27 de noviembre de… 1463

El 27 de noviembre de 1463 el rey Enrique IV visita el cuerpo de San Diego de Alcalá y es curado milagrosamente de la inmovilidad de un brazo que sufría a causa de una caída.

Fray Diego de San Nicolás murió en olor de santidad el 12 de noviembre de 1463 en el Convento de Franciscanos de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares.

Fue enterrado en la Capilla de San Julián y toda la congregación se quedó muy entristecida por la falta de su santo hermano. El que más sufrió fue el hermano Peñalver, Guardián del convento, que no comía ni descansaba pensando en él. Le parecía imposible vivir sin poder volver a verle. Por eso, tres días después del entierro, decidió desenterrarle con todo el secreto y devoción posible. Y lo que encontró fue un cuerpo dormido, sin rasgos de descomposición.

Al mismo tiempo que el hermano Peñalver desenterraba el cuerpo de fray Diego, el hijo de Álvaro de Gaa, Mayordomo del arzobispo Carrillo, que estaba enfermo, llamó a su padre y le pidió que le llevase a ver a fray Diego, que le había sanado y que ahora le llamaba. Su padre le dijo que había fallecido y que había sido enterrado hacía tres días. El niño insistió en verle y el padre, tomándole en sus brazos le llevó al convento. Cuando llegaron a las puertas de la capilla donde habían sepultado a fray Diego, le asomó por unas rejas y le dijo que allí estaba enterrado. Y el niño, alegre dijo: “No está enterrado fray Diego, que yo le veo. Y tiene una Cruz de oro en el pecho y otra de palo a los pies”. El padre se asomó a las rejas y vio que lo que decía su hijo era verdad. Y en ese momento la fiebre que tenía el niño desapareció. El padre, con el niño en brazos, salió corriendo gritando sobre el desentierro y el milagro de la curación de su hijo.

El pueblo corrió al convento y pidió ver el cuerpo de fray Diego. Los frailes, ante tal gentío, decidieron llevarle a la iglesia, donde lo colocaron sobre una mesa cubierta con un tapete.

Todos clamaban a los religiosos para que no le volviesen a la tierra, sino que le pusieran en lugar público para la veneración. Los frailes resolvieron dejarle depositado en un arca de madera que se pudiera abrir cuando lo pidiera una grave necesidad o la devoción de personas de respeto.

Atraído por la fama de los milagros de fray Diego, tal día como hoy de 1463 el rey Enrique IV de Castilla vino a Alcalá de Henares para visitar el cuerpo incorrupto del fraile. El Rey tenía un brazo lisiado porque se había caído de su caballo. Cuando toco el cuerpo del fraile empezó a notar mejoría hasta que se curó completamente.

Como muestra de gratitud, el Rey mandó edificar una Capilla en la misma portería, que a su vez era la celda que había habitado el santo.

El Rey volvió a Madrid y no habían pasado muchos días cuando necesitó otra vez la ayuda del santo. Su hija la infanta doña Juana, apodada “la Beltraneja”, sufría mal de boca y garganta. El rey Enrique IV se encomendó al fraile con devoción, y su hija sanó totalmente en poco tiempo. En agradecimiento, el Rey mandó que pusiesen en la capilla una imagen de cera de su hija.


Más efemérides del 27 de noviembre:

El 27 de noviembre de 1497 estando en Alcalá de Henares la corte de los Reyes Católicos, fallece al caerse por una barandilla don Luis Pimentel y Pacheco, marqués de Villafranca del Bierzo.

El 27 de noviembre de 1660 fallece el canónigo y abad mayor de la Colegiata de Alcalá de Henares, don Juan de Narbona, Consultor y Oficial del Santo Oficio que llegó a Vicario General del Arzobispado de Toledo.

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