26 de marzo de… 1616

El 26 de marzo de 1616 el alcalaíno Miguel de Cervantes escribe una carta dirigida al cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval y Rojas, fundador del Monasterio Cisterciense de San Bernardo de Alcalá de Henares, en la que le agradece la ayuda económica y espiritual que le había dispensado durante años.

Se sabe que un aspecto destacable del arzobispo de Toledo Bernardo Sandoval y Rojas fue su mecenazgo y su labor constructora, siendo protector del mismo Cervantes a partir de 1611, en los años de mayor penuria económica para dicho escritor.

Y como dice el refrán, «es de bien nacido ser agradecido», Cervantes en el «prólogo al lector» de la II parte de «Don Quijote de la Mancha» le nombra con estas palabras:

«Viva el gran conde de Lemos, cuya cristiandad y liberalidad, bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pié, y vívame la suma caridad del Ilustrísimo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas […] Estos dos príncipes, sin que los solicite adulación mía ni otro género de aplauso, por sola su bondad, han tomado a su cargo el hacerme merced y favorecerme; en lo que me tengo por más dichoso y más rico que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre».

Y no contento con esto, tal día como hoy de 1616 Miguel de Cervantes escribió una carta dirigida al cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval y Rojas en la que le agradece la ayuda económica y espiritual que le había dispensado durante años.

El texto de dicha carta dice así:

«Muy Yllustre Señor:

Ha pocos dias qe receui la carta de uuestra Señoria Yllustrissima y con ella nueuas mercedes. Si del mal qe me aquexa pudiera haber remedio, fuera lo bastante para tenelle con las repetidas muestras de fauor y amparo qe me dispensa vuestra Yllustre Persona; pero al fin tanto arrecia, qe creo acabará conmigo, aun cuando no con mi agradecimiento. Dios nuestro Señor le consegue egecutor de tan Santas obras, para qe goze del fructo dellas allá en su Santa gloria, como se la desea su humilde criado, qe sus muy magníficas manos besa. En Madrid a 26 de Marzo de 1616 años.

Muy Yllustre Señor.

Miguel de Cerbantes

Saauedra» [Rúbrica]

Menos mal que alguien como el arzobispo Sandoval y Rojas, de relieve social, reconoció su valía en vida y le ayudó.


Más efemérides del 26 de marzo:

El 26 de marzo de 1532 la Universidad de Alcalá se queja al Ayuntamiento por las malas condiciones de vida en la villa.

El 26 de marzo de 1657 se presenta una Querella contra don Francisco Díaz por quebrantamiento de la Cárcel Escolástica de la Universidad.

El 26 de marzo de 2011 el torero Luis Gómez Calleja «El Estudiante» recibe la Distinción de Hijo Predilecto de Alcalá de Henares, a título póstumo.

27 de febrero de… 1626

El 27 de febrero de 1626 el cardenal Zapata aprueba la elección que hizo en su día Bernardo Sandoval y Rojas sobre la primera Abadesa y designa al conjunto de religiosas que formaron la primera comunidad del Monasterio Cisterciense de San Bernardo.

Ante todo hay que saber que desde el año 1129 hasta el 1837, es decir, setecientos ocho años, la primero villa y luego ciudad de Alcalá de Henares perteneció al Arzobispado de Toledo. Y el Arzobispo de Toledo, como Señor de Alcalá, podía hacer en Alcalá lo que quisiese.

Después de la Constitución de 1812 siguió perteneciendo al Arzobispado de Toledo, pero el Arzobispo ya no era el Señor de Alcalá y por tanto ya no elegía al Ayuntamiento, y la autoridad pasó al Alcalde y al Jefe Político de la Provincia, el actual Gobernador Civil. Alcalá de Henares dejó de pertenecer al Arzobispado de Toledo en 1885, al crearse el Obispado de Madrid-Alcalá.

En 1617 el arzobispo de Toledo era Bernardo Sandoval y Rojas, tío del Duque de Lerma, el Valido del rey Felipe III.

En enero de ese año, 1617, este Arzobispo se reunió con el Concejo, el antiguo Ayuntamiento, para informales que quería fundar un monasterio de monjas cistercienses bajo la advocación de San Bernardo, pero les dejaba que eligieran el sitio más adecuado, sabiendo que a él le gustaría que fuese cerca de su Palacio. El Concejo vio el cielo abierto, pues el barrio que estaba al lado de Palacio era el antiguo barrio morisco llamado Almanxara, un barrio húmedo, con casi todas las casas abandonadas pues hacía 8 años que los moriscos habían sido expulsados de Castilla. Y se lo ofrecieron como mejor ubicación para su monasterio. El Arzobispo quedó encantado y a partir de ese momento el arzobispo llamaría a este monasterio «su obra».

Pues para «su obra» buscó a los mejores de la época: como tracista, actual arquitecto, a Juan Gómez de Mora, que cuando le contrató estaba haciendo la Plaza Mayor de la villa de Madrid. Y como alarife, que es una mezcla de aparejador y maestro de obras, al alcalaíno Sebastián de la Plaza.

El arzobispo Bernardo Sandoval y Rojas quería ver acabada su obra lo antes posible y tres meses después de esta reunión, en abril de 1617, ya pusieron la primera piedra.

El Arzobispo nunca tuvo buena salud y un año después de poner la primera piedra, en abril de 1618, firmó su testamento dejando dinero suficiente para que se terminaran las obras de este monasterio si el fallecía antes.

Y un mes después, en mayo de 1618, el propio arzobispo Bernardo Sandoval y Rojas redactó las Constituciones del Monasterio y con su firma se puede decir que fundó el Monasterio, aunque todavía no habían entrado a vivir las monjas.

Daba la impresión que ya se lo habían dicho, y en diciembre de ese año, 1618, falleció sin ver concluida «su obra».

El problema surgió después, pues su albacea, Luis de Oviedo, que tenía que continuar la obra del monasterio, era un poco tacaño en eso de soltar el dinero y la retrasó durante ocho años.

Y llegamos al año 1626.

Sabemos que don Bernardo Sandoval y Rojas había escogido a una monja del Monasterio Cisterciense de la Concepción Bernarda del pueblo de Vallecas como Madre Abadesa para su Monasterio. Esta monja se llamaba Petronila de la Cadena.

Y tal día como hoy de de 1626 el cardenal Antonio Zapata y Cisneros, Administrador del Arzobispado de Toledo durante la minoría de edad del Arzobispo titular, el cardenal infante Fernando de Austria, aprobó, por medio de una carta a la Abadesa del Monasterio de la Concepción Bernarda del pueblo de Vallecas, la elección que hizo en su día Bernardo Sandoval y Rojas sobre la primera Abadesa y designó al conjunto de religiosas que formaron la primera comunidad del Monasterio Cisterciense de San Bernardo.

Las religiosas fundadoras, que llegaron a Alcalá en marzo de 1626 desde el pueblo de Vallecas, fueron Petronila de la Cadena, que fue la primera Abadesa, María de Alarcón, María Magdalena, María de la Cadena e Inés de Jesús, todas ellas monjas profesas. Y trajeron con ellas a Cathalina del Rincón, freila profesa.

Hay que decir que una «freila» era una monja profesa igualmente pero que estaba exenta de coro, es decir, que no tenía la obligación de rezar todas las oraciones canónicas de las monjas profesas, y que a cambio servía a la comunidad en los trabajos caseros.


Más efemérides del 27 de febrero:

El 27 de febrero de 1223 el arzobispo de Toledo Ximenez de Rada, en Ubeda, ratifica los fueros de la villa de Alcalá y sus pueblos.

El 27 de febrero de 1615 el licenciado Márquez Torres aprueba la segunda parte del Quijote, «no hallando en él cosa indigna de un cristiano celo no que disuene de la decencia debida a buen ejemplo».

El 27 de febrero de 1904 las Madres Escolapias compran un edificio para instalar su Colegio Convento.

El 27 de febrero de 1913 se inaugura en el Patio de Santo Tomás de Villanueva la estatua de Cisneros, tallada por Vilches en Roma en 1864, ahora en la Plaza de San Diego.

El 27 de febrero de 1939 el alcalaíno Manuel Azaña presenta su renuncia como Presidente de la República.

17 de febrero de… 1624

El 17 de febrero de 1624 las veinticuatro Formas Incorruptas se trasladan a una custodia de planta donada por el cardenal Agustín Espínola, Arzobispo de Sevilla y Santiago.

La historia del milagro de las Sagradas Formas de Alcalá de Henares tuvo su origen en mayo de 1597. Un anónimo penitente llegó al Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Alcalá solicitando confesión al padre jesuita Juan Juárez. En mitad de la confesión, aquel hombre entregó al jesuita un papel que envolvía veintiséis Formas Consagradas que, según manifestó, provenían de robos sacrílegos de varias iglesias.

Juan Juárez, ya con las Formas en su poder, pidió consejo al Padre Vázquez, filósofo y profesor de Teología en aquel Colegio. Como no sabían la procedencia de las Formas, y temiendo que pudieran estar envenenadas, acordaron colocarlas en un lugar decente, para evitar irreverencias, y esperar a que se corrompieran por sí solas.

El Padre Juárez las guardó en una cajita y las depositó entre unas reliquias del lado del Evangelio del altar mayor, es decir, según se mira al altar, al lado izquierdo.

Pasado algún tiempo, el Padre Juárez fue a ver las Formas guardadas pa ver si ya estaban corrompidas, pero las encontró blancas y hermosas como si se acabaran de hacer.

El Padre Luis de la Palma, Rector del Colegio, visitó las Formas y decidió que fueran trasladadas a un sitio húmedo, para favorecer la corrupción de las especies. Las colocaron en una capilla baja situada detrás de la sacristía, y el Padre Juárez colocó junto a ellas otras formas sin consagrar.

Pasados algunos meses observaron que las formas no consagradas estaban totalmente corrompidas, permaneciendo las otras en perfecto estado de conservación. Allí estuvieron hasta marzo de 1609, doce años después de la entrega.

En esa fecha visitó las Sagradas Formas el Padre Bartolomé Pérez, Provincial de la Orden, y mandó que, como estaban perfectamente conservadas, se colocasen en el altar mayor, al lado del Evangelio, en el lado izquierdo.

El caso se manifestaba como un verdadero miago, pero todavía no se había declarado oficialmente.

Pasados seis años, en abril de 1615 llegó a Alcalá el Padre Luis de la Palma, antiguo Rector del Colegio y por entonces nuevo Provincial de la Orden. Vio de nuevo las Formas y levantó testimonio del hecho milagroso. Crecía cada vez más la fama del milagro, y en julio de 1619, veintidós años después de la entrega, una Junta de Doctores de la Universidad declaró oficialmente el milagro de las Sagradas Formas.

La calificación del milagro se ratificó, en junio de 1622, por el doctor Álvaro de Villegas, Primado de España; en enero de 1634 por don Francisco de Mendoza, Obispo Gobernador de Toledo y en marzo de 1682 por don Alonso Martínez Abad.

Y tal día como hoy de 1624 se trasladaron las veinticuatro Formas Incorruptas a una custodia de planta donada por el cardenal Agustín Espínola, Arzobispo de Sevilla y Santiago.

La custodia, que se conservó hasta 1936, era de plata sobredorada. Medía 90 centímetros de altura y estaba rematada por una cúpula de media naranja. Debajo de la cúpula había una linterna ochavada con tres viriles en cada lado, es decir, un «tubo» de ocho lados y en cada lado había tres Formas colocadas verticalmente. En el pié de la custodia estaba el escudo del cardenal Espínola en esmalte.

En el transcurso del tiempo se rompieron varias Formas para ver si una vez partidas, se corrompían más rápidamente. Por eso fueron entregadas veintiséis Formas, pero se conservaron solamente veinticuatro.

Respecto a las dos Formas partidas que no se pudieron colocar en la custodia, se guardaron en una cajita de nácar. Después de unos años, las partículas se hallaron reducidas a polvo y, por último, se arrojaron a agua bendita.

Desde entonces la fiesta anual se celebra siempre el quinto domingo de Resurrección, con indulgencia plenaria para los que participases en ella. Esta indulgencia la concedió el papa Pío VI en 1789. Aunque ha habido periodos de tiempo sin esta celebración, actualmente se sigue celebrando.


Más efemérides del 17 de febrero:

El 17 de febrero de 1241 el arzobispo de Toledo don Rodrigo confirma la donación vitalicia que Alcalá había hecho del pueblo de Vilches a don Domingo Pérez, canónigo de Toledo, para que en ella percibiese los derechos tocantes al señorío y al concejo.

El 17 de febrero de 1486 el papa Inocencio VIII da facultades a la Colegiata de los Santos Justo y Pastor para enajenar sus bienes.

El 17 de febrero de 1701 procedente de Versalles, el joven rey Felipe V llega a Alcalá de Henares y pernocta en el Palacio Arzobispal.

El 17 de febrero de 1716 Real Cédula de Felipe V renovando el juro perpetuo de Carlos I a la iglesia Magistral.

El 17 de febrero de 1941 Se reconstruye el Convento de Santa Clara para que lo vuelvan a habitar las religiosas.

2 de febrero de… 1604

El 2 de febrero de 1604 nace en Alcalá de Henares don Juan Francisco de Leiva, conde de Baños, que llegaría a ser Virrey de Nueva España.

Muchos son los nacidos ilustres en Alcalá de Henares que son desconocidos para los propios complutenses. Y el protagonista de la efeméride de hoy es uno de ellos, ya que tal día como hoy nació el niño Juan Francisco de Leiva, que así, sin más, muy poca gente sabe quién fue.

Juan Francisco Jacinto de la Cerda de La Lama y de la Cueva Leyva Arteaga y Gamboa, más conocido como Juan Francisco de Leiva, nació en Alcalá de Henares, perteneciendo a una familia aristocrática.

Por nacimiento, por parte de padre, fue el Quinto Marqués de la Adrada, Señor de Villovela y Las Lastras, del Estado y Fortaleza de La Lama y del Mayorazgo de Monjara en el Obispado de Segovia. Y por parte de la familia materna, llegó a ser Preboste de Guernica, Ondárroa y Bermeo.

Se casó con doña Mariana Isabel de Leyva y Mendoza, quien se tituló por derecho II Condesa de Baños y II Marquesa de Leyva, títulos que también usó su marido.

El rey Felipe IV le nombró Virrey de Nueva España en 1660, cargo que mantuvo cuatro años.

Hay que reconocer que su gobierno se caracterizó por las irregularidades administrativas, ya que la virreina se dedicaba a enriquecerse a través del tráfico de influencias, vendiendo los cargos y haciendo firmar a su marido los documentos, sin que éste tuviese constancia de los hechos. Por la mala gestión del virrey, la codicia de la virreina y las escandalosas fiestas de sus hijos, el virrey fue cesado en 1664.

Una vez en España y viudo, Juan Francisco de Leiva ingresó en los Carmelitas Descalzos de Guadalajara, donde permaneció hasta su muerte, acaecida en 1678.


Más efemérides del 2 de febrero:

El 2 de febrero de 1949 se efectúan los primeros saltos de la Primera Bandera de Paracaidistas de Aviación en Alcalá de Henares desde aviones Junker 52 de dotación en el Regimiento de Transporte del aeródromo alcalaíno.

El 2 de febrero de 1973 se inaugura la Comisaría de Policía Nacional en Alcalá de Henares en la calle del Cid Campeador.

El 2 de febrero de 1985 se inauguran las oficinas de la OMIC.

9 de enero de… 1632

El 9 de enero de 1632 el hermano jesuita Francisco Bautista finaliza el retablo de la iglesia de la Compañía de Jesús.

Dos son las obras cumbres del hermano Francisco Bautista en Alcalá de Henares: el baldaquino de la iglesia del Monasterio de San Bernardo y el retablo del templo del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús.

Aunque el templo del Colegio de los Jesuitas se empezó a construir en 1602, el Colegio se fundó en 1545, pero en otra ubicación. Éste estaba situado en el conocido «patio de mataperros», que no era otro que el actual patio de la Ermita del Cristo de los Doctrinos.

Estuvieron poco tiempo allí, ya que tres años después, en 1548, el Colegio se traslada a unas casas del librero Antonio Salcedo, que estaban situadas extramuros, saliendo por la Puerta de Santiago.

Y dos años después, en 1550, el canónigo de la Catedral de Cuenca Alonso Ramírez de Vergara les compró unas casas cerca de la Puerta de Guadalajara, ya dentro del recinto de la Universidad.

La Compañía ya contaba con 62 miembros en 1562, por lo que decidieron adaptar las casas a las nuevas necesidades.

En 1567 comenzaron las obras del templo, según las trazas, es decir los planos, del padre jesuita Bartolomé de Bustamante. Pero por falta de recursos económicos se paralizaron las obras cuando sólo estaba empezada la cimentación.

Se pudieron reanudar las obras en 1602 por las donaciones de doña María de Mendoza y de su sobrina doña Catalina.

El templo se finalizó, excepto la fachada, en 1620.

Y, volviendo a la efeméride, tal día como hoy de 1632 el hermano jesuita Francisco Bautista finaliza el retablo de la iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús.

Es una obra de transición del arte herreriano al barroco. Está construido de madera policromada y estofada, que es poner pan de oro encima de la madera, pintar sobre el oro y luego raspar la pintura para que se descubra el dorado.

Con esta obra el hermano Francisco Bautista consiguió el grado de maestro arquitecto.

Las pinturas originales que completaban el retablo fueron pintadas por el italiano Angelo Nardi, pero en marzo de 1936 el templo fue sacrílegamente profanado, quemándose delante de la puerta principal de la iglesia las pinturas y las esculturas del retablo.

Los cuadros actuales son del pintor y sacerdote alcalaíno don Manuel Palero.


Más efemérides del 9 de enero:

El 9 de enero de 681 Annibio, presbítero de Alcalá, asiste al XII Concilio de Toledo en representación del obispo complutense Geldemiro.

El 9 de enero de 1607 los restos de San Félix de Alcalá se trasladan desde el convento de franciscanos descalzos del Santo Ángel (vulgo de los Gilitos) hasta la Magistral, siendo recogidas las cenizas por D. Juan Bautista Neroni, que las colocó junto a los Santos Niños.

7 de enero de… 1617

El 7 de enero de 1617 el arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval y Rojas expone al Concejo de Alcalá de Henares su deseo de fundar un monasterio de religiosas de la orden de San Bernardo.

Si no fuese porque el edificio del que trata la efeméride de hoy está cerrado por obras, tendríamos que estar de celebración, ya que en el Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Alcalá consta que el 7 de enero de 1617, hoy juntamente hace 400 años, el cardenal y arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval y Rojas expuso a la Villa su deseo de fundar un monasterio de religiosas Bernardas, en el lugar que el Concejo le pareciese más oportuno.

Y estudiado el asunto, los componentes del Concejo acordaron que el lugar más idóneo era junto al Palacio Arzobispal, en el espacio que comprendía desde el Colegio Convento de Dominicos de la Madre de Dios hasta la Puerta de Burgos, cerrado al norte por huertas de la villa, en el sitio denominado de la Almanjara, que era el antiguo barrio morisco.

Hay que saber que los moriscos habían sido expulsados de Castilla hacía siente años, en 1610.

Por tanto la zona estaba poco, por no decir nada habitada. Era un barrio viejo y húmedo, ya que en invierno estaba casi por completo inundado.

No se sabe si la idea de colocar allí el monasterio había sido sugerida por el propio Arzobispo. Lo que sí parece es que le agradó mucho, ya que en un brevísimo tiempo buscó al tracista, antiguo nombre del arquitecto, que recayó en Juan Gómez de Mora, que en el momento de la contratación estaba diseñando la Plaza Mayor de la villa de Madrid. Y como alarife, que es una mezcla de aparejador y maestro de obras, eligió al complutense Sebastián de la Plaza. Ambos, más tarde, hicieron juntos el Colegio Menor de San Ciriaco y Santa Paula, más conocido por el Colegio de Málaga, que está junto a la plaza de Cervantes.

Fue todo muy rápido, ya que el Arzobispo quería ver acabada su obra lo antes posible. Y tres meses después de esta reunión, en abril de 1617, ya pusieron la primera piedra.

Pero esto es otra efeméride a contar más adelante.


Más efemérides del 7 de enero:

El 7 de enero de 1351 don Gonzalo de Aguilar es nombrado Arzobispo de Toledo.

El 7 de enero de 1753 se hace la copia de las Constituciones del Colegio Menor de San Felipe y Santiago, más conocido por el Colegio del Rey.

El 7 de enero de 1873 se inaugura el Colegio Municipal para Obreros, fundado por don Esteban Azaña Catarinéu.

El 7 de enero de 1910 se edita el número uno del semanario alcalaíno ”La Avispa”, fundado por el complutense Manuel Azaña Díaz.

7 de diciembre de… 1618

El 7 de diciembre de 1618 fallece el cardenal arzobispo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas, fundador del Monasterio de San Bernardo de Alcalá de Henares.

Bernardo de Rojas y Sandoval nació en Aranda de Duero, de la provincia de Burgos, en abril de 1546. Era hijo del noble don Hernando de Rojas y Sandoval, Mayordomo y Preceptor del los hijos del rey Felipe II, y de doña María Chacón de Guevara.

Bernardo vivió su infancia en las casas de la Condesa de Lerma, que era de la familia, en Buitrago y Tordesillas. Y estando en Tordesillas, vino al mundo su sobrino Francisco de Sandoval y Rojas, el futuro Duque de Lerma.

Poco tiempo más tarde Bernardo se fue a vivir con su tío Cristóbal de Rojas y Sandoval, que era Obispo de Oviedo. Y bajo su protección, Bernardo, cuando tenía nueve años, en 1555, recibió la tonsura eclesiástica.

Algún tiempo después vino a Alcalá de Henares a estudiar en su Universidad, junto a su criado Luis de Oviedo. Estuvo en Alcalá más de diecinueve años. Uno de sus maestros fue el humanista Ambrosio Morales. Años más tarde Bernardo se encargaría de realizar el epitafio de su maestro.

En casa de don Ambrosio, Bernardo se relacionó con personajes ilustres, como el príncipe Carlos, hijo del rey Felipe II, Juan de Austria o Alejandro Farnesio.

Como curiosidad hay que decir que en el testamento de don Bernardo cuenta que él había sido “menino” del príncipe Carlos en su niñez.

En la Universidad de Alcalá también coincidió con su primo y tocayo don Bernardo de Sandoval, que luego fue Corregidor de Aranda.

Se sabe que también estudió con Bernardo su hermano Luis de Rojas.

En mayo de 1567 alcanzó el título de Bachiller en Artes, en octubre de ese mismo año, el título de Licenciado, y en noviembre, también de ese año, el título de Maestro en Artes. En seis años logró tres grados.

Por su salud frágil y por su miopía, se marchó a Brihuega, de la provincia de Guadalajara, para seguir estudiando de manera privada con el sacerdote y profesor Juan Alonso de Moscoso, que llegaría a ser Obispo de León y de Málaga. Don Juan Alonso, que había sido colegial y luego profesor de la Universidad de Alcalá, más tarde fundó el Colegio Menor de San Ciriaco y Santa Paula, también conocido por el Colegio de Málaga.

Don Bernardo se graduó como Licenciado en Teología en 1576, pero fue en la Universidad de Salamanca.

Fue Canónigo en Sevilla y Obispo de Ciudad Rodrigo, Pamplona y Jaen.

En 1598 le nombran Cardenal de la iglesia de Santa Anastasia. Hay que decir que todo cardenal, también en la actualidad, tiene que estar vinculado a una iglesia de Roma. Y un año después se le nombra Arzobispo de Toledo.

En este nombramiento tuvo mucho que ver el rey Felipe III y el sobrino de don Bernardo, Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, colaborador más inmediato del rey.

En esa etapa es cuando Bernardo cambia el orden de sus apellidos, de Rojas y Sandoval a Sandoval y Rojas, probablemente para destacar más su parentesco con su sobrino.

En octubre de 1599 el Rey le nombra Consejero de Estado. Y en 1608 es nombrado Inquisidor General, tras haber rechazado este cargo varias veces. Esta negativa provocó que el Duque de Lerma se enfadara con su tío.

En 1612 publicó el libro “Index librorum prohibitorum et exporgatorum” (Índice de libros prohibidos y expurgados), inspirado en el Índice que publicó Benito Arias Montano, pero menos severo con Erasmo que él.

Bautizó a todos los hijos del rey Felipe III, menos al infante Felipe que murió de manera prematura.

De siempre, el arzobispo Bernardo fue de trato considerado con sus familiares, amigos y criados. Tenía fama de muy piadoso. Y fue mecenas de escritores: Lope de Vega le dedicó unos versos en su librillo “Rimas Sacras”. Vicente Espinel le dedicó su libro “Vida del Escudero Marcos de Obregón”, Francisco Vicente Tornamira, su “Traducción del calendario gregoriano de latín en español”, y el doctor Pedro García Varraro, su obra “Disputationes Medicae super libros Galeni”. Y Cervantes, en el prólogo de su segunda parte de El Quijote, escribió:

«Viva el conde de Lemos, cuya liberalidad y cristiandad bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie, y vívame la suma caridad del ilustrísimo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas […] por sólo su bondad han tomado a su cargo el hacerme merced y favorecerme».

Y si el arzobispo de Toledo Bernardo Sandoval y Rojas gastó mucho dinero en socorrer necesidades ajenas, no es menos lo que invirtió en obras arquitectónicas.

En enero de 1617 se juntó con el Concejo de Alcalá, el antiguo Ayuntamiento, para decirles que quería fundar un monasterio de religiosas cistercienses bajo la advocación de San Bernardo.

Buscó al tracista, actual arquitecto, más importante de la época, Juan Gómez de Mora, que cuando le contrató estaba haciendo la Plaza Mayor de la villa de Madrid. Y como maestro de obras, el actual aparejador, contrató al alcalaíno Sebastián de la Plaza.

Y tres meses después de la reunión con el Concejo, en abril de 1617, ya pusieron la primera piedra del monasterio.

Ya se encontraba algo enfermo, aunque estuvo mal de salud toda su vida, y un año después, en abril de 1618, firmó testamento dejando dinero suficiente por si fallecía antes de terminar “su obra”, ya que a partir de la famosa reunión, todo lo que hacía sería pensando en el Monasterio Cisterciense de San Bernardo, al que él llamaba “su obra”.

Un mes después, en mayo de 1618, redactó las Constituciones del Monasterio, y con su firma ya se consideró fundado el Monasterio, aunque todavía no habían entrado las monjas.

Tres meses después de escribir su testamento, en julio de 1618, lo modificó.

El amor de Bernardo Sandoval hacia Alcalá quedó plasmado en su testamento, ya que él pidió que se realizasen misas por el arzobispo, una vez fallecido, en los conventos más pobres y que se repartieran limosnas entre los presos más necesitados y pobres de las cárceles, eclesiástica y seglar, de Alcalá.

Pero el apartado más importante del testamento es el que instituyó como únicas herederas de todos sus bienes y haciendas a las religiosas del Monasterio de San Bernardo.

Y parece que se lo habían anunciado, pues ese mismo año, tal día como hoy de 1618 falleció en Madrid el cardenal arzobispo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Rojas, fundador del Monasterio Cisterciense de San Bernardo de Alcalá de Henares.

Pero los historiadores no se ponen de acuerdo ni en el lugar ni en el día de su muerte. Unos le sitúan en Toledo, y otros en Madrid. Sobre el día, la mayoría de las fuentes dicen que murió el 7 de diciembre, a las diez de la noche. El problema nace porque en la copia del testamento del Arzobispo que tenían las religiosas en el Monasterio de San Bernardo en Alcalá, realizada en 1650 por el escribano Francisco Suarez, dice el Arzobispo de Toledo murió:

«En la villa de Madrid […], a las cuatro horas de la mañana […], ocho días del mes de diciembre de 1618».

Ahí la duda.

5 de diciembre de… 1694

El 5 de diciembre de 1694 don Martín Bonilla y Echevarría, Obispo de Ceuta, funda el Convento Oratorio de San Felipe Neri.

Desde la fundación de la Congregación del Oratorio en 1575 por Bula papal de Gregorio XIII a petición del sacerdote Felipe Neri, las Congregaciones del Oratorio se han ido extendiendo poco a poco por todo el mundo.

Llegaba a su fin el siglo XVII se encontraba en Alcalá de Henares el Canónigo de la Catedral de Ávila, don Martín Bonilla y Echevarría, a quien, aparte de los títulos de Visitador Eclesiástico de Madrid, Provisor del Obispado de Ávila, Miembro del Consejo de la Gobernación de Toledo, Juez Incuria de la Nunciatura de España y Obispo electos por dos veces de Ceuta, hay que añadir el título de Fundador en Alcalá de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, para clérigos y seculares sujetos a los Estatutos que regía el Oratorio existente en Roma.

Ya que tal día como hoy de 1694 don Martín Bonilla y Echevarría fundó el Convento Oratorio de San Felipe Neri en Alcalá de Henares, dando su aprobación eclesiástica diocesana el cardenal y arzobispo de Toledo Luis Manuel Fernández Portocarrero y confirmado por el papa Inocencio XII.

Durante su vida, Martín Bonilla y Echevarría invirtió mucho dinero en su Fundación, y al morir completó su obra, ya que instituyó como único heredero de sus bienes y rentas al Oratorio de Alcalá. Estos bienes sirvieron en gran parte para construir el Convento y su iglesia.

Cuando el fundador falleció en Madrid, fue enterrado en el Convento del Espíritu Santo de los Padres Clérigos Menores de Madrid, hasta que en octubre de 1705 sus restos fueron trasladados a la iglesia de su Oratorio de Alcalá, donde permanecen hasta el día de hoy.

El Oratorio de San Felipe Neri es el último convento masculino que se fundó en Alcalá de Henares durante la época de la Universidad Cisneriana, y es el único de aquel periodo que pervive en la actualidad.

El Oratorio se fundó en unas casas de la antigua calle de la Tocinería, actualmente calle San Felipe Neri, hasta que cuatro años después de su fundación, en 1698, se iniciaron las obras del actual edificio. Los arquitectos fueron los maestros Manuel Crespo y Bartolomé Oñoro.

La iglesia es de una sola nave rectangular, llamada planta de salón, su techo es una bóveda de yesería y tiene una cúpula elíptica sobre el altar mayor.

La puerta original de la iglesia daba a la calle de San Felipe, como aún se puede apreciar desde el exterior, pero en 1714, con el dinero donado por el testamento de la Condesa de Alba de Liste, se amplió el templo y se cambió la entrada, que da a la actual plaza del Padre Lecanda.

El retablo original se perdió durante la invasión francesa y se ha sustituido hace poco tiempo por un trampantojo, es decir, una pintura que simula ser un retablo, con diversas tallas, éstas de verdad, destacando una de Santa Teresa de Jesús, obra de Gregorio Hernández, y un cuadro de Cristo crucificado, de Mariano Salvador Maella.

En los laterales del templo hay altares con pinturas, como un San José, de Antonio Palomino y una copia del Pasmo de Sicilia de Rafael Sancio. Y en el lado del Evangelio, es decir, según se mira al altar, a mano izquierda, hay una capilla barroca con una talla de la Inmaculada Concepción, obra de la escuela de Alonso Cano.

El edificio del Convento es muy sencillo, formado con un claustro rodeado de dependencias. Lo único notable es la escalera principal, presidida por un cuadro de la Inmaculada Concepción, obra de Antonio de Pereda.

El Convento tiene una riquísima biblioteca y archivo con más de 8.000 volúmenes, incluyendo dos incunables.

También tiene un pequeño museo de arte sacro de gran interés, con tallas de marfil y de la escuela granadina y lienzos de Vicente Carducho, Vicente de la Rivera y Juan Delgado, junto con libros, documentos y objetos litúrgicos.

En este convento estuvo de retiro espiritual el escritor Miguel de Unamuno, invitado por su amigo personal y antiguo confesor el filipense Padre Juan José de Lecanda.


Más efemérides del 5 de diciembre:

El 5 de diciembre de 633 Hilario, obispo complutense, asiste al IV Concilio de Toledo.

El 5 de diciembre de 1277 el rey Alfonso X exime al Concejo de Alcalá del pago de un servicio que prometieron para después de su muerte.

El 5 de diciembre de 1700 Alcalá de Henares levanta pendones por el archiduque Carlos.

25 de noviembre de… 1624

El 25 de noviembre de 1624 el archiduque Carlos de Austria, hermano del emperador Fernando II de Habsburgo, hace parada en Alcalá de Henares camino de Madrid, siendo recibido con grandes festejos.

Empecemos hablando de genealogía regia, para aclararnos un poco.

La reina Juana I de Castilla, llamada “la loca”, junto con Felipe I, llamado “el hermoso” tuvieron cuatro hijas y dos hijos, Carlos y Fernando (éste último nació en Alcalá de Henares).

Carlos, Rey de España, tuvo como descendiente a Felipe II, y éste a Felipe III, y éste a Felipe IV.

Por otro lado, nuestro paisano Fernando fue Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Tuvo quince hijos, pero el que nos interesa es Carlos. Éste no fue Emperador, pero entre otros hijos, tuvo a Fernando, que sí fue Emperador, como Fernando II.

Aclarada, más o menos, la genealogía regia, continuemos…

El archiduque Carlos, hermano del emperador Fernando II, viajó a España para discutir los planes de boda de la infanta María Ana, hermana del rey Felipe IV, con su primo Fernando, hijo del emperador Fernando II.

Por este motivo, el rey Felipe IV encargó a don Juan Alfonso Enríquez de Cabrera, Almirante de Castilla, que saliera camino de Guadalajara, con espléndido y riquísimo cortejo, para recibir al Archiduque y acompañarlo hasta Madrid.

La ostentosa comitiva estaba formada por trompeteros, pajes, lacayos, caballeros riquísimamente vestidos, animales de carga, dos coches magníficamente ataviados y cuatro acémilas cargadas con 60.000 ducados para los gastos del trayecto desde Guadalajara a Madrid.

Una vez llegado a Guadalajara el Archiduque fue recibido por el Almirante “con el amor y cortesía que tan gran señor pedía y merece”. Desde Guadalajara costeó todos los gastos, festejando a su Alteza hasta Madrid.

Y tal día como hoy de 1624 el archiduque Carlos de Austria, hermano del emperador Fernando II de Habsburgo, hizo parada en Alcalá de Henares camino de Madrid.

Por orden del arzobispo de Toledo Fernando de Austria, Cardenal-Infante, que a su vez era hermano del rey Felipe IV, y sobrino del archiduque Carlos, la villa de Alcalá de Henares festejó y recibió “con la majestad y grandeza que acostumbra en todas ocasiones al ilustre huésped”. El Archiduque se hospedó, como era habitual, en el Palacio Arzobispal. Y al día siguiente salió hacia Madrid.

Los gastos de este festejo no lo sufragó la villa de Alcalá, sino que salieron de los presupuestos que habían sido destinados por el Rey.

Hay que decir que la visita del archiduque Carlos tuvo un final muy inesperado, ya que murió de modo repentino, el 28 de diciembre de ese mismo año de 1624, víctima de unas fiebres contraídas a los pocos días de su llegada a Madrid.

Curiosamente el Emperador sospechó que la enfermedad de su hermano el Archiduque fue producida por una borrachera que cogió en Barcelona. Y puede que no fuese muy desencaminado, pues se sabía que tenía afición a la bebida.


Más efemérides del 25 de noviembre:

El 25 de noviembre de 1293 el arzobispo de Toledo don Gonzalo arrienda a Yehudá, hijo del almojarife de la reina, y a los judíos Meyr Mohp y Yosef Aben Lup, los derechos que le corresponden en las ferias, portazgos, paladas de pan, carnicerías y alcacerías de Alcalá y Brihuega.

El 25 de noviembre de 1768 el Consejo del Estado establece en Alcalá de Henares un curso preparatorio a la Cátedra de Filosofía Moderna.

6 de noviembre de… 1615

El 6 de noviembre de 1615 se publica la segunda parte de “El Ingenioso Cavallero Don Quixote de la Mancha”.

Si en 2016 conmemoraremos el 400 aniversario del fallecimiento del alcalaíno Miguel de Cervantes, en 2015 también teníamos que celebrar otro acontecimiento.

Ya que tal día como hoy de 1615 se publica la segunda parte de “El Ingenioso Cavallero Don Quixote de la Mancha”.

En un principio nuestro paisano Miguel de Cervantes solo tenía intención de escribir una única historia de don Alonso Quijana. Pero en 1614 se publicó otro libro titulado “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” de un enigmático Alonso Fernández de Avellaneda y tal enfado cogió Cervantes que escribió esta segunda parte y, para que no se hicieran más libros sobre su personaje, al final de este último libro, hizo que falleciera el protagonista. Lo siento, he revelado el final de la historia.

Pero para que el libro fuese publicado tuvo que pasar por varios procesos.

En febrero de 1615 el licenciado Márquez Torres aprueba y declara que “no hallo en él cosa indigna de un cristiano delo ni que disuene de la decencia debida a buen ejemplo, ni virtudes morales, antes mucha erudición y aprovechamiento”.

A principios de marzo de 1615 el maestro Joseph de Valdivieso también aprueba y certifica que “no contiene cosa contra nuestra santa fe católica, ni buenas costumbres, antes muchas de honesta recreación y apacible divertimiento”.

A finales de marzo de 1615 Pedro de Contreras, por mandato del Rey, dio autorización para durante diez años se pudiera “imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención”.

En octubre de 1615, el licenciado Francisco Murcia de la Llana, que por cierto había sido estudiante del Colegio Menor de la Madre de Dios de Alcalá de Henares, firmó el Fe de erratas, “y no hay en él cosa digna de notar que no corresponda a su original”.

Y el mismo día de la Fe de erratas, Hernando de Vallejo, Escribano de Cámara del Rey, dio fe de las tasas que costó la impresión, “a cuatro maravedís cada pliego en papel, en cual tiene setenta y tres pliegos, que al dicho respeto suma y monta docientos y noventa y dos maravedís”, y curiosamente mandó que esa tasa se pusiera al principio del libro para que no se vendiese mucho más caro.

Y a primeros de noviembre de 1615 tuvo la última aprobación, en este caso del doctor Gutierre de Cetina, por mandato de los señores del Consejo, diciendo que “no contiene cosa contra la fe ni buenas costumbres, antes es libro de mucho entretenimientos lícito, mezclado de mucha filosofía moral”.

Para terminar hay que decir que Miguel de Cervantes Saavedra dedicó esta segunda parte de “Don Quijote de la Mancha” al Conde de Lemos, que en esa época era Pedro Fernández de Castro y Andrade, siendo verdaderamente el VII Conde de Lemos.


Más efemérides del 6 de noviembre:

El 6 de noviembre de 1450 se aprueban las Ordenanzas de la Cofradía de la Santísima Trinidad para sepultar a los ajusticiados.