4 de febrero de… 1911

El 4 de febrero de 1911 Manuel Azaña pronuncia un discurso titulado «El Problema Español», como acto inaugural de la «Casa del Pueblo» situada en la calle Escritorios nº 9 de Alcalá de Henares.

Sin querer entrar en política, solo en un hecho histórico de nuestra ciudad, recordamos que tal día como hoy de 1911 el joven de 30 años Manuel Azaña pronunció un discurso titulado «El Problema Español», como acto inaugural de la «Casa del Pueblo», situada en la calle Escritorios nº 9 de Alcalá de Henares.

Sin más comentarios, el texto del discurso, aunque es algo largo, fue éste:

«Me propongo, cediendo a vuestra cariñosa invitación, hablaros en esta y en sucesivas conferencias de unos cuantos temas que, a mi juicio, os deben interesar. De esta manera, al mismo tiempo que organizo y expongo en forma polémica mis ideas, contribuyo en la medida de mis fuerzas a la prosperidad de esta Casa, que ahora comienza a vivir. Siempre os agradeceré que me hayáis proporcionado esa doble satisfacción moral.

Pertenezco a una generación que está llegando ahora a la vida pública, que ha visto los males de la patria y ha sentido al verlos tanta vergüenza como indignación, porque las desdichas de España, más que para lamentarlas o execrarlas, son para que nos avergoncemos de ellas como de una degradación que no admite disculpa. Yo recuerdo los tiempos en que nos hacíamos hombres, cuando comenzaban a llegar a nuestros oídos los primeros ecos de la vida nacional, y recuerdo, como recordaréis todos, que sólo percibíamos palabras infames: derrota, venalidad, corrupción, inmoralidad…

Y era lo más triste que el pueblo parecía conforme con este oprobio y se revolcaba satisfecho en un cenegal sin creer en sí mismo, ni en sus hombres, ni en su destino histórico; sólo creyó en su miseria; recreándose en ella lo negó todo: la justicia y el derecho cuando vio impunes los crímenes de lesa patria; la libertad porque la sombra de ella consignada en las leyes no le impidió la caída y suspiró por un amo que le hiciera marchar a latigazos ya que él no era capaz de andar solo; negó también la historia —una historia ficticia, inventada por el fanatismo para nutrir la superstición— y, por último, se negó a sí mismo, rehusándose el derecho a vivir, y temió o esperó, no se sabe, una injerencia extranjera o una repartición.

De todas las numerosas y antiguas causas que produjeron en la nación española este estado moral, nosotros, los hombres de mi generación, somos absolutamente irresponsables. Nos horroriza el pasado, nos avergüenza el presente; no queremos ni podemos perder la esperanza en el porvenir, y, con toda la energía y toda la razón del que por culpas ajenas se ve envuelto en desgracias no merecidas, hemos alzado la voz de nuestra protesta y trabajamos porque el mal no se perpetúe. Comprenderéis perfectamente que sólo por este medio conservaremos nuestro derecho a la crítica; no podremos erigirnos en jueces si nos hacemos culpables de las mismas faltas que tratamos de condenar. De ahí nuestro propósito y el empeño vivo de esta noche, de correr en misión la tierra española queriendo persuadir a nuestros conciudadanos de que hay una patria que redimir y rehacer por la cultura, por la justicia y por la libertad.

Por la cultura he dicho y si lo meditáis bien comprenderéis que lo he dicho todo. Porque el milagro realizado en aquellos españoles que han logrado disipar las espesas tinieblas que al espíritu nacional envuelven desde hace siglos, queremos que se extienda en sus efectos y vivifique a todas las masas del pueblo. Lo queremos por necesidad íntima y cordial de nuestra alma, lo queremos por la salud de la patria. Ya es tiempo de que la nación española deje de ser un pueblo ignorante y aborregado, que no sabe de sí absolutamente nada, ni de sus cualidades ni de sus defectos, ni de lo que le debe la civilización universal ni de las deudas que a su vez tenga para con la civilización misma. Es preciso reconstruir la conciencia nacional para que el solar patrio deje de ser un campo de desolación sobre el que de vez en cuando se levanta un alma grande a llorar los desengaños y las desventuras y a profetizar otras mayores: unas veces con la desconsolada burla de Cervantes, en cuyo libro palpita un pueblo que se ha sentado al borde del camino de la historia, renunciando a su destino; otras con la desgarrada procacidad de Quevedo; que, en tiempos más próximos, halla su expresión en la amarga protesta de Fígaro y en nuestros días suena en los discursos y en los escritos de Joaquín Costa con los acentos de una maldición.

Este espectáculo, ya secular, de un pueblo inerme, que fluctúa entre deseos que no sabe expresar, a merced de corrientes espirituales que le envuelven y que desconoce, sintiendo dentro de sí energías que se disipan por falta de empleo, es preciso que concluya. Es preciso que el pueblo español tenga, como Saulo, su camino de Damasco; que se horrorice de su lepra, que llore lágrimas de sangre por un ideal de vida que, de momento, no podrá alcanzar, que luche y forcejee, en suma: que prepare los caminos a las generaciones que vendrán, contentándose con ver desde muy lejos la tierra prometida. Tal es el móvil inspirador de esta campaña. Una vez expuesto no necesito deciros que no vengo a soliviantar las pasiones, ni a provocar un estallido de los rencores latentes, ni a producir un fugaz y pasajero movimiento de protesta. Sí quiero que pase a vuestro corazón una chispa de este convencimiento que arde en el mío con tan viva llama, quiero ayudaros a razonar vuestro descontento, a señalar las causas de él, a desbrozar el camino por donde se va al remedio. Más que una momentánea adhesión, busco y deseo que en vosotros quede un germen, un sedimento, que en vuestra soledad y en vuestro vivir cotidiano iréis elaborando por la reflexión tranquila; si llega a echar raíces y a ser la norma de vuestra conducta, el fruto de esta campaña se habrá conseguido.

Comprenderéis que pensando de este modo mi puesto estaba entre vosotros, cooperando desde el primer día a los fines de esta Casa. Comprenderéis, también, que su fundación me llenase de júbilo, porque la Casa del Pueblo de Alcalá, sin perjuicio y al mismo tiempo de ser una piedra más llevada a un gran edificio nacional y hasta universal, un pequeño arroyo que viene a engrosar una corriente ya poderosísima, puede ser, debe ser, y yo espero que será, en esfera más reducida, un soplo de aire vivo, que rice y purifique las aguas infectas de este pantano que es la vida política alcalaína. Y lo será, porque estas casas son los hogares del progreso, especificado en una de sus más irresistibles tendencias: la que poniendo atención, prestando oídos a las reivindicaciones de las clases bajas, quiere hacer obra de justicia social, difundiendo la cultura y el bienestar por la práctica de la democracia pura, entendiendo por democracia, con Azcárate, no una clase que haya de sobreponerse a las demás ni un procedimiento más o menos violento de llevar a cabo y realizar éstas o las otras ideas, y si esta fuerza nueva, este nuevo principio, este nuevo sentido del derecho y de la vida política, más amplio, más universal, más humano, que ha encarnado en la conciencia de los pueblos después de haber sido madurado en la esfera del pensamiento y que está hoy inspirando a las sociedades modernas. Aquí han de prepararse las luchas políticas y económicas, y esa preparación no puede ser otra que la organización de la victoria.

No basta que cada uno de nosotros, aisladamente, sienta la necesidad de la reforma impulsado por un ideal; no basta, aunque ya es mucho, que cada cual por sí quiera ejercer sus funciones de ciudadano. Es necesaria la cohesión, la unidad del esfuerzo. Nosotros somos como las varas de un haz que, una por una, cualquiera nos romperá, pero si nos atamos y nos ligamos con fuerza, estrechamente, nada ni nadie será bastante fuerte para doblegarnos. A esta verdad, profundamente humana, responden estas instituciones; agrupan, cuentan, auxilian a los hombres, para que tengan quien los anime y quien los vigile, para que nunca se vean solos con sus pequeñas pasiones, con sus cobardías, ni con sus desgracias, ni abandonados al empuje brutal de la codicia ajena, en cualquiera de sus formas. Responden además a este hecho, que cualquiera puede comprobar: que los hombres de poca fibra moral, es decir, la mayoría de los hombres, traicionan con más facilidad a sus ideas, profesadas en secreto, que a sus compañeros y correligionarios cuando públicamente se les ha proclamado tales.

Todo esto, que constituye a grandes rasgos y sin descender a menudencias, la orientación y el significado de una casa del pueblo, debemos proponernos. Fuerza es decir que ya es hora de que nos lo propongamos.

Parece que estamos en un momento crítico de la historia. Diríase que la civilización en su marcha va a cerrar uno de los grandes ciclos en que se desenvuelve y a abrir otro nuevo; que hemos llegado a la plenitud de los tiempos. En el mundo civilizado todo está en cuestión, todo está en crisis; los dogmas religiosos, estudiados como otros tantos fenómenos históricos, se desmenuzan, se aclaran y se explican a la luz de las más recientes investigaciones de la filología y la psicología; la organización económica, en todos sus aspectos, es condenada en nombre de un principio de justicia más alto, que no puede sancionar la aspereza y brutalidad del régimen capitalista; las instituciones políticas, no ya en sus formas históricas, monárquicas y republicanas, sino en su esencia misma, en su principio democrático inspirador de cuya eficacia se duda, son llamadas a juicio; como lo son, igualmente, la moral tradicional, y la ciencia, y hasta las puras y desinteresadas especulaciones de la filosofía, obligadas todas a mostrar los títulos que tengan al respeto y al acatamiento de la conciencia humana.

La razón es incansable en su obra y, puesta a examinarlo todo, se pregunta a sí misma cuál es la validez de sus afirmaciones, y hay muchos que desconocen y niegan la razón en nombre de ella misma. En esta fiebre, en esta zozobra universal, en medio de la que busca la humanidad un rumbo nuevo, quedan indestructibles dos hechos, de índole diversa, que han de servir de instrumento el uno y de orientación el otro, a saber: las conquistas positivas, visibles y palpables del progreso material que prometen otras infinitamente mayores, y esa fermentación, ese clamor que sube desde lo más hondo de las sociedades, donde una humanidad misérrima, dolorida, expuesta a todas las intemperies, que come su pan amasado con odio, pide con voz que ya es terrible, una urgente y decisiva mejora en su condición. Los efectos de este mal son visibles donde quiera; en el más espléndido cuadro hallaréis una sombra imborrable. Fijaos en un solo ejemplo: en Londres, capital del más poderoso imperio que ha existido sobre la tierra, dueño de riquezas incalculables, de una industria perfectísima, cifra y compendio de una civilización prodigiosa servida por ciudadanos entusiastas y por gobernantes sabios y muy capaces, en Londres, digo, una masa de millares y millares de hombres sin trabajo pasea su hambre por las calles o se muere bajo los puentes del río o en sus antros inmundos, sin que a este enjambre de desdichados, la mayor parte alcohólicos, inútiles para toda obra de provecho, pueda decírseles más que estas palabras: no hay solución. En el estado de crisis que os he descrito antes, cuando todo se discute, ¿en nombre de qué principio, con qué autoridad respetable vamos a decir a esos infelices que se aguanten? Otro ejemplo: Francia ve disminuir su natalidad, y con su natalidad todas las esperanzas del mañana, porque los matrimonios franceses esquivan, a costa de todas las inmoralidades, imponerse el sacrificio de criar, educar y mantener a muchos hijos. Repito mi pregunta, ¿quién, cómo y en nombre de qué, va a corregir eso? Quiere esto decir que llevamos en nosotros mismos abierta una llaga, pero como hay que seguir viviendo, como las esencias de la civilización es preciso salvarlas a toda costa, imaginad qué infinita prudencia, qué tacto, qué disciplina, qué abnegación no serán precisas en el que gobierna y en los gobernados, para que el mundo continúe su marcha progresiva, para que no gastemos las fuerzas en luchas estériles y no nos devoremos unos a otros como fieras salvajes.

Estos problemas, ya de por sí graves, se complican de un modo particular cuando se estudian con referencia a España, como cualquier enfermedad es mucho más alarmante si se ceba en un organismo mal constituido que si ataca a un individuo normal y sano. España, con anterioridad a esos otros males a que antes aludía, padece: en lo económico, anemia secular, producida por falta de explotación de sus recursos naturales, por la mala gerencia de los que explota, por la codicia ininteligente de su régimen fiscal, fundado en el aplastamiento del más débil, y que se refleja en la pobreza de todos y en la sangría irrestañable de la emigración, fenómeno sencillísimo: donde no se cuece pan más que para uno, es imposible que coman tres y que los tres queden hartos, porque el milagro de los panes y los peces, que sepamos, no ha vuelto a repetirse.

En lo moral padecemos un absoluto y universal desconocimiento de los deberes de cada uno para con sí mismo y los demás, lo cual origina la rapacidad egoísta en los de arriba, la abyección infrahumana de los de abajo, la depresión de ánimo consiguiente a todo ser, hombre o pueblo, absolutamente desorientado y que no sabe lo que quiere ni lo que le conviene.

Y, por último, como causa y efecto a un mismo tiempo, expresión la más humillante de nuestro estado, una ignorancia e incultura espesísimas, que alcanza a todos, que se refleja en las conversaciones, en los modales, en los libros, en los periódicos, en los discursos y hasta en los juegos y distracciones, y que a veces se delata en hechos de una fuerza brutal, que parecen del siglo x: no hace muchos días han denunciado los periódicos que en Andalucía hay un pueblo de 400 habitantes, donde nadie, absolutamente nadie, desde el alcalde hasta el enterrador, sabe leer ni escribir.

No hay que esforzarse en demostrar qué fenómenos tan extraños ocurrirán cuando en un pueblo así constituido, que padece estos males —sobre los que luego volveré— se inyectan los virus peligrosísimos de que antes hablaba y que lleva anejos la orientación moderna de las ideas. Los más graves trastornos son de temer. Así ocurre, por ejemplo, que España, país sin industria, que apenas comienza a vencer los obstáculos que se oponen a su desarrollo normal y próspero, es de las naciones en que proporcionalmente se registran más huelgas, donde adquieren mayor violencia los conflictos entre el capital y el trabajo, eso que apenas hay trabajo ni capital empleado en la grande industria; así ocurre que en España, donde la masa general de los agricultores vive pereciendo y empieza ahora a enterarse de que hay medios científicos de labrar la tierra, el problema agrario, aunque no se ha formulado todavía de un modo serio, deja sentir sus efectos con la misma violencia que en cualquier país en que el desnivel entre colonos o cultivadores y propietarios sea más grande; y en otro orden de ideas, ocurre que cuando aún no hemos concluido de organizar ni de crear la patria ya hay quien la niega, y cuando no hemos conocido todavía el mecanismo de una democracia abominamos de ella y como es la recién venida a nuestra casa, sobre ella echamos la culpa de nuestro malestar y poca ventura.

De suerte que el problema de España es doble. Por una parte tenemos ante nosotros todas las cuestiones de índole moral, intelectual y económica surgidas de la urdimbre de nuestra historia y que recibimos como un arrastre de cuentas pasadas; por otra hemos de afrontar las dificultades que los hechos económicos, morales e intelectuales característicos de la edad contemporánea han de suscitar al plantearse entre nosotros. De la fusión y compenetración de ambos elementos o causas de conflicto surge el problema español, peculiar, especialísimo, único. Este problema se formula en pocas palabras de este modo: ¿podrá España incorporarse a la corriente general de la civilización europea? ¿Se podrá vivir aquí dentro de esas condiciones? La especialidad consiste en que de ningún otro pueblo europeo se ha hecho pregunta semejante. Y supuesta una contestación afirmativa como es la mía, surge inmediatamente esta cuestión: ¿qué hay que hacer, qué medios habrán de emplearse para que esa transformación se verifique?

Así se plantea el problema para todo aquel que desinteresadamente, desapasionadamente, estudia y observa. Por desgracia son muy pocos los que observan y estudian; los que emprenden esta labor sin interés ni pasión son todavía menos. Así ocurre que cada español siente pesar sobre sí un cúmulo de desgracias inexplicadas, de contrariedades, de obstáculos, cuya verdadera causa desconoce y, puesto a discurrir, cada cual los atribuye a los motivos más diversos, sin que acierte a verlos de una manera clara. ¿Por qué es esto así? Muy sencillo: porque el único medio de que la masa general de la nación adquiera un conocimiento exacto de sus necesidades reales, de los obstáculos que se oponen a su satisfacción y de los medios útiles de removerlos, es una instrucción, una enseñanza bien orientada y firmemente dada desde la escuela hasta la universidad, y en España, la enseñanza no sólo no sirve para eso, sino que es una de las principales causas de desconcierto y confusión. Y lo seguirá siendo mientras continúe montada de este modo, que hace de ella: por su organización, una industria; por su técnica, es decir, por los procedimientos empleados para enseñar, una mutilación del espíritu; por su contenido, es decir, por lo que se enseña, una mistificación, un engaño. El resultado es estafar a la juventud sus días más alegres, sus años mejores, y, además, en la mayoría de los casos, inutilizarla para todo estudio serio en el porvenir.

Que es una industria, lo comprenderéis con sólo fijaros en que el Estado hace artículo de renta, fuente de ingresos lo que en todas partes es la misión más ardua, más delicada y que más respeto infunde a la conciencia de todo hombre honrado de cuantos están confiados a los poderes oficiales. El Estado convierte la instrucción pública en una oficina de expendición, mediante ciertas sumas, de títulos académicos que son patentes de corso para echarse a navegar por las turbias aguas de la administración, y cuando no usa de este monopolio es para entregarlo a manos mercenarias, a espíritus cerriles y mal orientados, y el daño es entonces mucho mayor.

El ambiente que hay para estas cuestiones en España aparece muy claro en este hecho: no hace mucho tiempo, en una capital de provincia se promovió una fuerte protesta y casi un conflicto de orden público, porque algunos catedráticos de su universidad, contra su costumbre, dieron en ser muy rigurosos, con lo cual el número de alumnos disminuía y las casas de huéspedes y los establecimientos de recreo de todas clases que viven de los estudiantes no ganaban dinero por falta de clientes.

Que es una mutilación del espíritu no es menos evidente, porque no se estudia para saber, sino para aprobar, y no se enseña a discurrir ni se procura formar la inteligencia, sino que se obliga a los muchachos a recitar de coro ridículos manuales, llenos de insensateces, lo cual basta para conseguir el ansiado sobresaliente, que llena de satisfacción y orgullo a la familia del estudiante, y que probablemente no es sino un paso más en la carrera de asno perpetuo.

En cuanto a su contenido, que he calificado de mistificación y engaño, vosotros mismos podéis comprobar la verdad de mis afirmaciones. En general, a los muchachos en España no se les enseña nada que pueda ir contra el prejuicio religioso, ni contra determinadas instituciones políticas; para ello no se tienen escrúpulos en faltar descaradamente a la verdad, o en presentar las obras, los trabajos y los descubrimientos de los enemigos —como si en una labor verdaderamente científica pudiera haberlos— villanamente adulterados. Para probarlo basta un solo ejemplo, del cual todos vosotros sois mártires, esto es, testigos. Recordad cómo nos enseñaban en la escuela la historia de España, qué concepto nos hacían formar de nuestro pasado».


Más efemérides del 4 de febrero:

El 4 de febrero de 1534 fallece en Alcalá de Henares el arzobispo de Toledo Alonso de Fonseca, víctima de una larga hidropesía.

El 4 de febrero de 1639 don Francisco de Mendoza cede casa y dinero a la iglesia Magistral.

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1 de enero de… 1901

El 1 de enero de 1901, promovido por el Padre Lecanda, Alcalá de Henares celebra la llegada del siglo XX inaugurando «La Cruz del Siglo» en el Campo del Ángel.

En el año 2000 se tenía una duda sobre cuándo sería el cambio de siglo, si el 1 de enero de 2000 o de 2001.

Pero hace un siglo los complutenses lo tenían muy claro, ya que tal día como hoy de 1901 la ciudad de Alcalá de Henares celebró la llegada del siglo XX inaugurando el monumento llamado «La Cruz del Siglo» en el Campo del Ángel.

La idea surgió de la mente prolífica del filipense Padre Lecanda. Pero el dato más emotivo de todos es que la cruz se construyó únicamente mediante suscripción entre la infancia y la juventud alcalaína, aportando pequeños donativos para que esta idea fuese hecha realidad.

El acto de bendición del monumento fue muy sencillo. Empezó con una procesión encabezada por una cruz escoltada por dos portadores de velas, seguidos por estandartes y simpecados de las cofradías complutenses. A los lados, en fila, iban familias enteras y los niños llevaban una banderita con las letras «XX» de diferente color según el centro escolar donde estudiaban y que a su vez habían participado en la colecta.

Al llegar junto al monumento, el padre Lecanda bendijo la Cruz del Siglo, que estaba y está dedicada a Jesús, Rey de los siglos. Después se entonó el canto del Te Deum. Y con ese himno de acción de gracias se terminó esa sencilla y emotiva ceremonia.

Actualmente el monumento está desplazado unas decenas de metros de su ubicación original. Éste estaba entre las tierras de labor al lado del llamado «Pozo de la nieve», pero a mediados del siglo XX se trasladó al lugar actual.

El monumento consta de una cruz construida de piedra arenisca y que está apoyada sobre un pedestal de base cuadrada, hecho de ladrillo, pero reforzado en las aristas con sillares de piedra. En su origen, en la base, en el lado que da a la ciudad, había colocada una placa con una inscripción sacada de la Biblia, de un versículo del libro del profeta Isaías: «Yo protegeré esta ciudad por respeto mío». Y en el lado opuesto, en la cara que da hacia la sierra, otro versículo, esta vez del profeta Jeremías: «Si me escuchareis, será para siempre poblada esta ciudad». Actualmente las frases están grabadas en el travesaño horizontal de la Cruz, pero invertidos los textos con respecto a su orientación.

También, originalmente todo el conjunto estaba rodeado por una barandilla en forma octogonal, actualmente desaparecida.

Dentro del pedestal hay una urna con el acta de la inauguración, un periódico de ese día y, lo más importante, las listas de todos los niños que contribuyeron con su colaboración económica.

Con este monumento, el filipense padre Lecanda y el Ayuntamiento de la ciudad, con la colaboración de los niños y niñas de Alcalá de Henares, conmemoraron la entrada de la humanidad en el siglo XX de la era cristiana.

(Fotografía en blanco y negro, de la colección de José Félix Huerta – Fotografía en color, autor Juan Mª Martínez Casado).


Más efemérides del 1 de enero:

El 1 de enero de 1510 se firma el acta del Claustro del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares en la que se trata de la designación de los días lectivos y festivos para estudiantes.

El 1 de enero de 1888 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares dicta unas normas a seguir en caso de incendio.

El 1 de enero de 1894 don Félix Huerta y Huerta es nombrado alcalde de Alcalá de Henares.

El 1 de enero de 1966 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares cede terrenos en el Campo del Ángel para la edificación de la Universidad.

2 de diciembre de… 1998

El 2 de diciembre de 1998 el casco histórico de la ciudad de Alcalá de Henares y su Universidad son declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A primeros del mes de mayo de 1687 las campanas de la iglesia Magistral, de las demás parroquias y de todos los conventos de Alcalá de Henares repicaron para anunciar a los complutenses que el rey Carlos II le había otorgado el Título de Ciudad.

Los habitantes de la Muy Ilustre Ciudad de Alcalá volvieron a escuchar el mismo repicar de campanas trescientos once años después, ya que tal día como hoy de 1998 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad al casco histórico de la ciudad de Alcalá de Henares y a su Universidad.

La Unesco reconoció a Alcalá de Henares su condición de primera ciudad universitaria planificada como tal que ha existido en el mundo y a su concepción de ciudad que proyectó el ideal humanista a América.

El casco histórico, que se había desarrollado a partir de la Edad Media, conviviendo juntos judíos, musulmanes y cristianos, con la creación de la Universidad motivó una gran expansión artística y cultural durante el Renacimiento y el Siglo de Oro.

El arzobispo de Toledo cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, que a su vez fue dos veces Regente, puso en marcha un estudiado programa humanístico y teológico, creando la Universidad de Alcalá con su Colegio Mayor y sus Colegios Menores, y por lo tanto diseñando y planificando la primera Ciudad Universitaria.

También impulsó la edición de importantes obras religiosas y profanas, siendo el culmen de todas ellas la famosa Biblia Políglota Complutense.

Esta declaración de Alcalá de Henares como Patrimonio de la Humanidad tuvo unos antecedentes, ya que en 1968 la ciudad de Alcalá de Henares había sido declarada Conjunto Histórico Artístico.

Es más, desde 1904 diversos edificios singulares habían sido declarados con sucesivas calificaciones:

  • Como Monumento Nacional: La iglesia Magistral (en 1904) y la Fachada y primera crujía de la antigua Universidad (1914).
  • Como Monumento Arquitectónico-Artístico: La Portada interior del Palacio Arzobispal, con acceso desde el Monasterio de San Bernardo (1922) y el propio Monasterio Cisterciense de San Bernardo (1924).
  • Como Monumento Histórico-Artístico: El Palacio Arzobispal (1931) y la Ermita Universitaria del Cristo de los Doctrinos (1942).

Con posterioridad fueron declarados:

  • Como Monumento Local: El Palacio Hotel Laredo (1975).
  • Como Monumento de Bien de Interés Cultural: La ciudad romana de Complutum (1992) y la Ermita de san Isidro Labrador, hoy templo parroquial (1995).

Y se ha empezado a tramitar los expedientes de declaración:

  • Como Monumento Histórico-Artístico: La Ermita de santa Lucía.
  • Como Bien de Interés Cultural: La zona arqueológica «Ecce Homo» o de la «Vera Cruz» y «Alcalá la Vieja», y la zona arqueológica «Yacimiento Eneolítico de La Esgaravita, villa romana del Val y necrópolis de los Afligidos».

Más efemérides del 2 de diciembre:

El 2 de diciembre de 1620 el Claustro de la Universidad acepta el voto de los estudiantes en la propuesta de Cátedras.

28 de noviembre de… 1905

El 28 de noviembre de 1905 se inaugura el Colegio Convento de Religiosas Adoratrices en Alcalá de Henares.

En 1809 nació en Madrid la aristócrata María de la Soledad Micaela Desmoisières López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán, Condesa de la Vega del Pozo, Duquesa de Sevillano, entre otros títulos.

Estos tratamientos eran para ella, aunque muy honrosos, no tanto como el que ella colocara sobre sí, ya que se dedicó toda su vida a fundar casas para necesitados y enfermos, a los que personalmente asistía y confortaba.

Creó la Congregación de Reliosas Adoratrices, Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, tomando ella el nombre de Madre Sacramento.

En 1862 la ciudadanía de Alcalá de Henares solicitó la presencia de la Madre Sacramento para ofrecerla una casa como residencia de sus Hijas, en la finca que se llamaba de San Juan de Dios. El problema fue que sus dueños fijaron el precio de la casa en 100.000 reales y las religiosas no pudieron reunir tal cantidad de dinero.

Tres años después, en 1865 falleció la Madre Sacramento con el disgusto de no poder haber fundado la casa de Alcalá.

Cuarenta años después de su fallecimiento, en 1905, el Padre Adolfo de Bárcenas, filipense del Oratorio de Alcalá de Henares, consiguió de la Generala de la Congregación de Religiosas Adoratrices la fundación de un nuevo colegio en unas casas de doña Soledad Armento y Campuzano, que tenía en el Paseo de la Estación. En estas casas ya existía un colegio para niños pobres.

Y tras la construcción del nuevo edificio, tal día como hoy de 1905 se inauguró el Colegio Convento de Religiosas Adoratrices en Alcalá de Henares.

El edificio tiene una fachada de ladrillo de estilo neogótico ligeramente retranqueada. Tras él hay un amplio zaguán que originalmente sirvió de templo del colegio, hasta que se construyó el actual.

La iglesia es de estilo ecléctico con influencia modernista, de planta de salón, decorada con catorce grandes cuadros que representan el Vía Crucis, obra del pintor Francesc Vayreda i Casabò, de principios del siglo XX, y un lienzo de Santo Tomás de Villanueva, del siglo XVII.

Esta iglesia se salvó de su destrucción en la Guerra Civil. Durante la contienda, el convento se convirtió en Hospital de Sangre y el templo en comedor. Y curiosamente las pinturas fueron conservadas por la acción del director del Hospital, ya que puso un cartel que decía:

«Camaradas. Aunque arte religioso, este edificio es una magnífica muestra del arte español y merece ser preservado».

Desgraciadamente no se conoce el nombre de este Director que consiguió que no se perdiera la belleza de este templo.


Más efemérides del 28 de noviembre:

El 28 de noviembre de 1657 se organiza un gran certamen poético en la Universidad de Alcalá con motivo del nacimiento del príncipe Felipe Próspero.

El 28 de noviembre de 1777 el rey Carlos III firma una Real Orden para que se cubran los puestos vacantes de la administración municipal de Alcalá de Henares.

12 de noviembre de… 1937

El 12 de noviembre de 1937 Manuel Azaña visita por última vez Alcalá de Henares, de la que ha quedado un magnífico reportaje fotográfico y una narración propia.

Como ya comenté en otro efeméride (ver 3 de noviembre), en mayo de 1936 el alcalaíno Manuel Azaña Díaz fue nombrado Presidente de la República, y lo fue durante toda la Guerra Civil hasta febrero de 1939 que dimitió.

Hay que saber que Alcalá de Henares, durante la Guerra Civil fue «zona republicana». Y tal día como hoy de 1937 Manuel Azaña visitó por última vez su ciudad natal Alcalá de Henares.

Cuatro días después de la visita, estando ya en Valencia, escribió en su cuaderno de memorias sus impresiones de la visita a su Alcalá.

En esta visita estuvo acompañado por Juan Negrín, Jefe del Gobierno, por Indalecio Prieto, Ministro de Defensa y por el general Miaja, entre otras autoridades.

Llegaron desde Madrid y aparcaron los coches en la Puerta de Madrid. Ya andando, al pasar por la plaza de los Santos Niños, según cuenta el propio Azaña, vieron las ruinas de la iglesia Magistral y comentó que era una obra muy buena.

Ahora quiero hacer un alto a la narración de esta visita para hacer una pequeña puntualización. Como se sabe, porque está documentado, la iglesia Magistral fue saqueada y quemada por un grupo de milicianos que vinieron de Madrid el día 21 de julio de 1936. Pero mucha gente cree y afirma que fue un ataque de bombas aéreas nacionales. Este error viene justamente de la narración que hizo Manuel Azaña sobre esta visita a Alcalá, ya que textualmente escribió:

«Las puertas de San Justo, de par en par, dejan ver, vacío, el sitio que ocupaba el sepulcro de Cisneros. Era una obra muy buena. La aviación de los rebeldes la ha destruido y gran parte de la iglesia».

Manuel Azaña murió pensando que el ataque a la iglesia Magistral fue por obra de los nacionales, en vez de los milicianos republicanos.

Siguiendo con la narración de la visita de Azaña a Alcalá, andando, como ya hemos dicho, recorrieron toda la calle Mayor hasta llegar a la plaza de Cervantes.

Allí estaban en formación siete mil quinientos soldados, según le informó el militar Valentín González, apodado como «El Campesino»..

Pasaron revista a las tropas y, al llegar a la altura de las ruinas de la Parroquia de Santa María, se fijó en ella y escribió en sus memorias una anécdota sobre su abuelo:

«En el otro extremo de la plaza me detengo unos segundos, para darme cuenta del destrozo de Santa María. Los bombardeos han convertido en solas la antigua capilla “del oidor”, que estaba en un ángulo de la iglesia, un poco fuera de su planta general. La iglesia misma parece estropeada. Veo muros almenados. Creo que no tiene techumbre. Pero la insignificante y fea torre está intacta. Santa María es una iglesia muy buena, pero sin acabar. Debió de faltar dinero para una obra tan importante, y la cerraron de cualquier manera. El cerramiento y la torre, pobrísimos, descendían de la gran traza de la iglesia. Allí guardaban la partida de bautismo de Cervantes. Los fundadores de la iglesia –un matrimonio cuyo nombre no recuerdo- tenían un túmulo, con dos estatuas yacentes. Hace muchos años, no sé qué párroco, con motivo de unas obras, levantó dos bultos y los colocó adosados a un muro, en posición erecta, de modo que los, almohadones en que reposaban las cabezas vinieron a parecer maletas que gravitaban sobre los, hombros. Así los he conocido yo siempre. Recuerdo que mi abuelo, en vejez, cuando se arrellanaba en un sillón para dormir la siesta y se hacía colocar una almohada detrás de la cabeza, le decía al sirviente: “Ponme como los fundadores de Santa María”. Quiere decirse que todo el mundo se reía de aquel disparate. Tengo la noción muy imprecisa de que al fin se remedió, en una restauración de la iglesia».

Después, desde un balcón de la calle Libreros, presidieron un desfile militar. Es curiosa la narración que hizo Azaña sobre lo que vio desde el balcón, que parece que está más atento a la gente que a las tropas:

« Después de la revista, desfile, que presenciamos desde un balcón de la calle Libreros. Entre el gentío, descubro algunas caras conocidas, ya bajo la máscara de la vejez, que me sonríen y a las que me es imposible darles un nombre. En un balcón frontero se agolpa una familia. Al fondo por encima de las cabezas de la gente menuda, una señora grave no me quita ojo. Creerá que está viendo al monstruo, a quien seguramente conoció de pequeño».

Al acabar el desfile hicieron una rápida visita al Ayuntamiento de la ciudad y en las puertas les esperaban los coches, que nuevamente les llevó a Madrid.
Y terminó el relato de la visita escribiendo:

«El público se arremolina, vocifera, nos corta el paso. Mujeres del pueblo suben al estribo del coche, golpean los cristales. Y una, muy dramática, llorosa, se desgañita: “Le he llevado en mis brazos… Sí… En la calle de la Imagen… Le he llevado en brazos…”. ¡Pobre! Mucho tiempo ha pasado».

Toda esta información la he sacado de las memorias de Azaña y como una opinión muy personal mía, he de decir que parece que el alcalaíno Manuel Azaña estaba más atento a los edificios de su ciudad y a sus paisanos que a los propios militares.

9 de noviembre de… 1990

El 9 de noviembre de 1990 el Colegio de Abogados se traslada al restaurado Colegio Menor de Teólogos de la Madre de Dios.

En marzo de 1513 el cardenal Cisneros firmó la promulgación de las Constituciones de los Colegios Menores de estudiantes pobres del Colegio Mayor de San Ildefonso. Y con la firma ya se consideran fundados.

Uno de estos colegios era el Colegio Menor de Teólogos de la Madre de Dios, que aunque su nombre original da cierta información, no la da del todo correcta, ya que este colegio se creó para dieciocho alumnos de teología… y seis de medicina. En total, contaba con veinticuatro becas.

Fue uno de los colegios más prestigiosos de Alcalá, ya que de él salieron cuarenta obispos y veinte médicos reales.

Y se decía que si se perdían todos los libros de Teología y Filosofía del mundo, los profesores de este colegio serían capaces de escribirlos nuevamente.

Una anécdota acaecida en este colegio fue que dos colegiales estaban asomados a un balcón del colegio cuando uno de ellos dijo:

– Famoso sitio para edificar colegios. En esta calle hemos de fundar dos, cada uno el suyo.

El otro colegial pensó que su compañero soñaba demasiado.

Pero años después, en 1589, el colegial García de Loaysa, que luego sería arzobispo de Toledo, fundó el Colegio Menor de San Clemente Mártir, conocido por el Colegio de los Manchegos, y el otro colegial, Juan Alonso Moscoso, siendo ya obispo de Málaga, fundó en 1601 el Colegio Menor de San Ciriaco y Santa Paula, más conocido por Colegio de Málaga.

También como curiosidad podemos decir que en este Colegio Menor de la Madre de Dios fue donde el licenciado Francisco Murcia de la Llana firmó la Fe de erratas del la primera parte de «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha».

Este colegio desapareció en marzo de 1779 cuando el rey Carlos III fusionó las fundaciones cisnerianas en un único colegio con el nombre de Colegio de la Inmaculada Concepción, independiente del Colegio Mayor de San Ildefonso.

Tras la Desamortización y la compra del edificio y de toda la manzana cisneriana por parte de la Sociedad de Condueños, el edificio fue cuartel de la Guardia Civil hasta el año 1983.

El edificio del colegio estaba situado en la calle Colegios, esquina callejón de Santa María. La fachada se encuentra enmarcada entre dos torreones, siendo una arquitectura típica de los colegios del siglo XVI. Tiene una escalera principal que separa los dos patios. El salón de actos, que está en la planta superior, está cubierto por un techo de madera propio del siglo de la fundación.

Cambiando de tema, un acontecimiento muy importante acaecido en Alcalá de Henares sucedió en 1348. El rey Alfonso XI presidió las Cortes Generales de Castilla y en ellas se otorgó el llamado «Ordenamiento de Alcalá», siendo la fuente primordial del Derecho Español.

Varios siglos después, recogiendo el testigo de la tradición jurista de la Universidad de Alcalá de Henares y muy en especial, de la Academia Complutense de Jurisprudencia, instituida por el rey Felipe V en 1740, el Ilustre Colegio de Abogados de Alcalá de Henares se constituyó en abril de 1850.

Y tal día como hoy de 1990 este Ilustre Colegio de Abogados se trasladó al antiguo pero restaurado Colegio de Teólogos de la Madre de Dios.


Más efemérides del 9 de noviembre:

El 9 de noviembre de 1503 la iglesia del poblado de Los Hueros queda bajo la tutela de la Parroquia de Santiago de Alcalá de Henares.

El 9 de noviembre de 1889 nace en la calle del Ángel de Alcalá de Henares Andrés Saborit, tipógrafo, periodista y político.

7 de noviembre de… 1929

El 7 de noviembre de 1929 se estrena la zarzuela «La ventera de Alcalá», con música de Pablo Luna y Rafael Calleja sobre un libreto de Diego San José y José María Granada.

Hay varias zarzuelas que hablan sobre Alcalá, pero suelen ser citas puntuales. Pero existe una que se desarrolla íntegramente en la ciudad de Alcalá de Henares. Esta zarzuela se titula «La ventera de Alcalá».

La música está compuesta por Pablo Luna Carné y Rafael Calleja Gómez sobre un libreto de Diego San José de la Torre y José María Granada.

Pablo Luna Carné nació en Alhama de Aragón (Zaragoza) en 1879. Estudió música en Zaragoza y en Madrid llegó a ser director de orquesta en el Teatro de la Zarzuela, teatro del que luego sería empresario. Escribió muchísimas zarzuelas, casi todas actualmente desconocidas, siendo la más conocida «Molinos de viento», estrenada en 1910. Su última zarzuela «El Pilar de la victoria» se estrenó con carácter póstumo en 1944, ya que el maestro Luna había fallecido dos años antes, en 1942.

El otro compositor es Rafael Calleja Gómez. Nació en Burgos en 1870. Es menos conocido que Pablo Luna aunque escribió más de 300 obras. Su zarzuela más conocida es «Las Bribonas», estrenada en 1904. Fue un estudioso del folklore cántabro. También fue autor de canciones populares, obras sinfónicas y, sobre todo a resaltar, del himno de Burgos, su ciudad natal. Fue empresario de varios teatros madrileños, como el Real y el de la Zarzuela. Y en 1899, junto a otras personas, fundaron la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE). Falleció en 1939.

Diego San José de la Torre, uno de los autores del libreto, nació en Madrid en 1884. Desde muy joven sintió la llamada de las letras siendo un voraz devorador de nuestros clásicos. Fue escritor, periodista e historiador español, estudioso del Siglo de Oro, cronista de Madrid y prolífico colaborador de varios periódicos. Falleció en Redondela (Pontevedra) en 1962.

Y José María Granada, el otro autor del libreto, verdaderamente se llamaba José María Martín López, el más desconocido de los cuatro. Nació en Granada, de ahí su pseudónimo, en 1893 y falleció en la misma ciudad en 1960.

Y ahora toca hablar de la zarzuela «La ventera de Alcalá».

La acción transcurre en un mesón de Alcalá de Henares, a finales del siglo XVIII. El protagonista principal es la ventera del mesón, que es una mujer lozana, bien parecida, algo arisca. Enamorado de ella hay un hombre que es todo dulzura, pero no es correspondido. Es más, ella se siente inclinada a dar su amor a un estudiante pobre que por su hombría se hace el amo de la situación. Además, y alrededor de la ventera, salen estudiantes, señorías, mozos de buen plante y mozas agradecidas, un fraile embustero y glotón, un barbero muy parlanchín y enamoradizo pero miedoso,…

La partitura estaba compuesta por seguidillas, estudiantinas y guiajiras, que es una música popular cubana que suelen estar acompañada por letras de tema campesino.

Como curiosidad, una estrofa del libreto está inspirada en un conocido refrán alcalaíno:

Alcalá de Henares 
¡ay! qué bien pareces
con tus torres y muros
y chapiteles. 
Tienes por sangre
la bulla que te envuelven 
los estudiantes…

Y tal día como hoy de 1929 se estrenó la zarzuela «La ventera de Alcalá», con música de Pablo Luna y Rafael Calleja sobre un libreto de Diego San José y José María Granada.

Después de mucho tiempo en el olvido, en noviembre de 1996 fue representada en Alcalá de Henares por un grupo de teatro aficionado, pero su belleza no se pudo apreciar del todo pues desgraciadamente la música solo se ejecutó con un piano.

(Desde aquí mi agradecimiento a José Carlos Canalda, que, sin saberlo él, me ha ayudado en la redacción de esta efeméride, pues muchos de los datos que he puesto los he sacado de su página web).


Más efemérides del 7 de noviembre:

El 7 de noviembre de 713 el obispo complutense Acisclo asiste al XI Concilio de Toledo.

El 7 de noviembre de 1422 el rey Juan II de Castilla visita Alcalá de Henares.

El 7 de noviembre de 1947 el Ayuntamiento de Madrid acuerda ceder al Estado el edificio del antiguo Colegio de San Ciriaco y Santa Paula de Alcalá de Henares para instalar en aquél el «Archivo Nacional de Recuperación de documentos» del Ministerio de la Gobernación.

El 7 de noviembre de 1987 sale el número uno del periódico «Cambihenares».

5 de noviembre de… 1948

El 5 de noviembre de 1948 se reinaugura la Fuente, esta vez, de los Cuatro Caños en la plaza de la Puerta de los Mártires, siendo éste su tercer emplazamiento.

La fuente de la que trata la efeméride de hoy es una de las pocas que hay en el mundo que se pueden denominar «viajeras», ya que ha tenido, no una ni dos ubicaciones, sino tres distintas.

La historia de esta fuente empezó en el año 1834 cuando se construyó y se colocó en el extremo Norte de la plaza del Mercado, actual plaza de Cervantes. Hay que decir, para la gente que no lo sepa, que el lado Norte es el que está cercano a las calles Mayor y Libreros, y el lado Sur es el que da a la antigua Parroquia de Santa María la Mayor, actual Capilla del Oidor.

Curiosamente, los alcalaínos llamaban cariñosamente a esa zona la «esquina de los peces» porque estaba frecuentemente encharcada.

La fuente duró en esta primera ubicación cuarenta años, ya que en 1874 la desmontaron y la volvieron a montar en la plaza de San Diego, enfrente de la fachada del antiguo Colegio Mayor de San Ildefonso, no en el centro exactamente, sino un poco ladeada, hacia el antiguo Cuartel del Príncipe.

Hay que decir que por aquel entonces, la fuente tenía sólo dos caños.

Esta vez duró más tiempo en su segunda ubicación, nada más ni nada menos que setenta y cuatro años, ya que se desmontó de la plaza de San Diego y tal día como hoy de 1948 se inauguró la fuente, esta vez en su tercera ubicación, la plaza Puerta de los Mártires.

En este año se le añadieron dos caños más, llamándose desde ese momento Fuente de los Cuatro Caños. Este nombre de la fuente ha hecho que la gente confunda el nombre de la plaza, pues muchos alcalaínos creen que la plaza se llama así, plaza de los Cuatro Caños, suplantando su nombre original y verdadero, a día de hoy, plaza Puerta de los Mártires.

Se llama plaza Puerta de los Mártires porque en el comienzo de la calle Libreros estaba una de las puertas de las murallas de la ciudad. En un principio se llamaba Puerta de Guadalajara, pues desde esa puerta se salía para ir a esa localidad. Pero en 1568 las reliquias de los Santos Niños llegaron desde Huesca y entraron a la villa de Alcalá por esa puerta. A partir de ese momento se le cambió de nombre a la puerta, llamándose Puerta de los Mártires. Y ahí el nombre actual de la plaza.

Volviendo a la historia de la fuente, no se sabe el motivo verdadero, unos dicen porque estaba muy deteriorada, otros dicen que porque ya perdió su función original de abastecer de agua a los alcalaínos, pero sí se sabe que en 1968 se desmontó.

¿Qué pasó con la fuente? De siempre se ha comentado, mal comentado, es más, muy mal comentado, que está en la finca de un antiguo Concejal de Alcalá. Pero esa historia no es verídica. El Concejal en cuestión era José (Pepe) Calleja, y sí tuvo algo que ver en la historia. Y es que cuando se desmontó, temiendo que podría pasar lo que verdaderamente pasó, pidió que la trasladasen a su finca con el fin de restaurarla y entregarla otra vez al Ayuntamiento para que la ubicase en su sitio, como hizo con otra fuente, la de la calle Trinidad, que a día de hoy está otra vez en el lateral del Colegio de San Ciriacio y Santa Paula, conocido por Colegio de Málaga. Pero las envidias son muy malas, y otro Concejal, pensando que la intención de Pepe Calleja era quedarse con la fuente en su finca, pidió a los trabajadores que desmontaron la fuente que la llevaran a la finca del concejal Calleja, pero completamente destruida, casi hecha polvo. Y así fue como se la entregaron. Y esta es la verdadera historia del final de la fuente original de los cuatro caños.

Pero en 1991 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares decidió colocar una réplica de la Fuente de los Cuatro Caños en su tercera ubicación. Para esto encargaron la labor al arquitecto municipal José María Málaga, que para hacerla utilizó las fotografías antiguas existentes de la fuente original.


Más efemérides del 5 de noviembre:

El 5 de noviembre de 1809 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, impuesto por el rey José I, invita a los vecinos a una gran fiesta.

El 5 de noviembre de 1913 se bendicen e inauguran las instalaciones del Centro Católico de Acción Social de Alcalá de Henares.

El 5 de noviembre de 1940 el alcalaíno Manuel Azaña es enterrado en Montauban (Francia).

3 de noviembre de… 1940

El 3 de noviembre de 1940 a las doce menos cuarto de la noche fallece el alcalaíno Manuel Azaña Díaz, Presidente de la II República y escritor, en el hotel Du Midi de Montauban (Francia).

Manuel Azaña y Díaz nació en Alcalá de Henares en enero de 1880. Estudió en el colegio Complutense, en el instituto Cisneros y en el colegio de Agustinos de El Escorial.

En 1897 se licenció en Derecho por la Universidad de Zaragoza y tres años después, en 1900, con veinte años, consiguió el título de Doctor en Derecho.

En ese año de 1897 fue redactor del periódico alcalaíno «Brisas del Henares», que duró solo seis meses.

En 1909 ingresó como funcionario en la Dirección General de los Registros y del Notariado.

En 1910 fundó en Alcalá de Henares el semanario «La Avispa».

Y un año después, en 1911, pronunció un importante discurso titulado «El Problema Español», como acto inaugural de la «Casa del Pueblo», que estaba situada en la calle Escritorios nº 9 de Alcalá de Henares.

En ese mismo año viajó a París con una beca de la Junta de Ampliación de Estudios.
Entre 1913 y 1920 fue Secretario del Ateneo de Madrid y en mayo de 1930 fue elegido Presidente de esta Institución.

En el Gobierno provisional republicano de abril de 1931 fue Ministro de Guerra y después ocupó la Presidencia.

En junio de ese mismo año, 1931, las elecciones a Cortes Constituyentes le confirmaron como Presidente del Gobierno, puesto del que dimitiría en septiembre de 1933.

En diciembre de 1932, el presidente de la República Niceto Alcalá Zamora y el presidente del Gobierno Manuel Azaña colocaron la primera piedra del Manicomio Provincial en Alcalá de Henares.

En febrero de 1936, el mismo Presidente de la República le encargó la formación del Gobierno. Y en mayo de ese mismo año fue elegido Presidente de la República, cargo que ocupó durante la Guerra Civil.

En noviembre de 1937 visitó por última vez Alcalá de Henares, la ciudad que le vio nacer, de cuya visita ha quedado un magnífico reportaje fotográfico y una narración propia.

En febrero de 1939 se exilió a Francia.

Pocos días después, todavía en febrero de 1939, redactó una carta en la que comunica al Presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, su dimisión como Presidente de la República Española.

En noviembre de 1939, Manuel Azaña y su familia se establecieron en el pueblecito de Pyla-sur-Mer, cerca de Burdeos.

En febrero de 1940, a raíz de una gripe que se complicó, sufrió gravísimas complicaciones de salud.

Poco tiempo después Pyla-sur-Mer se convirtió en zona ocupada por los alemanes y la familia Azaña se desplazó a Montauban.

En septiembre de 1940, Azaña sufrió un ataque que le paralizó medio cuerpo.

El círculo íntimo de Manuel Azaña en esos últimos días de su vida fue muy reducido: su mujer Dolores Rivas, su criado Antonio Lot, Juan Hernández Saravia (ex-general jefe del Ejército de Cataluña) y la religiosa hermana Ignace. Esta religiosa era la que daba servicio espiritual a su mujer, ya que ésta era católica practicante.

En octubre de 1940 Pierre-Marie Théas tomó posesión como Obispo de Montauban y Manuel Azaña comentó a su mujer que le hubiese gustado asistir a la ceremonia, pues debería haber sido muy bonita, y además el tañer de las campanas le recordaba su infancia y juventud, a Alcalá de Henares y a El Escorial.

Cuatro días después de la ceremonia, el cuñado de Manuel Azaña fue condenado a muerte en Madrid. Dolores Rivas, la mujer de Azaña, acompañada de sor Ignace fueron a ver al nuevo obispo Théas para que intercediera por él. Monseñor Théas redactó dos telegramas dirigidos a Franco y al Papa y se los entregó para que ella misma los cursara.

Al día siguiente, el Obispo se presentó en el hotel para informarse por el estado de Manuel Azaña. Pasó a la habitación y charló un rato con el enfermo que, muy complacido y sonriente, le habló de todo, de su juventud, de sus hijos,…

A partir de ese momento, el obispo Pierre-Marie Théas fue a visitar diariamente a Manuel Azaña.

Y el 3 de noviembre de 1940, a las diez de la noche, Dolores Rivas, viéndole morir y angustiada por su soledad en aquel dolor, encargó al criado Antonio Lot que llamara a Saravia y a la religiosa sor Ignace que, cumpliendo los deseos de Manuel Azaña, volvió algo más tarde acompañada del Obispo.

Por tanto, tal día como hoy de 1940 a las doce menos cuarto de la noche falleció el alcalaíno Manuel Azaña Díaz, Presidente de la II República y escritor, en el hotel Du Midi de Montauban (Francia), rodeado de su mujer Dolores de Rivas Cherif, el general Juan Hernández Saravia, el pintor Francisco Galicia, el mayordomo Antonio Lot, el obispo Pierre-Marie Théas y la religiosa sor Ignace.

(Fotografía de Manuel Azaña junto a su familia en Pyla-Sur-Mer, Francia, en diciembre de 1939).


Más efemérides del 3 de noviembre:

El 3 de noviembre de 1514 el papa León X firma la Bula papal en la que concede a la Universidad de Alcalá la facultad de dar grados de medicina.

El 3 de noviembre de 1567 Bernardo de Sandoval y Rojas, futuro Arzobispo de Toledo, obtiene el grado de Maestro en Artes por la Universidad de Alcalá.

El 3 de noviembre de 1933 el ex-diputado don Juan March Ordinas se evade de la prisión de Alcalá de Henares.

22 de octubre de… 1910

El 22 de octubre de 1910 el piloto francés Jean Mauvais realiza a bordo de un biplano el primer raid aéreo realizado en España, Madrid – Alcalá – Madrid.

El cielo de Alcalá de Henares ha sido muy importante en los comienzos de la navegación aérea española.

En diciembre de 1900 se realizó la primera ascensión libre de una Aerostación Militar (globo), que salió de Guadalajara y descendió en Alcalá de Henares, en una zona cercana al Puente de Zulema. Curiosamente hay que decir que la primera fotografía aérea realizada desde un globo en España se realizó en este viaje y es una vista de Alcalá.

Del mismo modo que la aerostación avanzaba, la aviación también hacía sus progresos. El primer vuelo de una aeronave tripulada en España fue en septiembre de 1909 en Paterna, en la provincia de Valencia.

Y tal día como hoy de 1910, tan solo once meses y medio después del primer vuelo, el piloto francés capitán Jean Mauvais realizó el primer raid aéreo español, entre Madrid – Alcalá – Madrid. Lo efectuó a bordo de un biplano Sommer provisto de un motor de 50 caballos.

Salió de la Ciudad Lineal de Madrid sin ningún preparativo especial a las ocho y cinco de la mañana. A los ocho kilómetros de la partida se paró el motor y tuvo que tomar tierra como pudo en San Fernando de Henares. Tuvo la suerte de que en ese momento pasó por esa zona el Duque de Tovar y le auxilió. Pero parece que las desgracias nunca vienen solas, pues los mecánicos de Mauvais que habían seguido en automóvil la marcha del biplano tuvieron otro contratiempo por el camino y fue el propio Duque de Tovar el que tuvo que ir a su encuentro, regresando unos minutos después con ellos.

Arreglado el motor, emprendió nuevamente el vuelo rumbo a Alcalá de Henares. Tomó tierra a 500 metros de la Puerta de Madrid, sobre un campo de labor, a las once y dieciséis minutos.

El entusiasmo que despertó su llegada en la ciudad de Alcalá, como era de esperar, fue apoteósico. Después de algunas visitas de cortesía y del almuerzo con que se le obsequió, el capitán Jean Mauvais salió de Alcalá a las cuatro y media de regreso a Madrid.

Como dato curioso, Mauvais, al llegar a Torrejón de Ardoz, volvió a tomar tierra y se dirigió al castillo que tenía el Duque de Tovar, solamente para darle las gracias por el auxilio que le había prestado.

De nuevo remontó el vuelo, llegando a Ciudad Lineal a las cinco y media de la tarde.

El único percance que sufrió de regreso fue el remojón ocasionado por la lluvia que surgió en ese momento.

El encargado de tomar la nota fija de las horas de ascenso y descenso fue don Hipólito Seret, miembro del Auro-Club de los Pirineos.

Para terminar hay que decir que Jean Mauvis, después de esta travesía, se destacó por tomar parte en los llamados «Bautizos de vuelo provinciales».


Más efemérides del 22 de octubre:

El 22 de octubre de 1668 en su viaje por Europa, visita Alcalá el príncipe florentino Cosme de Médicis, legándonos un interesante relato y un hermoso grabado.