29 de abril de… 1977

El 29 de abril de 1977 fallece en Alcalá de Henares don Tomás Casado Herrero, pintor, profesor de dibujo y escultor, autor del Santísimo Cristo de la Agonía de la Catedral Magistral de Alcalá de Henares.

Muchos artistas han pasado por Alcalá de Henares y han dejado su obra en la ciudad. Y algunos, por no decir muchos, han pasado, desgraciadamente, de forma casi anónima, si no se soluciona a tiempo.

Este puede ser el caso de Tomás Casado Herrero, pintor, profesor de dibujo y escultor del siglo XX, llamado por la gente que le conoció “don Tomás”.

Tomás Casado Herrero nació en Monleras (Salamanca) el 28 de abril de 1899. Hijo de labradores, mostró desde niño gran afición a la pintura, no cejando en su empeño hasta conseguir, en 1919, trasladarse a Madrid para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios.

Alcanzando el primer premio de la misma, en 1925 ingresó por oposición en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, despertando interés entre los críticos.

Acabados los estudios, aprobó una oposición de la Diputación Provincial de Madrid y empezó a trabajar como profesor de dibujo en el Colegio Salesiano de San Fernando. En este colegio, en el taller de madera, empezó su labor como escultor.

Terminada la Guerra Civil pintó para la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de su pueblo natal, Monleras, una “Inmaculada Concepción” y un “San Juan Bautista”.

En 1949 se trasladó a vivir, junto a su familia, a Alcalá de Henares, donde compaginaba las clases en el Colegio de San Fernando con otras en los colegios de Santo Tomás de Aquino y Sagrado Corazón de Jesús de Alcalá de Henares.

Como persona muy religiosa plasmó su espiritualidad en muchos de sus cuadros, sobre todo en temas marianos. Sus referentes artísticos fueron Andrea Mantegna, Sandro Botticelli y Leonardo da Vinci.

Aparte de sus cuadros religiosos también realizó una colección de pinturas sobre El Quijote.

Tras el fallecimiento de una de sus hijas, Pilar, que contaba con cinco años, plasmó su pena en una colección de cuadros sobre la Muerte y el Paso del tiempo.

Su amor por Jesús, Hijo de Dios, hizo que en 1953 empezase a tallar en madera una colección de Cristos, realizando su primera exposición en 1957 en la Casa de la Mancha, en Madrid.

Su forma de ser, cariñoso y entregado a los demás, hizo que regalase muchos de sus Cristos a amigos, conocidos y familiares, llegando sus tallas incluso a América del Sur.

En 1963 talló el devoto Santísimo Cristo de la Agonía que actualmente se puede contemplar en la Catedral Magistral de Alcalá de Henares.

Como restaurador, reparó, entre otros, el Cristo de la Agonía que se encuentra en el Monasterio de Santa Clara de Alcalá.

Siguió tallando imágenes de Jesús en la cruz hasta el día de su fallecimiento.

Y tal día como de 1977 falleció en Alcalá de Henares don Tomás Casado Herrero, pintor, profesor de dibujo y escultor, autor del Santísimo Cristo de la Agonía de la Catedral Magistral.

En su lápida, como no, está tallado un Cristo que él diseño.


Más efemérides del 29 de abril:

El 29 de abril de 1624 el rey Felipe IV visita Alcalá de Henares.

El 29 de abril de 1874 don Manuel Mateo dona una auténtica espada del siglo XVI para que fuese utilizada en los actos en honor de Miguel de Cervantes.

23 de abril de… 1616

El 23 de abril de 1616 el alcalaíno Miguel de Cervantes Saavedra es enterrado en el Convento de las Trinitarias de Madrid.

Como todos saben hoy es un día importante para la ciudad de Alcalá. Pero, ¿por qué?

Pues porque tal día como hoy de 1616 el insigne escritor alcalaíno Miguel de Cervantes Saavedra fue enterrado en el Convento de las Trinitarias de Madrid.

Pero, esta no es la festividad que se celebra. ¿El 23 de abril de 1616 no fue cuando falleció?

Ahí está la polémica. En esa época no se registraban la fecha del nacimiento ni la de la muerte, sino que se registraban, como era normal pues lo hacía la Iglesia, era la fecha del bautismo y del enterramiento. Verdaderamente no se ha encontrado ningún documento que certifique la hora de fallecimiento del Miguel de Cervantes.

Para algunos investigadores históricos, Miguel de Cervantes falleció el 22 de abril de 1616 y que fue enterrado el día después, y que el cambio de la fecha del fallecimiento se cambió para hacerla coincidir con la fecha de la muerte del escritor inglés William Shakespeare.

Otros investigadores opinan que Miguel de Cervantes falleció en la madrugada del día 23 de abril, y que como su cuerpo estaba lleno de pústulas, pensaron que lo mejor era enterrarle lo antes posible antes de que el cuerpo se empezara a descomponer.

Pero ésta no es la única polémica. Dando por buena la teoría que falleció el 23 de abril de 1616, ¿verdaderamente falleció el mismo día que William Shakespeare, que también falleció el 23 de abril de 1616? Por lógica sería el mismo día, pero no es así.

En España, desde el año 1582, se regían por el calendario Gregoriano, el actual. Por eso podríamos decir que Miguel de Cervantes falleció el 23 de abril.

Pero en Inglaterra, en 1616, se regían por el calendario Juliano, que tenía una diferencia con el Gregoriano de 10 días. Sí, según el calendario Juliano, William Shakespeare falleció el 23 de abril de 1616, pero si se hubiesen regido por el calendario Gregoriano hubiese fallecido el 3 de mayo de 1616.

Inglaterra estuvo regida por el calendario Juliano hasta el 1752 que cambiaron al Gregoriano.

Resumiendo, según un único calendario, el Gregoriano, por ejemplo, Cervantes falleció el 23 de abril de 1616 (o el 22) y Shakespeare el 3 de mayo de 1616, con 10 días de diferencia.


Más efemérides del 23 de abril:

El 23 de abril de 1976 el escritor Jorge Guillén recibe el primer Premio Cervantes de la Legua Castellana.

El 23 de abril de 1990 se inaugura la Biblioteca Municipal “Eulalio Fuentes”.

21 de abril de… 1813

El 21 de abril de 1813 tropas francesas entran y profanan el Monasterio de San Bernardo.

Verdaderamente esta efeméride empieza a las diez de la noche del día 20 de abril de 1913.

Las tropas napoleónicas del general Soult habían entrado en Alcalá de Henares con malas intenciones, saqueando todos los edificios que encontraban a su paso. La gente corría enloquecía a esconderse donde pudiera, temiendo caer en manos de los franceses, que sedientos de sangre y quizá más de satisfacer sus “pasiones bajas”. Según cuentan las crónicas, «aquella soldadesca desenfrenada y viciosa no perdonó a sexo ni edad para abusar, especialmente del sexo débil».

El cuerpo de artilleros, que tenían fama de ser “los más malos”, acamparon y colocaron las piezas de artillería en la plazoleta frente al Monasterio de San Bernardo.

Y a eso de las 10 de la noche del 20 de abril penetraron en la portería y se dirigieron a las habitaciones del padre capellán Blas Márquez y a la casa de la demandadera. El capellán Blas Márquez, el trinitario calzado fray Carlos Sánchez que estaba con él y la familia de la demandadera se ocultaron en la parte alta de la iglesia. Pero al verse en peligro porque notaron que los franceses estaban cerca, saltando por una ventana, huyeron a través de los tejados, que eran muy peligrosos de atravesar, y se ocultaron en la parte superior de la cúpula, entre la estructura de madera.

Los franceses, al no llegar a la zona de las celdas donde estaban las religiosas, tocaron las campanillas de la sacristía, coro alto y portería para que fuesen las monjas a esos lugares, pero ellas no las oyeron.

Una religiosa, tiempo después, escribió:

«De este modo pudimos salir con la felicidad de no verlos, y también de no oír las campanillas de la sacristía, coro alto y portería, aunque estábamos despiertas. Fue una disposición de Dios el que no las oyéramos, pues de lo contrario hubiera ido cada una a su oficio a ver quién llamaba y nos hubieran cogido».

Mientras tanto, los sacerdotes no cesaban de llamar discretamente a las religiosas, pero tampoco les oían a ellos. Por fin la cocinera oyó que la llamaban y le decían:

– Avise usted a la Madre Presidenta que están los franceses en el Convento.

Rápidamente se juntaron todas las monjas y ayudaron a los sacerdotes y familia de la demandadera a que bajasen para estar todos juntos.

Al no saber qué hacer, llenos de temor y angustia, se asomaron a las ventanas del Monasterio para pedir auxilio a los vecinos que a su vez huían de las tropas francesas. Estos, al no poder ayudarles, lo único que respondían era que tuvieran paciencia.

Al mismo tiempo, los soldados franceses entraron a la iglesia, forzaron el Sagrario y robaron el Copón, arrojando al suelo las Formas Consagradas y pisándolas. También robaron el ánfora de los Santos Oleos. Rompieron los muebles de la sacristía y se llevaron los ornamentos litúrgicos de valor.

Luego fueron a la cocina, cillero, que era la despensa donde se guardaba el grano, y a otras dependencias saqueando y rompiendo lo que podían y querían.

Estuvieron así hasta las siete de la mañana del día siguiente, 21 de abril, que tocaron la corneta en señal de formación y se marcharon todos.

Una vez libres del enemigo, el capellán y el trinitario fueron a la iglesia y, de rodillas y derramando muchas lágrimas, recogieron las Formas Consagradas que estaban por el suelo, algunas de ellas con las señales de los clavos de los zapatos de los soldados franceses. Las quisieron conservar para desagraviar al Señor por aquel ultraje, pero como oyeron que por la tarde de ese mismo día iban a volver los franceses, las consumieron para evitar una nueva profanación.

Volvieron por la tarde, como habían dicho, pero ya no hicieron nada malo.

Las religiosas estuvieron ocho días con sus noches cuidando del torno hasta que pudieron arreglarlo y asegurarlo.

Cuando tiempo después se comento lo ocurrido, Sebastián Martín López, un fervoroso cristiano del pueblo de Torrijos, dejó dinero suficiente para que se celebrase una fiesta solemne de acción de gracias todos los años el día 22 de abril.

Y no solamente se celebró esta fiesta anual, sino que el papa León XII firmó una Bula por el cual se concedía Indulgencia Plenaria y Remisión de todos los pecados a los fieles que el 21 de abril visitaran la iglesia del Monasterio.

Pasado un tiempo de este hecho histórico el trinitario calzado fray Carlos Sánchez escribió:

«Yo no puedo menos que reconocer en todo esto el Dedo de Dios, dije entonces, y digo ahora: Jesucristo salvó aquella noche a sus Esposas a consta suya. Quiso padecer para que no hiciesen presa en ellas los carniceros».

Lógicamente alude a la profanación horrenda que hicieron a las Formas Consagradas que arrojaron al suelo y pisaron.

Para terminar hay que decir que el paso de la horda napoleónica por Alcalá de Henares dejó una estela sombría de tristes recuerdos, que perduraron muchos años.


Más efemérides del 21 de abril:

El 21 de abril de 1527 el estudiante Íñigo López de Recalde, más conocido por San Ignacio de Loyola, es encarcelado por la Inquisición en Alcalá de Henares.

El 21 de abril de 1813 las tropas napoleónicas del general Soult saquean la población de Alcalá de Henares.

El 21 de abril de 1913 se celebran grandes fiestas religiosas como desagravio en el I Centenario de las profanaciones de los franceses en el Monasterio de San Bernardo de Alcalá de Henares.

El 21 de abril de 1986 se inaugura el Monumento al Descubrimiento en la Plaza de los Santos Niños de Alcalá de Henares.

19 de abril de… 1562

El 19 de abril de 1562 el príncipe Carlos, hijo de Felipe II y su primera esposa, María de Portugal, corriendo detrás de una hermosa doncella en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, bajando por una angosta y espiral escalera, cayó y dio con la cabeza en una puerta que estaba cerrada, con gran detrimento de su salud.

El hijo primogénito del rey Felipe II le salió un poco “rana”. El príncipe Carlos era agresivo, violento, impetuoso, cruel,… cualquier cosa que se diga de él se queda corta.

Su adolescencia se la pasó entre cacerías, bailes, saraos y asediando a las damas con preguntas, algunas veces molestas.

Aunque tenía una salud quebradiza, sufriendo mucho de brotes de fiebre, y que le habían recomendado algunas poblaciones cercanas al mar Mediterráneo para intentar que allí se recuperase, el Rey decidió mandarle a estudiar a Alcalá de Henares, para ver si se enderezaba un poco en sus malas actitudes, a la vez para intentar que el clima de la villa le sane de sus cuartanas, que, según la Real Academia de la Lengua, son calenturas, casi siempre de origen palúdico, que entra con frío, de cuatro en cuatro días.

Llegó a Alcalá en octubre de 1561, con dieciséis años de edad. Tres días después llegaron a Alcalá para estar con el Príncipe y estudiar juntos su tío Juan de Austria, que por entonces tenía catorce años, y su primo Alejandro Farnesio, también con dieciséis años.

Se hospedaron, como era costumbre, en el Palacio Arzobispal.

El responsable de la educación de los príncipes en Alcalá de Henares fue Honorato Juan, asesorado por los principales profesores de la Universidad.

El plan de trabajo de los príncipes lo había dispuesto meticulosamente el propio rey Felipe II. Se levantaban a las seis de la mañana en verano y a las siete en invierno. Después de bañados, vestidos y penados, rezaban sus oraciones en presencia del Mayordomo Mayor. Almorzaban acto seguido los tres príncipes juntos e inmediatamente oían misa en la capilla privada de don Carlos. Seguían dos horas de estudio con los maestros, presidido siempre por Honorato Juan. A las once salían para comer en público. A las doce tenían lección de música y canto. Y desde la una hasta las cuatro volvían a reanudar los estudios, intercalando entre ellos lecciones de esgrima y equitación. De cuatro a cinco descansaban. A las seis cenaban y, acabada ésta, proseguían con paseos, juegos o ejercicios de entrenamiento. A las nueve rezaban el Santo Rosario todos juntos y cada uno se retiraba a su cámara. Los domingos y días de fiesta ocupaban las horas de estudio con actos piadosos, paseos y juegos de fuerza y entretenimiento.

A pesar de las medidas tomadas por Felipe II, ninguno de los tres sacó provecho de las explicaciones de los maestros de la Universidad.

El Príncipe Carlos siguió con su mal carácter y su manía de asediar a las damas que encontraba por Palacio.

Y tal día como hoy de 1562 el príncipe Carlos, que ya entonces tenía 17 años de edad, persiguiendo por el Palacio a una hermosa doncella, de quien solicitaba favores de amor que ella le negaba, tuvo tan mala fortuna que se le fue el pie en una escalera de caracol muy oscura de pasos muy desgastados, cayó rodando por ella y fue a dar su cabeza contra una puerta cerrada, dejándole con la cabeza abajo y los pies arriba, con gran detrimento de su salud.

La doncella se llamaba Mariana Garcetas y era la hija del Alcaide del Palacio.

El Príncipe fue atendido rápidamente pues estaba inconsciente. El cirujano Dionisio Daza Chacón, el médico de Cámara Cristóbal de Vega y el Médico personal del príncipe Carlos, Santiago Diego Olivares, le hicieron una primera cura al apreciar que tenía una herida, de no gran extensión, en la parte posteroizquierda de la cabeza.

Al amanecer del día siguiente llegaron el Protomédico General, don Juan Gutiérrez, y los cirujanos reales Portugués y Pedro de Torres.

Doce días después llegaron a Alcalá de Henares el propio rey Felipe II con el doctor Mena y el anatomista Andrés Vasilio.

Celebraron más de cincuenta juntas de médicos, catorce de ellas en presencia del Monarca, y no encontraron ninguna cura para despertarle de su inconsciencia.

A los diez días de la caída le surgieron pustemas, es decir, pústulas, vejigas inflamatorias de la piel, que suelen estar llenas de pus, y se le hincharon los párpados, la cabeza, los brazos y el pecho.

Le hicieron una dolorosa intervención para descubrir el hueso pero no reaccionó. Incluso se le administró un mágico ungüento del moro valenciano Pinterete, pero tuvieron que prescindir de él porque, lejos de curar, le produjeron quemaduras.

Al final determinaron sacar a fray Diego de San Nicolás, el futuro San Diego de Alcalá, del arca sepulcral donde yacía para colocarle al lado del cuerpo inerte del príncipe Carlos, para ver si sanaba… Pero ésta es otra efeméride a contar en su momento.

Al final el príncipe Carlos se medio recuperó, pues nunca sanó del todo.


Más efemérides del 19 de abril:

El 19 de abril de 1550 el rey Carlos I firma una carta-ejecutoria prohibiendo la costumbre medieval que obligaba a la villa de recibir como huéspedes en sus casas a los criados del arzobispo y de darles ropa.

El 19 de abril de 1616 el alcalaíno Miguel de Cervantes escribe la dedicatoria de “Los trabajos de Persiles y Sigismunda” a Pedro Fernández de Castro y Andrade, VII Conde de Lemos.

El 19 de abril de 1686 fallece el historiador alcalaíno Antonio de Solís y Rivadeneyra.

El 19 de abril de 1791 la imagen de la Virgen del Val de Alcalá de Henares se aparece en la puerta del Colegio Menor de Santiago o de los Caballeros Manrique, suceso que nadie ha podido explicar.

El 19 de abril de 1979 Carlos Valenzuela es elegido Alcalde de la Primera Corporación Democrática de Alcalá de Henares.

El 19 de abril de 1991 se firma un convenio entre el Ayuntamiento y la Universidad de Alcalá sobre el uso y cesión de edificios y terrenos del Ayuntamiento a la Universidad.

12 de abril de… 1567

El 12 de abril de 1567 el papa Pío V firma un Breve por el cual ordena que los restos de los Santos Niños que se encontraban en la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca fuesen trasladados a Alcalá de Henares.

Como sabemos, en el año 305 los niños Justo y Pastor, de 7 y 9 años respectivamente, fueron martirizados a las afueras de la ciudad de Complutum, por no renunciar a su Fe en Jesucristo.

Sus cuerpos fueron sepultados en el mismo lugar del martirio y los cristianos complutenses levantaron sobre la tumba una «cella martyris», un pequeño altar con techo, para celebrar ahí los aniversarios del martirio.

Cuando los musulmanes invadieron la ciudad de Complutum en el año 714, por temor a posibles profanaciones, los cuerpos de nuestros Santos Mártires fueron trasladados, primero a Narbona, y poco después al valle de Nocito, en la provincia de Huesca. La tradición dice que la persona que los trasladó fue San Urbicio. Estuvieron en ese valle hasta el año 1514 en que fueron trasladados hasta el Monasterio Benedictino de San Pedro el Viejo de Huesca.

Después de la concesión de la villa de Alcalá de Santiuste al Arzobispado de Toledo, se intentó de todas las maneras posibles que volvieran a Alcalá las reliquias de los Santos Niños mártires. Pero el Obispo de Huesca se negaba a tal acontecimiento, pues eran unos santos muy venerados en esa ciudad.

A través del Luis de Requesens, Comendador Mayor de Castilla y Embajador en Roma, el Cabildo de la Colegiata de San Justo solicitó al Papa que intercediera para recuperar las reliquias de sus santos patronos.

Y tal día como hoy de 1567 el papa Pío V firmó un Breve por el cual ordenaba que las reliquias de los Santos Niños que se encontraban en Huesca fuesen trasladadas a Alcalá de Henares.

Aun así tuvo que interceder también el propio rey Felipe II, exigiendo al Obispo de Huesca que de inmediato cumplimiento obedeciera el Breve del Papa.

Ante tanta exigencia, el Obispo de Huesca ya no se pudo negar y en enero de 1568 salieron de Huesca parte de las reliquias. Y digo parte de las reliquias porque casi todas se quedaron en Huesca. A Alcalá de Henares sólo llegaron dos vértebras unidas entre sí y una tercera suelta, de San Justo y una pierna desde la rodilla con su pie, de San Pastor.


Más efemérides del 12 de abril:

El 12 de abril de 1555 fallece Juana I de Castilla que diera a luz en Alcalá de Henares a su cuarto hijo, Fernando, Emperador de Alemania y Rey de Hungría y Bohemia.

El 12 de abril de 1610 Juan Arias de Moscoso, obispo de Málaga, toma posesión de los solares para erigir el Colegio de San Ciriaco y Santa Paula de Alcalá de Henares, por 3.500 ducados y 50.000 maravedís.

El 12 de abril de 1812 el gobierno de ocupación francés reúne a los varones alcalaínos en la Plaza de Cervantes obligándoles a formar una Guardia Cívica.