con anterioridad a esos otros males a que antes aludía, padece: en lo económico, anemia secular, producida por falta de explotación de sus recursos naturales, por la mala gerencia de los que explota, por la codicia ininteligente de su régimen fiscal, fundado en el aplastamiento del más débil, y que se refleja en la pobreza de todos y en la sangría irrestañable de la emigración, fenómeno sencillísimo: donde no se cuece pan más que para uno, es imposible que coman tres y que los tres queden hartos, porque el milagro de los panes y los peces, que sepamos, no ha vuelto a repetirse.

En lo moral padecemos un absoluto y universal desconocimiento de los deberes de cada uno para con sí mismo y los demás, lo cual origina la rapacidad egoísta en los de arriba, la abyección infrahumana de los de abajo, la depresión de ánimo consiguiente a todo ser, hombre o pueblo, absolutamente desorientado y que no sabe lo que quiere ni lo que le conviene.

Y, por último, como causa y efecto a un mismo tiempo, expresión la más humillante de nuestro estado, una ignorancia e incultura espesísimas, que alcanza a todos, que se refleja en las conversaciones, en los modales, en los libros, en los periódicos, en los discursos y hasta en los juegos y distracciones, y que a veces se delata en hechos de una fuerza brutal, que parecen del siglo x: no hace muchos días han denunciado los periódicos que en Andalucía hay un pueblo de 400 habitantes, donde nadie, absolutamente nadie, desde el alcalde hasta el enterrador, sabe leer ni escribir.

No hay que esforzarse en demostrar qué fenómenos tan extraños ocurrirán cuando en un pueblo así constituido, que padece estos males —sobre los que luego volveré— se inyectan los virus peligrosísimos de que antes hablaba y que lleva anejos la orientación moderna de las ideas. Los más graves trastornos son de temer. Así ocurre, por ejemplo, que España, país sin industria, que apenas comienza a vencer los obstáculos que se oponen a su desarrollo normal y próspero, es de las naciones en que proporcionalmente se registran más huelgas, donde adquieren mayor violencia los conflictos entre el capital y el trabajo, eso que apenas hay trabajo ni capital empleado en la grande industria; así ocurre que en España, donde la masa general de los agricultores vive pereciendo y empieza ahora a enterarse de que hay medios científicos de labrar la tierra, el problema agrario, aunque no se ha formulado todavía de un modo serio, deja sentir sus efectos con la misma violencia que en cualquier país en que el desnivel entre colonos o cultivadores y propietarios sea más grande; y en otro orden de ideas, ocurre que cuando aún no hemos concluido de organizar ni de crear la patria ya hay quien la niega, y cuando no hemos conocido todavía el mecanismo de una democracia abominamos de ella y como es la recién venida a nuestra casa, sobre ella echamos la culpa de nuestro malestar y poca ventura.

De suerte que el problema de España es doble. Por una parte tenemos ante nosotros todas las cuestiones de índole moral, intelectual y económica surgidas de la urdimbre de nuestra historia y que recibimos como un arrastre de cuentas pasadas; por otra hemos de afrontar las dificultades que los hechos económicos, morales e intelectuales característicos de la edad contemporánea han de suscitar al plantearse entre nosotros. De la fusión y compenetración de ambos elementos o causas de conflicto surge el problema español, peculiar, especialísimo, único. Este problema se formula en pocas palabras de este modo: ¿podrá España incorporarse a la corriente general de la civilización europea? ¿Se podrá vivir aquí dentro de esas condiciones? La especialidad consiste en que de ningún otro pueblo europeo se ha hecho pregunta semejante. Y supuesta una contestación afirmativa como es la mía, surge inmediatamente esta cuestión: ¿qué hay que hacer, qué medios habrán de emplearse para que esa transformación se verifique?

Así se plantea el problema para todo aquel que desinteresadamente, desapasionadamente, estudia y observa. Por desgracia son muy pocos los que observan y estudian; los que emprenden esta labor sin interés ni pasión son todavía menos. Así ocurre que cada español siente pesar sobre sí un cúmulo de desgracias inexplicadas, de contrariedades, de obstáculos, cuya verdadera causa desconoce y, puesto a discurrir, cada cual los atribuye a los motivos más diversos, sin que acierte a verlos de una manera clara. ¿Por qué es esto así? Muy sencillo: porque el único medio de que la masa general de la nación adquiera un conocimiento exacto de sus necesidades reales, de los obstáculos que se oponen a su satisfacción y de los medios útiles de removerlos, es una instrucción, una enseñanza bien orientada y firmemente dada desde la escuela hasta la universidad, y en España, la enseñanza no sólo no sirve para eso, sino que es una de las principales causas de desconcierto y confusión. Y lo seguirá siendo mientras continúe montada de este modo, que hace de ella: por su organización, una industria; por su técnica, es decir, por los procedimientos empleados para enseñar, una mutilación del espíritu; por su contenido, es decir, por lo que se enseña, una mistificación, un engaño. El resultado es estafar a la juventud sus días más alegres, sus años mejores, y, además, en la mayoría de los casos, inutilizarla para todo estudio serio en el porvenir.

Que es una industria, lo comprenderéis con sólo fijaros en que el Estado hace artículo de renta, fuente de ingresos lo que en todas partes es la misión más ardua, más delicada y que más respeto infunde a la conciencia de todo hombre honrado de cuantos están confiados a los poderes oficiales. El Estado convierte la instrucción pública en una oficina de expendición, mediante ciertas sumas, de títulos académicos que son patentes de corso para echarse a navegar por las turbias aguas de la administración, y cuando no usa de este monopolio es para entregarlo a manos mercenarias, a espíritus cerriles y mal orientados, y el daño es entonces mucho mayor.

El ambiente que hay para estas cuestiones en España aparece muy claro en este hecho: no hace mucho tiempo, en una capital de provincia se promovió una fuerte protesta y casi un conflicto de orden público, porque algunos catedráticos de su universidad, contra su costumbre, dieron en ser muy rigurosos, con lo cual el número de alumnos disminuía y las casas de huéspedes y los establecimientos de recreo de todas clases que viven de los estudiantes no ganaban dinero por falta de clientes.

Que es una mutilación del espíritu no es menos evidente, porque no se estudia para saber, sino para aprobar, y no se enseña a discurrir ni se procura formar la inteligencia, sino que se obliga a los muchachos a recitar de coro ridículos manuales, llenos de insensateces, lo cual basta para conseguir el ansiado sobresaliente, que llena de satisfacción y orgullo a la familia del estudiante, y que probablemente no es sino un paso más en la carrera de asno perpetuo.

En cuanto a su contenido, que he calificado de mistificación y engaño, vosotros mismos podéis comprobar la verdad de mis afirmaciones. En general, a los muchachos en España no se les enseña nada que pueda ir contra el prejuicio religioso, ni contra determinadas instituciones políticas; para ello no se tienen escrúpulos en faltar descaradamente a la verdad, o en presentar las obras, los trabajos y los descubrimientos de los enemigos —como si en una labor verdaderamente científica pudiera haberlos— villanamente adulterados. Para probarlo basta un solo ejemplo, del cual todos vosotros sois mártires, esto es, testigos. Recordad cómo nos enseñaban en la escuela la historia de España, qué concepto nos hacían formar de nuestro pasado».


Más efemérides del 4 de febrero:

El 4 de febrero de 1534 fallece en Alcalá de Henares el arzobispo de Toledo Alonso de Fonseca, víctima de una larga hidropesía.

El 4 de febrero de 1639 don Francisco de Mendoza cede casa y dinero a la iglesia Magistral.

1 de enero de… 1901

El 1 de enero de 1901, promovido por el Padre Lecanda, Alcalá de Henares celebra la llegada del siglo XX inaugurando «La Cruz del Siglo» en el Campo del Ángel.

En el año 2000 se tenía una duda sobre cuándo sería el cambio de siglo, si el 1 de enero de 2000 o de 2001.

Pero hace un siglo los complutenses lo tenían muy claro, ya que tal día como hoy de 1901 la ciudad de Alcalá de Henares celebró la llegada del siglo XX inaugurando el monumento llamado «La Cruz del Siglo» en el Campo del Ángel.

La idea surgió de la mente prolífica del filipense Padre Lecanda. Pero el dato más emotivo de todos es que la cruz se construyó únicamente mediante suscripción entre la infancia y la juventud alcalaína, aportando pequeños donativos para que esta idea fuese hecha realidad.

El acto de bendición del monumento fue muy sencillo. Empezó con una procesión encabezada por una cruz escoltada por dos portadores de velas, seguidos por estandartes y simpecados de las cofradías complutenses. A los lados, en fila, iban familias enteras y los niños llevaban una banderita con las letras «XX» de diferente color según el centro escolar donde estudiaban y que a su vez habían participado en la colecta.

Al llegar junto al monumento, el padre Lecanda bendijo la Cruz del Siglo, que estaba y está dedicada a Jesús, Rey de los siglos. Después se entonó el canto del Te Deum. Y con ese himno de acción de gracias se terminó esa sencilla y emotiva ceremonia.

Actualmente el monumento está desplazado unas decenas de metros de su ubicación original. Éste estaba entre las tierras de labor al lado del llamado «Pozo de la nieve», pero a mediados del siglo XX se trasladó al lugar actual.

El monumento consta de una cruz construida de piedra arenisca y que está apoyada sobre un pedestal de base cuadrada, hecho de ladrillo, pero reforzado en las aristas con sillares de piedra. En su origen, en la base, en el lado que da a la ciudad, había colocada una placa con una inscripción sacada de la Biblia, de un versículo del libro del profeta Isaías: «Yo protegeré esta ciudad por respeto mío». Y en el lado opuesto, en la cara que da hacia la sierra, otro versículo, esta vez del profeta Jeremías: «Si me escuchareis, será para siempre poblada esta ciudad». Actualmente las frases están grabadas en el travesaño horizontal de la Cruz, pero invertidos los textos con respecto a su orientación.

También, originalmente todo el conjunto estaba rodeado por una barandilla en forma octogonal, actualmente desaparecida.

Dentro del pedestal hay una urna con el acta de la inauguración, un periódico de ese día y, lo más importante, las listas de todos los niños que contribuyeron con su colaboración económica.

Con este monumento, el filipense padre Lecanda y el Ayuntamiento de la ciudad, con la colaboración de los niños y niñas de Alcalá de Henares, conmemoraron la entrada de la humanidad en el siglo XX de la era cristiana.

(Fotografía en blanco y negro, de la colección de José Félix Huerta – Fotografía en color, autor Juan Mª Martínez Casado).


Más efemérides del 1 de enero:

El 1 de enero de 1510 se firma el acta del Claustro del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares en la que se trata de la designación de los días lectivos y festivos para estudiantes.

El 1 de enero de 1888 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares dicta unas normas a seguir en caso de incendio.

El 1 de enero de 1894 don Félix Huerta y Huerta es nombrado alcalde de Alcalá de Henares.

El 1 de enero de 1966 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares cede terrenos en el Campo del Ángel para la edificación de la Universidad.

28 de diciembre de… 1902

El 28 de diciembre de 1902 un rayo destruye la torre suroeste del Palacio Hotel Laredo.

El conocido Palacio Hotel Laredo toma su nombre de su primer propietario y creador, Manuel José de Laredo.

Nació en abril de 1842 en Amurrio, de la provincia de Álava, y siendo muy joven se trasladó a Madrid, donde se formó como artista polifacético, pintor, restaurador, grabador, escenógrafo.

A Alcalá de Henares llegó con 34 años, en 1876, donde elaboró un proyecto de restauración para la Capilla del Oidor de la, en ese momento, Parroquia de Santa María la Mayor.

También en ese año de 1876, desde su taller de la calle Nebrija, proyecto el modelo de la estatua de Miguel de Cervantes, que se inauguró 3 años después, en octubre de 1879.

Y durante 4 años, hasta 1882, trabajó como pintor decorador en las obras de restauración del Salón de Concilios y de algunas de las salas mudéjares del Palacio Arzobispal, que en ese momento ya era Archivo General del Reino.

En los años ochenta se dedicó a la pintura mural y de caballete, pintando, entre otras cosas, los retablos del Beaterio de San Diego, de la antigua Parroquia de Santiago, de la Ermita de San Isidro y del Oratorio de San Felipe Neri. También pintó dos retratos de la reina María Cristina, que se conservan en el Ayuntamiento de Alcalá.

En 1880 compró unos terrenos en las eras de San Isidro, en el camino que iba desde la estación del ferrocarril y el centro de la ciudad. En estos terrenos levantó su famoso edificio, el Palacio Hotel Laredo.

Aunque no era arquitecto, se ocupó de su diseño conceptual y de la ejecución material de los detalles ornamentales.

Las obras del palacio hotel se remataron en solo cuatro años, terminándose en 1884. Inmediatamente entró a vivir en el junto a su mujer, Pilar Sánchez y Gil, y su hija Natalia.

El final de su vida tuvo que solicitar varios préstamos para costear el enriquecimiento de su Palacio, hasta que se arruinó y tuvo que venderlo, por 25.000 pesetas, a don Carlos Eduardo Lardet y Bovet, Cónsul de Suiza.

En 1895 la familia Laredo se trasladó a Madrid, y en junio de 1896 murió Manuel José de Laredo en su domicilio madrileño.

Sobre su Palacio Hotel Laredo, aunque es un dato poco conocido por los alcalaínos, éste tenía dos torres, una al noroeste, que albergaba un reloj, y otra al suroeste.

Y tal día como hoy de 1902, tras una gran tormenta eléctrica, un rayo destruyó la torre suroeste del Palacio Hotel Laredo.

Se tuvo que derribar la base de la torre, que había quedada muy dañada, con peligro para las personas que se acercaban a comprobar los desperfectos del Hotel. El desescombro fue rápido, costeado por su nuevo propietario don Carlos Eduardo Lardet y Bovet.


Más efemérides del 28 de diciembre:

El 28 de diciembre de 1542 el rey Carlos I visita la Universidad de Alcalá acompañado de su hijo Felipe II.

El 28 de diciembre de 1831 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares concede licencia para abrir una Escuela de Primeras Letras a don Feliciano García.

El 28 de diciembre de 1968 el Ministerio del Aire cede al de Educación el aeródromo de Alcalá de Henares para campus universitario, según se lo habían cedido sus propietarios para este fin.

El 28 de diciembre de 1989 se trasladan los Juzgados de Alcalá de Henares al antiguo Colegio de Religiosos Agustinos Calzados de San Agustín.

2 de diciembre de… 1998

El 2 de diciembre de 1998 el casco histórico de la ciudad de Alcalá de Henares y su Universidad son declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A primeros del mes de mayo de 1687 las campanas de la iglesia Magistral, de las demás parroquias y de todos los conventos de Alcalá de Henares repicaron para anunciar a los complutenses que el rey Carlos II le había otorgado el Título de Ciudad.

Los habitantes de la Muy Ilustre Ciudad de Alcalá volvieron a escuchar el mismo repicar de campanas trescientos once años después, ya que tal día como hoy de 1998 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad al casco histórico de la ciudad de Alcalá de Henares y a su Universidad.

La Unesco reconoció a Alcalá de Henares su condición de primera ciudad universitaria planificada como tal que ha existido en el mundo y a su concepción de ciudad que proyectó el ideal humanista a América.

El casco histórico, que se había desarrollado a partir de la Edad Media, conviviendo juntos judíos, musulmanes y cristianos, con la creación de la Universidad motivó una gran expansión artística y cultural durante el Renacimiento y el Siglo de Oro.

El arzobispo de Toledo cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, que a su vez fue dos veces Regente, puso en marcha un estudiado programa humanístico y teológico, creando la Universidad de Alcalá con su Colegio Mayor y sus Colegios Menores, y por lo tanto diseñando y planificando la primera Ciudad Universitaria.

También impulsó la edición de importantes obras religiosas y profanas, siendo el culmen de todas ellas la famosa Biblia Políglota Complutense.

Esta declaración de Alcalá de Henares como Patrimonio de la Humanidad tuvo unos antecedentes, ya que en 1968 la ciudad de Alcalá de Henares había sido declarada Conjunto Histórico Artístico.

Es más, desde 1904 diversos edificios singulares habían sido declarados con sucesivas calificaciones:

  • Como Monumento Nacional: La iglesia Magistral (en 1904) y la Fachada y primera crujía de la antigua Universidad (1914).
  • Como Monumento Arquitectónico-Artístico: La Portada interior del Palacio Arzobispal, con acceso desde el Monasterio de San Bernardo (1922) y el propio Monasterio Cisterciense de San Bernardo (1924).
  • Como Monumento Histórico-Artístico: El Palacio Arzobispal (1931) y la Ermita Universitaria del Cristo de los Doctrinos (1942).

Con posterioridad fueron declarados:

  • Como Monumento Local: El Palacio Hotel Laredo (1975).
  • Como Monumento de Bien de Interés Cultural: La ciudad romana de Complutum (1992) y la Ermita de san Isidro Labrador, hoy templo parroquial (1995).

Y se ha empezado a tramitar los expedientes de declaración:

  • Como Monumento Histórico-Artístico: La Ermita de santa Lucía.
  • Como Bien de Interés Cultural: La zona arqueológica “Ecce Homo” o de la “Vera Cruz” y “Alcalá la Vieja”, y la zona arqueológica “Yacimiento Eneolítico de La Esgaravita, villa romana del Val y necrópolis de los Afligidos”.

Más efemérides del 2 de diciembre:

El 2 de diciembre de 1620 el Claustro de la Universidad acepta el voto de los estudiantes en la propuesta de Cátedras.

28 de noviembre de… 1905

El 28 de noviembre de 1905 se inaugura el Colegio Convento de Religiosas Adoratrices en Alcalá de Henares.

En 1809 nació en Madrid la aristócrata María de la Soledad Micaela Desmoisières López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán, Condesa de la Vega del Pozo, Duquesa de Sevillano, entre otros títulos.

Estos tratamientos eran para ella, aunque muy honrosos, no tanto como el que ella colocara sobre sí, ya que se dedicó toda su vida a fundar casas para necesitados y enfermos, a los que personalmente asistía y confortaba.

Creó la Congregación de Reliosas Adoratrices, Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, tomando ella el nombre de Madre Sacramento.

En 1862 la ciudadanía de Alcalá de Henares solicitó la presencia de la Madre Sacramento para ofrecerla una casa como residencia de sus Hijas, en la finca que se llamaba de San Juan de Dios. El problema fue que sus dueños fijaron el precio de la casa en 100.000 reales y las religiosas no pudieron reunir tal cantidad de dinero.

Tres años después, en 1865 falleció la Madre Sacramento con el disgusto de no poder haber fundado la casa de Alcalá.

Cuarenta años después de su fallecimiento, en 1905, el Padre Adolfo de Bárcenas, filipense del Oratorio de Alcalá de Henares, consiguió de la Generala de la Congregación de Religiosas Adoratrices la fundación de un nuevo colegio en unas casas de doña Soledad Armento y Campuzano, que tenía en el Paseo de la Estación. En estas casas ya existía un colegio para niños pobres.

Y tras la construcción del nuevo edificio, tal día como hoy de 1905 se inauguró el Colegio Convento de Religiosas Adoratrices en Alcalá de Henares.

El edificio tiene una fachada de ladrillo de estilo neogótico ligeramente retranqueada. Tras él hay un amplio zaguán que originalmente sirvió de templo del colegio, hasta que se construyó el actual.

La iglesia es de estilo ecléctico con influencia modernista, de planta de salón, decorada con catorce grandes cuadros que representan el Vía Crucis, obra del pintor Francesc Vayreda i Casabò, de principios del siglo XX, y un lienzo de Santo Tomás de Villanueva, del siglo XVII.

Esta iglesia se salvó de su destrucción en la Guerra Civil. Durante la contienda, el convento se convirtió en Hospital de Sangre y el templo en comedor. Y curiosamente las pinturas fueron conservadas por la acción del director del Hospital, ya que puso un cartel que decía:

«Camaradas. Aunque arte religioso, este edificio es una magnífica muestra del arte español y merece ser preservado».

Desgraciadamente no se conoce el nombre de este Director que consiguió que no se perdiera la belleza de este templo.


Más efemérides del 28 de noviembre:

El 28 de noviembre de 1657 se organiza un gran certamen poético en la Universidad de Alcalá con motivo del nacimiento del príncipe Felipe Próspero.

El 28 de noviembre de 1777 el rey Carlos III firma una Real Orden para que se cubran los puestos vacantes de la administración municipal de Alcalá de Henares.

12 de noviembre de… 1937

El 12 de noviembre de 1937 Manuel Azaña visita por última vez Alcalá de Henares, de la que ha quedado un magnífico reportaje fotográfico y una narración propia.

Como ya comenté en otro efeméride (ver 3 de noviembre), en mayo de 1936 el alcalaíno Manuel Azaña Díaz fue nombrado Presidente de la República, y lo fue durante toda la Guerra Civil hasta febrero de 1939 que dimitió.

Hay que saber que Alcalá de Henares, durante la Guerra Civil fue “zona republicana”. Y tal día como hoy de 1937 Manuel Azaña visitó por última vez su ciudad natal Alcalá de Henares.

Cuatro días después de la visita, estando ya en Valencia, escribió en su cuaderno de memorias sus impresiones de la visita a su Alcalá.

En esta visita estuvo acompañado por Juan Negrín, Jefe del Gobierno, por Indalecio Prieto, Ministro de Defensa y por el general Miaja, entre otras autoridades.

Llegaron desde Madrid y aparcaron los coches en la Puerta de Madrid. Ya andando, al pasar por la plaza de los Santos Niños, según cuenta el propio Azaña, vieron las ruinas de la iglesia Magistral y comentó que era una obra muy buena.

Ahora quiero hacer un alto a la narración de esta visita para hacer una pequeña puntualización. Como se sabe, porque está documentado, la iglesia Magistral fue saqueada y quemada por un grupo de milicianos que vinieron de Madrid el día 21 de julio de 1936. Pero mucha gente cree y afirma que fue un ataque de bombas aéreas nacionales. Este error viene justamente de la narración que hizo Manuel Azaña sobre esta visita a Alcalá, ya que textualmente escribió:

«Las puertas de San Justo, de par en par, dejan ver, vacío, el sitio que ocupaba el sepulcro de Cisneros. Era una obra muy buena. La aviación de los rebeldes la ha destruido y gran parte de la iglesia».

Manuel Azaña murió pensando que el ataque a la iglesia Magistral fue por obra de los nacionales, en vez de los milicianos republicanos.

Siguiendo con la narración de la visita de Azaña a Alcalá, andando, como ya hemos dicho, recorrieron toda la calle Mayor hasta llegar a la plaza de Cervantes.

Allí estaban en formación siete mil quinientos soldados, según le informó el militar Valentín González, apodado como “El Campesino”.

Pasaron revista a las tropas y, al llegar a la altura de las ruinas de la Parroquia de Santa María, se fijó en ella y escribió en sus memorias una anécdota sobre su abuelo:

«En el otro extremo de la plaza me detengo unos segundos, para darme cuenta del destrozo de Santa María. Los bombardeos han convertido en solas la antigua capilla “del oidor”, que estaba en un ángulo de la iglesia, un poco fuera de su planta general. La iglesia misma parece estropeada. Veo muros almenados. Creo que no tiene techumbre. Pero la insignificante y fea torre está intacta. Santa María es una iglesia muy buena, pero sin acabar. Debió de faltar dinero para una obra tan importante, y la cerraron de cualquier manera. El cerramiento y la torre, pobrísimos, descendían de la gran traza de la iglesia. Allí guardaban la partida de bautismo de Cervantes. Los fundadores de la iglesia –un matrimonio cuyo nombre no recuerdo- tenían un túmulo, con dos estatuas yacentes. Hace muchos años, no sé qué párroco, con motivo de unas obras, levantó dos bultos y los colocó adosados a un muro, en posición erecta, de modo que los, almohadones en que reposaban las cabezas vinieron a parecer maletas que gravitaban sobre los, hombros. Así los he conocido yo siempre. Recuerdo que mi abuelo, en vejez, cuando se arrellanaba en un sillón para dormir la siesta y se hacía colocar una almohada detrás de la cabeza, le decía al sirviente: “Ponme como los fundadores de Santa María”. Quiere decirse que todo el mundo se reía de aquel disparate. Tengo la noción muy imprecisa de que al fin se remedió, en una restauración de la iglesia».

Después, desde un balcón de la calle Libreros, presidieron un desfile militar.
Es curiosa la narración que hizo Azaña sobre lo que vio desde el balcón, que parece que está más atento a la gente que a las tropas:

« Después de la revista, desfile, que presenciamos desde un balcón de la calle Libreros. Entre el gentío, descubro algunas caras conocidas, ya bajo la máscara de la vejez, que me sonríen y a las que me es imposible darles un nombre. En un balcón frontero se agolpa una familia. Al fondo por encima de las cabezas de la gente menuda, una señora grave no me quita ojo. Creerá que está viendo al monstruo, a quien seguramente conoció de pequeño».

Al acabar el desfile hicieron una rápida visita al Ayuntamiento de la ciudad y en las puertas les esperaban los coches, que nuevamente les llevó a Madrid.
Y terminó el relato de la visita escribiendo:

«El público se arremolina, vocifera, nos corta el paso. Mujeres del pueblo suben al estribo del coche, golpean los cristales. Y una, muy dramática, llorosa, se desgañita: “Le he llevado en mis brazos… Sí… En la calle de la Imagen… Le he llevado en brazos…”. ¡Pobre! Mucho tiempo ha pasado».

Toda esta información la he sacado de las memorias de Azaña y como una opinión muy personal mía, he de decir que parece que el alcalaíno Manuel Azaña estaba más atento a los edificios de su ciudad y a sus paisanos que a los propios militares.