23 de mayo de… 1825

El 23 de mayo de 1825 fray Julián de San Agustín, fallecido en Alcalá de Henares en 1606, es beatificado por el papa León XII.

Si a un alcalaíno se le pregunta por nombres de santos complutenses, respondería, como no, los santos Justo y Pastor, los niños mártires de Complutum en el año 305.

También podrían hablar de fray Diego de San Nicolás, que falleció en el Convento de Franciscanos de Santa María de Jesús en 1463 y que llegó a los altares con el nombre de San Diego de Alcalá, y su cuerpo incorrupto está en la Catedral Magistral de Alcalá.

Y como mucho, algunos podrían hablar de San Félix de Alcalá, que nació en la ciudad de Complutum y falleció mártir defendiendo su Fe en Jesucristo, degollado y quemado, en Córdoba en el año 853.

Pero muy poca gente conoce la historia del beato fray Julián de San Agustín.

Julián Martinet nació en Medinaceli, de la provincia de Soria, hacia el año 1550. Era hijo de Julián Martinet, francés, fugitivo de los calvinistas, y de la española Catalina Gutiérrez.

Vistió el hábito franciscano en el Convento de Retiro de La Salceda, dedicándose a tan extremas penitencias que sus superiores llegaron a considerarlo trastornado, por lo que le aconsejaron dejar esta forma de vida. Pero, ante su insistencia en ser admitido de nuevo, obtuvo lo que pedía.

Mas otra vez volvió a las andadas, siendo despedido nuevamente por idénticos motivos. Entonces decidió llevar vida eremítica cerca del convento, pidiendo limosna a los frailes que, conmovidos por su forma de vida, lo admitieron por tercera vez en el convento. Emitió su profesión de vida franciscana como religioso laico.

Vivió en los conventos de La Salceda, Ocaña y Santa María de Jesús de Alcalá de Henares. En su oficio de limosnero se distinguió por su rigurosa mortificación, pobreza y humildad. Cuando pedía de puerta en puerta, era objeto de admiración por su paciencia y humildad, por sus palabras de aliento y sus deseos de llevar almas a Dios, el cual distinguió a su santo siervo con prodigios diversos, como curaciones de enfermos, multiplicación de alimentos, respuestas inspiradas de lo alto.

Favorecido por el don de profecía y de ciencia infusa, convirtió a muchos, y mereció una gran veneración del pueblo, al que edificaba con sus virtudes, y que lo aclamaba como santo.

Movido por el amor de Dios, se compadecía ante la miseria ajena. Se interesaba por los necesitados, a quienes daba consuelo y alivio con sus palabras sobre la esperanza y la felicidad del cielo. Exhortaba a los ricos a ayudar a los pobres.

Después de una vida pura, inocente, mortificada y llena de obras de caridad, fray Julián de San Agustín falleció en abril de 1606, a la edad de 56 años, en el Convento de Franciscanos de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares, el mismo en el que murió San Diego.

Fue tan grande la conmoción que causó la noticia de su muerte y acudieron tantos al convento de los frailes para venerar al siervo de Dios, que su cuerpo debió permanecer expuesto durante dieciocho días, hasta ser colocado en una capilla, que de inmediato el pueblo llamó de «San Julián».

La ciudad de Alcalá de Henares le dedicó una calle con el apelativo de «santo» aunque todavía no lo sea, calle San Julián.

Lope de Vega, evocando tal vez sus recuerdos de estudiante, escribió en 1638 la comedia «El saber por no saber y vida de San Julián de Alcalá de Henares», que viene a ser la historia de las santas candideces del bienaventurado lego, simple para el mundo pero sabio para Dios.

Y tal día como hoy de 1825, el papa León XII beatificó solemnemente al humilde franciscano fray Julián de San Agustín.

(Fotografía del cuadro «Visión de fray Julián de Alcalá de la ascensión del alma de Felipe II», de Bartolomé Esteban Murillo, fechado entre 1645 y 1646).


Más efemérides del 23 de mayo:

El 23 de mayo de 1814 Orden del General Eguía mandando se retire la placa de la Constitución.

El 23 de mayo de 1820 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares comunica al Jefe Político de la Provincia el cumplimiento de la Constitución en la Enseñanza.

El 23 de mayo de 1897 se celebran con grandes actos religiosos el III Centenario del milagro de las Sagradas Formas.

El 23 de mayo de 1989 se concede a la ciudad de Alcalá de Henares el Premio Nacional al Deporte.

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