21 de abril de… 1813

El 21 de abril de 1813 tropas francesas entran y profanan el Monasterio Cisterciense de San Bernardo.

Verdaderamente esta efeméride empieza a las diez de la noche del día 20 de abril de 1913.

Las tropas napoleónicas del general Soult habían entrado en Alcalá de Henares con malas intenciones, saqueando todos los edificios que encontraban a su paso. La gente corría enloquecía a esconderse donde pudiera, temiendo caer en manos de los franceses, que sedientos de sangre y quizá más de satisfacer sus «pasiones bajas». Según cuentan las crónicas, «aquella soldadesca desenfrenada y viciosa no perdonó a sexo ni edad para abusar, especialmente del sexo débil».

El cuerpo de artilleros, que tenían fama de ser «los más malos», acamparon y colocaron las piezas de artillería en la plazoleta frente al Monasterio de San Bernardo.

Y a eso de las 10 de la noche del 20 de abril penetraron en la portería y se dirigieron a las habitaciones del padre capellán Blas Márquez y a la casa de la demandadera. El capellán Blas Márquez, el trinitario calzado fray Carlos Sánchez que estaba con él y la familia de la demandadera se ocultaron en la parte alta de la iglesia. Pero al verse en peligro porque notaron que los franceses estaban cerca, saltando por una ventana, huyeron a través de los tejados, que eran muy peligrosos de atravesar, y se ocultaron en la parte superior de la cúpula, entre la estructura de madera.

Los franceses, al no llegar a la zona de las celdas donde estaban las religiosas, tocaron las campanillas de la sacristía, coro alto y portería para que fuesen las monjas a esos lugares, pero ellas no las oyeron.

Una religiosa, tiempo después, escribió:

«De este modo pudimos salir con la felicidad de no verlos, y también de no oír las campanillas de la sacristía, coro alto y portería, aunque estábamos despiertas. Fue una disposición de Dios el que no las oyéramos, pues de lo contrario hubiera ido cada una a su oficio a ver quién llamaba y nos hubieran cogido».

Mientras tanto, los sacerdotes no cesaban de llamar discretamente a las religiosas, pero tampoco les oían a ellos. Por fin la cocinera oyó que la llamaban y le decían:

– Avise usted a la Madre Presidenta que están los franceses en el Convento.

Rápidamente se juntaron todas las monjas y ayudaron a los sacerdotes y familia de la demandadera a que bajasen para estar todos juntos.

Al no saber qué hacer, llenos de temor y angustia, se asomaron a las ventanas del Monasterio para pedir auxilio a los vecinos que a su vez huían de las tropas francesas. Estos, al no poder ayudarles, lo único que respondían era que tuvieran paciencia.

Al mismo tiempo, los soldados franceses entraron a la iglesia, forzaron el Sagrario y robaron el Copón, arrojando al suelo las Formas Consagradas y pisándolas. También robaron el ánfora de los Santos Oleos. Rompieron los muebles de la sacristía y se llevaron los ornamentos litúrgicos de valor.

Luego fueron a la cocina, cillero, que era la despensa donde se guardaba el grano, y a otras dependencias saqueando y rompiendo lo que podían y querían.

Estuvieron así hasta las siete de la mañana del día siguiente, 21 de abril, que tocaron la corneta en señal de formación y se marcharon todos.

Una vez libres del enemigo, el capellán y el trinitario fueron a la iglesia y, de rodillas y derramando muchas lágrimas, recogieron las Formas Consagradas que estaban por el suelo, algunas de ellas con las señales de los clavos de los zapatos de los soldados franceses. Las quisieron conservar para desagraviar al Señor por aquel ultraje, pero como oyeron que por la tarde de ese mismo día iban a volver los franceses, las consumieron para evitar una nueva profanación.

Volvieron por la tarde, como habían dicho, pero ya no hicieron nada malo.

Las religiosas estuvieron ocho días con sus noches cuidando del torno hasta que pudieron arreglarlo y asegurarlo.

Cuando tiempo después se comento lo ocurrido, Sebastián Martín López, un fervoroso cristiano del pueblo de Torrijos, dejó dinero suficiente para que se celebrase una fiesta solemne de acción de gracias todos los años el día 22 de abril.

Y no solamente se celebró esta fiesta anual, sino que el papa León XII firmó una Bula por el cual se concedía Indulgencia Plenaria y Remisión de todos los pecados a los fieles que el 21 de abril visitaran la iglesia del Monasterio.

Pasado un tiempo de este hecho histórico el trinitario calzado fray Carlos Sánchez escribió:

«Yo no puedo menos que reconocer en todo esto el Dedo de Dios, dije entonces, y digo ahora: Jesucristo salvó aquella noche a sus Esposas a consta suya. Quiso padecer para que no hiciesen presa en ellas los carniceros».

Lógicamente alude a la profanación horrenda que hicieron a las Formas Consagradas que arrojaron al suelo y pisaron.

Para terminar hay que decir que el paso de la horda napoleónica por Alcalá de Henares dejó una estela sombría de tristes recuerdos, que perduraron muchos años.


Más efemérides del 21 de abril:

El 21 de abril de 1527 el estudiante Íñigo López de Recalde, más conocido por San Ignacio de Loyola, es encarcelado por la Inquisición en Alcalá de Henares.

El 21 de abril de 1813 las tropas napoleónicas del general Soult saquean la población de Alcalá de Henares.

El 21 de abril de 1913 se celebran grandes fiestas religiosas como desagravio en el I Centenario de las profanaciones de los franceses en el Monasterio de San Bernardo de Alcalá de Henares.

El 21 de abril de 1986 se inaugura el Monumento al Descubrimiento en la Plaza de los Santos Niños de Alcalá de Henares.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s