21 de noviembre de… 1567

El 21 de noviembre de 1567 santa Teresa de Jesús visita por primera vez Alcalá de Henares, estando de Priora del Monasterio de Carmelitas Descalzas de la Purísima Concepción durante más de tres meses.

María Yepes fue la fundadora del Monasterio de Carmelitas Descalzas de la Purísima Concepción, que abrió las puertas de su templo en septiembre de 1562.

Antes de la fundación, María Yepes conoció en Toledo a Teresa de Jesús, una religiosa abulense que también pretendía fundar un convento según la Regla Primitiva. Estuvieron quince días juntas, hablando de cómo debían de hacer estos monasterios.

Teresa de Jesús fundó el convento de San José de Ávila en agosto de 1562, dieciocho días antes que el que fundara María Yepes en Alcalá.

Actualmente el monasterio se encuentra en la calle de la Imagen, pero el monasterio original no era éste, ya que el primer edificio fundacional estaba en otro lugar.

El Monasterio de Carmelitas Descalzas de la Purísima Concepción se inauguró en unas casas que tenía en Alcalá doña Leonor de Mascareñas, dama de la reina Isabel de Portugal y aya del rey Felipe II. Doña Leonor ofreció sus casas, que contaban con capilla, ornamentos y una imagen de Nuestra Señora de la Concepción, con una sola condición: que la Titular del Monasterio fuera la Purísima Concepción, cosa que María Yepes aceptó sin dudar.

Y estas casas estaban entre las calles de la Victoria y Almazán, más o menos, donde está ahora el patio de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.

La vida del recién fundado Monasterio era extremadamente penitente, ya que las religiosas intentaban imitar el espíritu de mortificación de su fundadora. Este exceso de rigor preocupó a doña Leonor de Mascareñas y pidió a Teresa de Jesús que fuera a poner la observancia como lo iba haciendo en los conventos que iba fundando.

Y tal día como hoy de 1567, cinco años después de la constitución, Teresa de Jesús visitó por primera vez el Monasterio de Carmelitas Descalzas de la Purísima Concepción de Alcalá de Henares, que había fundado su amiga María Yepes.

La Madre María Yepes, que como religiosa se llamaría María de Jesús, como Priora, con profunda humildad entregó a Teresa de Jesús las llaves del Monasterio y, con ellas, el gobierno tanto material como espiritual de la Comunidad.

Teresa de Jesús estuvo más de tres meses en el Monasterio siendo Priora, entregando a la Comunidad las Constituciones, escritas de su puño y letra, para observarlas igual que se vivían en los dos conventos que había fundado.

También suavizó el rigor de penitencia, aunque María de Jesús, pidiendo licencia a Teresa de Jesús, perseveró en aquel rigor hasta su muerte.

Cumplida su misión, y por orden de su confesor, Teresa de Jesús dejó el Monasterio de Alcalá de Henares en marzo de 1568, en los días en que las reliquias de los Santos Niños Justo y Pastor regresaban a Alcalá de Henares desde Huesca.


Más efemérides del 21 de noviembre:

El 21 de noviembre de 1620 se firma una Real Cédula reformando algunas constituciones de la Universidad.

El 21 de noviembre de 1822 es descubierto el capuchino Francisco Marzá, miembro de una partida carlista, que fue condenado a muerte y ejecutado públicamente.

El 21 de noviembre de 1887 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares compra el antiguo Monasterio de San Juan de la Penitencia por 15.000 pesetas.

El 21 de noviembre de 1986 el Ayuntamiento cede el Hotel Laredo a la Universidad de Alcalá para la creación del Centro de Estudios Cisnerianos.

El 21 de noviembre de 1990 se inauguran en el Paraninfo de la Universidad Cisneriana los II Encuentros de Historiadores del Valle del Henares.

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19 de noviembre de… 1526

El 19 de noviembre de 1526 la Inquisición procesa por primera vez a Ignacio de Loyola y a cuatro compañeros.

La Santa Inquisición que se vivió en Alcalá no fue tan negra como la gente cree. No hubo ninguna hoguera para los renegados de la Fe. Lo normal era una amonestación verbal, una encarcelación temporal, o una expulsión de la comarca. En Alcalá hubo horca, pero eran sobre todo para ajusticiados civiles, no religiosos.

Si el primer protagonista de la efeméride de hoy es la Inquisición, el segundo es Ignacio de Loyola, que tras dos años de estudio del Latín en Barcelona, vino a Alcalá de Henares en el curso 1526-27 para estudiar Artes, antes de estudiar Teología.

En marzo de 1526 Iñigo, que tenía entonces treinta y cinco años, inició su viaje desde Barcelona solo y a pié con la única ayuda de un bastón. No se sabe muy bien cuándo llegó a Alcalá, pero fue entre los meses de abril y agosto de 1526.

En sus primeros días en Alcalá vivió en el Hospicio de Santa María la Rica, que estaba situado cerca de la iglesia Magistral.

No pasó mucho tiempo allí, pues pronto fue admitido en el Hospital de Antezana. Se le daba alojamiento, comida y candela para alumbrarse a cambio de su servicio a los pobres del hospital.

A la vez que trabajaba de enfermero y cocinero en el Hospital, fue colegial de Artes, asistiendo a clases de Lógica, también llamada Summulas, Física aristotélica y Vísperas, que era el estudio inicial de Teología.

Aparte de esto, Iñigo de Loyola se dedicaba a enseñar la doctrina cristiana a mujeres, niños, y la gente que se pasaba por el patio del Hospital.

Y como vio que la situación para enseñar la doctrina cristiana era propicia, escribió a tres amigos de Barcelona para que vinieran a Alcalá. Estos se llamaban Calixto de Sa, Lope de Cáceres y Juan de Arteaga. Y cuando llegaron a Alcalá, al grupo de amigos se les unió un paje del virrey de Navarra llamado Juan Reynalde, «Juanico», que estaba convaleciente de una herida en el Hospital de Antezana.

Los cinco vistieron de sayal que les llegaba hasta los pies descalzos, y se repartían las calles complutenses para predicar la doctrina cristiana.

Su forma de predicar atraía a mucha gente y la Inquisición decidió hacer averiguaciones.

Y tal día como hoy de 1526 la Inquisición inicia una investigación sobre la conducta del grupito de los «ensayalados», procesando por primera vez a Ignacio de Loyola y a sus cuatro compañeros. Pensaban que podían ser «alumbrados» o «erasmistas».

Los «alumbrados» era un corriente religiosa que preocupaba a la Inquisición, pues formaban reuniones más o menos ocultas, donde leían la Biblia, la comentaban, hacían oración mental y se distanciaban de las costumbres cristianas. Tenían arrebatos místicos y menospreciaban la ascética, es decir, la vida austera renunciando a lo mundano, y llegaban al libertinaje moral.

Y los «erasmistas» eran más cultos y pretendían una reforma de la Iglesia según el modelo del holandés Erasmo de Rotterdam.

Es cierto que Ignacio, en el fondo, buscaba la reforma de la Iglesia, pero desde otro punto de vista distinto al de Erasmo.

Conociendo la existencia de estos dos grupos, no era de extrañar que este estudiante, más mayor de lo habitual y que se reunía con muchas personas y que les hablaba de temas espirituales, despertase las sospechas de la Inquisición.

Después de las investigaciones por parte de la Inquisición, quedó claro que Ignacio y sus compañeros vivían pobremente y «a la manera apostólica» y no encontraron ningún error en su doctrina ni en su vida, y que eran en todo inocentes.

Pero se les ordenó que se cambiaran de ropa, porque no eran religiosos de ninguna orden y no estaba bien que llevasen «hábitos» y se les obligó también que se calzasen, pues andaban descalzos «como los apóstoles».

Al final de este primer proceso, Iñigo de Loyola y sus cuatro compañeros obedecieron e hicieron lo que se les había mandado.

18 de noviembre de… 1598

El 18 de noviembre de 1598 se funda el Monasterio de Dominicas de Santa Catalina de Siena, instalándose en la actualmente «Casa de los Lizana».

Doña Juana de Mendoza y Zúñiga formaba parte de la nobleza alcalaína y de este clan familiar que tanto favoreció para el establecimiento y fundación de varios Monasterios y obras pías en Alcalá de Henares, como el Convento de Franciscanos de Santo Ángel, el Monasterio de Carmelitas Descalzas del Corpus Christi, el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, El Colegio de Dominicos de Santo Tomás, el Convento de los Padres Mercedarios Descalzos, entre otros.

Doña Juana de Mendoza era hija de Lope Alonso de Mendoza, Regidor de la villa de Alcalá, y de Beatriz de Zúñiga.

Estuvo muy vinculada a la Orden de Santo Domingo y vivió célibe, virgen, toda su vida, pero nunca fue religiosa de ningún convento ni monasterio. Su casa fue el lugar donde llevó una vida de recogimiento y soledad. Y curiosamente, en su testamento ordenó que fuese enterrada en el coro de las monjas que quiere fundar y pide que nunca sea abierto para enterrar en él a otras personas, aunque hayan sido Prioras, y lo corrobora con la lapidaria frase «… porque en vida y en muerte soy amiga de soledad».

A fray Diego de San Nicolás, antes de ser canonizado como San Diego de Alcalá, se le atribuye la curación de Juana de Mendoza. Llevaba dos meses con calenturas sin poder moverse de la cama y sin encontrar el remedio para su curación, cuando fue llevada ante el cuerpo incorrupto del fraile. Puesta de rodillas, invocó su intercesión y milagrosamente se curó.

Tiempo después, en noviembre de 1587 falleció en Alcalá de Henares. Fue enterrada en la capilla que sus padres habían comprado en la iglesia de San Justo y Pastor, «hasta que tenga efecto, lo que mediante Dios y su favor, pienso hacer de mi casa y hacienda». Y es que Juana de Mendoza y Zúñiga había dispuesto en su testamento su deseo y voluntad de fundar un Monasterio de Religiosas Dominicas en Alcalá de Henares.

Seguramente Juana de Mendoza no pensó que su obra iba a tener tantos inconvenientes como tuvo para ser fundada.

Los albaceas, el Padre Alonso de Amendaño, Prior del Convento de Dominicos de la Madre de Dios, y el Padre Tomás Guzmán, Rector del Colegio de Dominicos de Santo Tomás, junto con el padre de Juana, don Lope Alonso de Mendoza, se encargaron de la gestión y trámites para llevar a cabo la fundación. Pero chocaron con la oposición de los responsables de la villa y de algunas comunidades religiosas por temor a una rivalidad y competencia en el campo de la predicación, apostolado y, sobre todo, los peculios, los dineros, que recibían de los fieles.

Al final los albaceas tuvieron que recurrir al Papa con la esperanza de conseguir una sentencia favorable por parte del Romano Pontífice. Por esto, tres años después del fallecimiento de Juana de Mendoza, en 1590, el Padre Diego Peredo, que era en ese momento el nuevo Rector del Colegio de Santo Tomás, fue a Roma a entregar personalmente la petición al Papa.

Después de un laborioso y paciente análisis burocrático, el papa Gregorio XIV dio el visto bueno apara que las casas de doña Juana de Mendoza se convirtieran en Monasterio de Santa Catalina de Siena.

Con el permiso en la mano, el Padre Juan de Villafranca, Provincial de los Dominicos, nombró como religiosas fundadoras a tres monjas del Convento de Santo Domingo el Real de Madrid, según el deseo de doña Juana. Estas religiosas fueron Sor Catalina Zapata, Sor Catalina de Güevara y Sor Ana de Santo Domingo.

Y se instalaron, en la casa que había donado doña Juana de Mendoza, el 5 de septiembre de 1598. Al día siguiente, las religiosas abrieron las puertas de la iglesia para el culto público, tañendo jubilosamente las campanas, cuando se presentó el don Gregorio Chaves de Mora, Vicario del Arzobispado de Toledo. Las religiosas se alegraron pensando que se iba a unir a la fiesta de inauguración, pero no fue así. Él, como representante del Arzobispado, tendría que haber dado autorización por escrito después de haber sido solicitado, pero tanto los albaceas como las religiosas estuvieron muy confiados por la autorización del Papa y no pidieron la licencia al Arzobispo.

La orden que recibieron las religiosas fue que tenían que cerrar la iglesia y el monasterio, solicitar por escrito la autorización y esperar la respuesta afirmativa de Arzobispado de Toledo.

Mientras tanto, las religiosas fueron acogidas por las Carmelitas Descalzas de la Purísima Concepción, que ya se habían trasladado a las casas de la calle de la Imagen.

Y dos meses y medio después, tras pagar los diezmos a la Iglesia y conseguir la licencia del Arzobispado de Toledo, tal día como hoy de 1598 se fundó el Monasterio de Dominicas de Santa Catalina de Siena, instalándose en la casa de doña Juana de Mendoza y Zúñiga en la calle de la Victoria, en la actualmente llamada «Casa de los Lizana».

Seis años después de la fundación, en 1604, «por algún daño para la salud y otras incomodidades temporales» las religiosas se trasladaron a su ubicación actual en la actual calle del Empecinado, al antiguo edificio del Colegio de Santo Tomás, ya que ellos se habían trasladado a la calle de Roma, actual calle Colegios.


Más efemérides del 18 de noviembre:

El 18 de noviembre de 1567 el Cabildo de la iglesia Magistral de Alcalá de Henares se traslada a Huesca para hacerse cargo de los restos de los Santos Niños.

El 18 de noviembre de 1577 el arzobispo de Toledo Gaspar de Quiroga y Vela autoriza la fundación del Colegio Menor de Carmelitas Calzados.

16 de noviembre de… 1338

El 16 de noviembre de 1338 fallece en Alcalá de Henares el Arzobispo de Toledo don Jimeno de Luna.

En una efeméride anterior (ver 20 de octubre) hablé que se pueden dividir los Arzobispos de Toledo en tres grupos: Los conocidos por todos, los que nos suenan sus nombres por algún hecho en concreto y los que no conocemos ni el nombre.

La efeméride de hoy trata de un arzobispo que yo lo incluiría en el segundo grupo, el que nos suena de algo, aunque no sepamos muy bien de qué.

Jimeno de Luna fue el iniciador de la saga de los Luna que durante generaciones ejercerían cargos importantes de responsabilidad, entre ellos varios Arzobispos, un Condestable y el famoso papa Luna, Benedicto XIII.

Jimeno de Luna fue nombrado Arzobispo de Zaragoza en 1296 y veintidós años más tarde, en 1317 fue trasladado al Arzobispado de Tarragona.

Y curiosamente, once años después, en 1328, fue nombrado Arzobispo de Toledo por una permuta, por un cambio. El Arzobispo de Toledo era Juan de Aragón, el tercer hijo del rey aragonés Jaime II, que se marchó a Tarragona en 1326, solicitando la permuta, que tardó dos años en ser ratificada por Bula papal de Juan XXII.

Nuestro protagonista de hoy, Jimeno de Luna, por su paso por Alcalá, en 1333, convocó un Concilio Provincial al que asistieron todos los obispos sufragáneos, es decir, pertenecientes a su jurisdicción, donde se trató sobre el decoro de la Iglesia y donde se fijaron penas de excomunión contra los señores feudales raptores, invasores, destructores y ladrones de los bienes religiosos, tal y como había ocurrido durante la minoría de la edad del rey Alfonso XI.

También, en 1334, consiguió del rey Alfonso XI una carta de Privilegio protegiendo a los que acudieran a la feria de Alcalá.

Y en 1336 celebró en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares un Sínodo Diocesano.

Pero tenemos que tratar ahora de un tema dudoso, ya que algunos historiadores afirman que don Jimeno de Luna fue quien mandó embellecer el antesalón de Concilios del Palacio Arzobispal, basándose en los escudos que había en él. Pero otros investigadores históricos dicen que ese escudo era de don Juan de Cerezuela, hermano uterino, sólo de madre, de don Álvaro de Luna, que rigió el Arzobispado un siglo después que su antepasado familiar Jimeno de Luna.

Y tal día como hoy de 1338 falleció en su palacio de Alcalá de Henares don Jimeno de Luna, siendo el primer Arzobispo de Toledo que muere en Alcalá. Está enterrado en la capilla de San Andrés, en Toledo.

(Fotografía de Lladó, hacia 1930).


Más efemérides del 16 de noviembre:

El 16 de noviembre de 1517 desde este año se establece este día como el de recuerdo al cardenal Cisneros; la llamada «Annua Commemoratio Cisneriana».

El 16 de noviembre de 1545 se inicia un Proceso judicial entre la parroquia de Santa María y el hospital de Antezana.

El 16 de noviembre de 1837 la imagen de la Virgen de de la Sabiduría, más conocida por la Virgen de Cisneros, es llevada a la Iglesia Magistral.

El 16 de noviembre de 1980 la Universidad recobra la tradición de la celebración del «Annua Commemoratio Cisneriana».

15 de noviembre de… 1517

El 15 de noviembre de 1517 el rey Carlos I concede a Alcalá de Henares la Feria de san Eugenio o «Feria Chica».

En el transcurso de la historia, varias ferias han tenido lugar en la primero villa y luego ciudad de Alcalá de Henares. La más conocida, por ser la que perdura en la actualidad aunque sea a modo de fiestas, es la que se celebra a finales de agosto.

Pero hay que saber que el origen de las ferias en Alcalá es muy antiguo, ya que el rey Alfonso VIII de Castilla, en el año 1184, hace más de ochocientos años, concedió a la villa de Alcalá el privilegio de celebrar una feria anual, de diez días de duración, a partir del domingo de Quasimodo. Este domingo era el siguiente a la Pascua de Resurrección.

Posteriormente, unos setenta años después, el rey Alfonso X trasladó esta feria a finales de agosto, «allá por San Bartolomé». Como era una feria de carácter comercial y no tenía nada que ver con temas religiosos, el «allá por San Bartolomé» era por la fecha. Se podía haber dicho «allá por el 24 de agosto», pero es una expresión más fría. Por tanto hay que decir que San Bartolomé no tiene nada que ver con Alcalá, ya que los patronos son la Virgen del Val y los Santos Niños Justo y Pastor.

Esta feria era muy importante. Incluso varios reyes redactaron órdenes con privilegios para la feria y para las personas que acudieran a ella.

Pero con la expulsión de los judíos, que eran buenos comerciantes, y con el nacimiento de la Universidad de Alcalá, que cambió las necesidades de Alcalá, la feria de agosto decayó mucho.

Por eso, tal día como hoy de 1517 el rey Carlos I concedió a la villa de Alcalá de Henares la Feria de san Eugenio, también conocida por la «Feria Chica», pensada para el ámbito estudiantil, ya que servía para que profesores, y sobre todo estudiantes, comprasen los libros, paños y cueros que iban a necesitar.

Tras el cierre de la universidad en 1836, la función económica de la ciudad vuelve a centrarse en la agricultura y la ganadería, por lo que la feria de agosto volvió a predominar.

Y esta feria de San Eugenio se tuvo que auto-rediseñar y se le empezó a conocer como «feruela», «feria del cascajo» o «feria de la cebolla» porque quedó para la compra y la venta de los productos de la matanza, como cebollas, especias, cuchillos, barreños o cuencos de barro.

Pero esta feria fue cayendo poco a poco en desuso hasta que se extinguió en 1920.


Más efemérides del 15 de noviembre:

El 15 de noviembre de 1517 son inhumados los restos del cardenal Cisneros en la capilla de San Ildefonso.

El 15 de noviembre de 1727 se celebra una solemne Octava y procesión en Alcalá de Henares por la canonización del primer Rector del Colegio de Carmelitas Descalzos, San Juan de la Cruz.

El 15 de noviembre de 1942 comienzan las obras de la traída del agua del río Sorbe construyendo el depósito regulador.

El 15 de noviembre de 1990 se inaugura la Subdirección Provincial del MEC en Alcalá de Henares.

13 de noviembre de… 1463

El 13 de noviembre de 1463 fallece San Diego de Alcalá en olor de santidad en el Convento franciscano de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares.

La efeméride del día de hoy está dentro de lo que se puede llamar «de confusión», ya que por un lado se celebra hoy y por otro lado se dice que falleció ayer.

Como se lee en el título, la efeméride es que tal día como hoy de 1463 «fallece» fray Diego de San Nicolás, en olor de santidad, en el Convento franciscano de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares. Lógicamente estamos hablando de la persona que a día de hoy conocemos como San Diego de Alcalá.

Y entra la confusión pues los franciscanos toman como fecha más extendida el día de hoy como su fallecimiento. Pero el Martirologio Romano, que es el catálogo oficial de la Iglesia Católica sobre los mártires y santos organizado según el orden de sus fiestas, lo incluye el 12 de noviembre.

En el día 12 de noviembre, el Martirologio Romano dice:

«En Alcalá de Henares, en España, el tránsito de san Diego, Confesor, de la Orden de Menores, distinguido por su humildad; a quien el Sumo Pontífice Sixto V puso en el catálogo de los Santos. Su fiesta se celebra el día siguiente».

Y en el día 13 de noviembre dice:

«En Alcalá de Henares, en España, el tránsito de san Diego, Confesor, de la Orden de Menores, distinguido por su humildad; a quien el Sumo Pontífice Sixto V puso en el catálogo de los Santos.

[Murió el 12 de noviembre y los franciscanos celebran su memoria el 13 del mimo mes]. Nació en San Nicolás del Puerto (Sevilla) hacia 1400, de familia humilde. Muy joven abrazó la vida eremítica en la serranía de Córdoba, entregándose a la oración y al trabajo. A la edad de 30 años ingresó en la Orden franciscana como hermano laico; era analfabeto y se dedicó a los oficios más humildes como hortelano, enfermero, portero. Residió en varios conventos de su Provincia, promoviendo con su ejemplo el movimiento de la observancia. En 1441 partió como misionero a las islas Canarias, donde evangelizó, enseñó a cultivar la tierra y defendió los derechos de los nativos; lo nombraron superior del convento de Fuerteventura, pero se vio abrumado de dificultades. En 1450 se trasladó a Roma, donde atendió a apestados, a pobres y enfermos, curando con su oración a muchos. Pasó sus últimos años en Alcalá de Henares (Madrid), edificando a todos con su santidad y sabiduría evangélica. También es famoso por los milagros que Dios obró por su medio. Murió en Alcalá el 12 de noviembre de 1463.»

Resumiendo podemos decir que la fecha real de su fallecimiento es el 12 de noviembre de 1463 pero por un motivo que se nos escapa de nuestro entendimiento se celebra su onomástica el 13 de noviembre.

Pero me gustaría hablar de Diego de San Nicolás en el tiempo que vivió en Alcalá de Henares.

De los sesenta y tres años que vivió, sólo los siete últimos los pasó en Alcalá, ya que se trasladó al Convento de Santa María de Jesús en 1456.

En ese año el arzobispo Carrillo, que había fundado este Convento, dispuso que se trasladaran a él doce religiosos procedentes del Monasterio de Nuestra Señora de la Salceda, y fray Diego de San Nicolás fue uno de los elegidos. Por tanto hay que decir que San Diego de Alcalá fue uno de los doce frailes fundadores del Convento franciscano complutense.

En éste, fray Diego, que nunca llegó a ser sacerdote, trabajó como hortelano y más tarde como portero.

El propio arzobispo Carrillo le tenía en alta estima y mandó construir una ermita en la propia huerta del convento a petición del humilde fraile.

Según cuenta la historia, y la leyenda lo ha magnificado, fray Diego de San Nicolás hacía milagros allá por donde pasaba. En Alcalá plantó una parra que dio fruto durante más de dos siglos y medio.

Pero el milagro más conocido del santo es el del ramo de flores. Fray Diego «robaba» comida de la despensa del Convento. Todos los frailes lo sabían y hacían la vista gorda, hasta que un día, cuando llevaba una pierna de cordero escondida, un hermano le paró y le preguntó sobre lo que llevaba envuelto en su escapulario. Y fray Diego le dijo que eran flores y al abrir las telas del hábito salieron eso, flores.

Fray Diego de San Nicolás fue muy pacífico, tuvo mucha paciencia y nunca se le oyó palabra de enfado ni disgusto.

Y con resignación vivió y sufrió su dolorosa enfermedad que le llevó a la muerte. Sufrió una apostema en un brazo, que es una acumulación de pus supurado.

Conociendo que se acercaba su fin, se preparó con mucha devoción, recibiendo los Santos Sacramentos. Poco antes de morir, pidió que llamasen a todos los religiosos del Convento y, reunidos entorno a él, les pidió que, por amor a Jesucristo, le diesen hábito, cuerda y paños menores para ser amortajado. Después les dio las gracias, pidió perdón por todas sus faltas y, tomando una cruz de madera que tenía en la cabecera de su «cama», por llamarla de alguna manera, se quedó mirando la cruz fijamente y pronunció en latín:

«Dulce madero, dulces clavos, cruz adorable, que sola tú fuiste digna de llevar al Rey y Señor de los cielos y de la tierra».

Y con estas palabras su Alma abandonó el cuerpo mortal para ir al lado del Padre.

El cuerpo incorrupto de San Diego de Alcalá está en una capilla del lado de la Epístola (lado derecho) de la Catedral Magistral de Alcalá de Henares, y se abre su urna para su veneración sólo un día al año, el 13 de noviembre.


Más efemérides del 13 de noviembre:

El 13 de noviembre de 1672 se consagra la iglesia del Monasterio de Agustinas Descalzas de Santa María Magdalena.

El 13 de noviembre de 1725 el abad Tomás Ezquerra toma posesión de la Cátedra de Prima en Teología.

12 de noviembre de… 1937

El 12 de noviembre de 1937 Manuel Azaña visita por última vez Alcalá de Henares, de la que ha quedado un magnífico reportaje fotográfico y una narración propia.

Como ya comenté en otro efeméride (ver 3 de noviembre), en mayo de 1936 el alcalaíno Manuel Azaña Díaz fue nombrado Presidente de la República, y lo fue durante toda la Guerra Civil hasta febrero de 1939 que dimitió.

Hay que saber que Alcalá de Henares, durante la Guerra Civil fue «zona republicana». Y tal día como hoy de 1937 Manuel Azaña visitó por última vez su ciudad natal Alcalá de Henares.

Cuatro días después de la visita, estando ya en Valencia, escribió en su cuaderno de memorias sus impresiones de la visita a su Alcalá.

En esta visita estuvo acompañado por Juan Negrín, Jefe del Gobierno, por Indalecio Prieto, Ministro de Defensa y por el general Miaja, entre otras autoridades.

Llegaron desde Madrid y aparcaron los coches en la Puerta de Madrid. Ya andando, al pasar por la plaza de los Santos Niños, según cuenta el propio Azaña, vieron las ruinas de la iglesia Magistral y comentó que era una obra muy buena.

Ahora quiero hacer un alto a la narración de esta visita para hacer una pequeña puntualización. Como se sabe, porque está documentado, la iglesia Magistral fue saqueada y quemada por un grupo de milicianos que vinieron de Madrid el día 21 de julio de 1936. Pero mucha gente cree y afirma que fue un ataque de bombas aéreas nacionales. Este error viene justamente de la narración que hizo Manuel Azaña sobre esta visita a Alcalá, ya que textualmente escribió:

«Las puertas de San Justo, de par en par, dejan ver, vacío, el sitio que ocupaba el sepulcro de Cisneros. Era una obra muy buena. La aviación de los rebeldes la ha destruido y gran parte de la iglesia».

Manuel Azaña murió pensando que el ataque a la iglesia Magistral fue por obra de los nacionales, en vez de los milicianos republicanos.

Siguiendo con la narración de la visita de Azaña a Alcalá, andando, como ya hemos dicho, recorrieron toda la calle Mayor hasta llegar a la plaza de Cervantes.

Allí estaban en formación siete mil quinientos soldados, según le informó el militar Valentín González, apodado como «El Campesino»..

Pasaron revista a las tropas y, al llegar a la altura de las ruinas de la Parroquia de Santa María, se fijó en ella y escribió en sus memorias una anécdota sobre su abuelo:

«En el otro extremo de la plaza me detengo unos segundos, para darme cuenta del destrozo de Santa María. Los bombardeos han convertido en solas la antigua capilla “del oidor”, que estaba en un ángulo de la iglesia, un poco fuera de su planta general. La iglesia misma parece estropeada. Veo muros almenados. Creo que no tiene techumbre. Pero la insignificante y fea torre está intacta. Santa María es una iglesia muy buena, pero sin acabar. Debió de faltar dinero para una obra tan importante, y la cerraron de cualquier manera. El cerramiento y la torre, pobrísimos, descendían de la gran traza de la iglesia. Allí guardaban la partida de bautismo de Cervantes. Los fundadores de la iglesia –un matrimonio cuyo nombre no recuerdo- tenían un túmulo, con dos estatuas yacentes. Hace muchos años, no sé qué párroco, con motivo de unas obras, levantó dos bultos y los colocó adosados a un muro, en posición erecta, de modo que los, almohadones en que reposaban las cabezas vinieron a parecer maletas que gravitaban sobre los, hombros. Así los he conocido yo siempre. Recuerdo que mi abuelo, en vejez, cuando se arrellanaba en un sillón para dormir la siesta y se hacía colocar una almohada detrás de la cabeza, le decía al sirviente: “Ponme como los fundadores de Santa María”. Quiere decirse que todo el mundo se reía de aquel disparate. Tengo la noción muy imprecisa de que al fin se remedió, en una restauración de la iglesia».

Después, desde un balcón de la calle Libreros, presidieron un desfile militar. Es curiosa la narración que hizo Azaña sobre lo que vio desde el balcón, que parece que está más atento a la gente que a las tropas:

« Después de la revista, desfile, que presenciamos desde un balcón de la calle Libreros. Entre el gentío, descubro algunas caras conocidas, ya bajo la máscara de la vejez, que me sonríen y a las que me es imposible darles un nombre. En un balcón frontero se agolpa una familia. Al fondo por encima de las cabezas de la gente menuda, una señora grave no me quita ojo. Creerá que está viendo al monstruo, a quien seguramente conoció de pequeño».

Al acabar el desfile hicieron una rápida visita al Ayuntamiento de la ciudad y en las puertas les esperaban los coches, que nuevamente les llevó a Madrid.
Y terminó el relato de la visita escribiendo:

«El público se arremolina, vocifera, nos corta el paso. Mujeres del pueblo suben al estribo del coche, golpean los cristales. Y una, muy dramática, llorosa, se desgañita: “Le he llevado en mis brazos… Sí… En la calle de la Imagen… Le he llevado en brazos…”. ¡Pobre! Mucho tiempo ha pasado».

Toda esta información la he sacado de las memorias de Azaña y como una opinión muy personal mía, he de decir que parece que el alcalaíno Manuel Azaña estaba más atento a los edificios de su ciudad y a sus paisanos que a los propios militares.

10 de noviembre de… 1889

El 10 de noviembre de 1889 la Cofradía de la Virgen del Val encarga al arquitecto municipal Martín Pastells la ejecución de un proyecto y presupuesto para la reconstrucción de la ruinosa ermita.

Una mañana de 1882, al abrir la ermita de la Virgen del Val, la imagen de la Patrona apareció decapitada y caída en el suelo. Este suceso sin aclarar provocó que se decidiera llevar a la Virgen de forma definitiva a la iglesia Magistral. Y este traslado favoreció que la ermita se convirtiera en ruina.

La imagen de la Virgen del Val permaneció en la iglesia Magistral hasta 1902, ya que, con motivo de la obras de restauración de este templo, se trasladó a la antigua iglesia de la Compañía de Jesús, que se convirtió en «Magistral interina», mientras se realizaban las obras.

Aparte, en 1889 la Cofradía de la Virgen del Val y el Ayuntamiento decidieron reconstruir la ruinosa ermita. Y tal día como hoy de 1889 la Cofradía de la Virgen del Val encargó al recientemente asignado arquitecto municipal Martín Pastells la ejecución de un proyecto y presupuesto para la reconstrucción de la ermita.

Martín Pastells como arquitecto municipal, entre otros trabajos, fue el autor del proyecto de alineación de muchas calles y de la demolición de las casas de la plaza de Abajo para crear la actual plaza de los Santos Niños. Como arquitecto conservador intervino en la Parroquia de Santa María la Mayor, en el Convento de Dominicos de la Madre de Dios y en la Puerta de Madrid. También diseñó el Cementerio Municipal, la casa nº 90 de la calle Mayor, el Círculo de Contribuyentes, la Fábrica de Electricidad de la calle Cardenal Sandoval y Rojas, que actualmente es el Centro de Interpretación Burgo de Santiuste, y el antiguo Hotel Cervantes, en la plaza de Cervantes.

Volviendo a la ermita de la Virgen del Val, Martín Pastells presentó un proyecto de ermita de estilo neogótico de colosales dimensiones. Y como la Cofradía estaba escasa de recursos económicos, decidió colocar los planos en el pórtico de la ruinosa ermita con un cepillo para recibir donativos que destinarían a su construcción.

A pesar de las pocas adquisiciones económicas, seis años después de presentar el proyecto, en 1895, la Junta de la Cofradía acuerda edificar el nuevo templo, construyéndolo sin demoler la antigua ermita, de modo que ésta quedaba dentro de la nueva para poder utilizarse para los cultos de la Cofradía, hasta que ésta estuviese terminada y luego se demolería. Y lógicamente se llevó a cabo otra suscripción popular para recaudar fondos.

Con la entrada de los primeros dineros se empezó la obra en 1896, pero tres años después, en 1899, los trabajos se paralizaron por falta de fondos.

No existen noticias sobre las obras de reedificación de la ermita hasta el año 1912 que unos hermanos de la Cofradía pidieron a la Junta que se retomase las obras. Pero no había presupuesto y la iniciativa se quedó en nada.

En 1917 comenzó una nueva iniciativa para la construcción de la ermita, por lo que se empezó a recaudar fondos.

Se creó el slogan «La Virgen pobre, Nuestra Patrona no tiene casa», y con esto se organizó una becerrada que, curiosamente, las reses fueron lidiadas por oficiales de Caballería, dos redactores del periódico «Castilla» y un alemán que con motivo de la I Guerra Mundial había sido internado en Alcalá.

También se organizó un teatro con actores aficionados complutenses y que interpretaron la obra «Canción de cuna», y en vez de vender las entradas de los palcos, se subastaron para subir el precio.

Se sortearon casi un centenar de muñecas con vestidos confeccionados por jóvenes alcalaínas, ataviadas con trajes regionales y hasta un «macero complutense».

Al año siguiente, en 1918, se volvieron a realizar becerradas y representaciones teatrales.

Con todo lo recaudado, en julio de 1918 se retornaron las obras de la nueva ermita diseñada por Martín Pastells. En septiembre de ese año de 1918 se empezó a demoler la antigua ermita, cosa que no gustó a muchos cofrades, que provocaron un nuevo parón en las obras.

A finales de 1922 se volvió a celebrar una función teatral para recaudar fondos. Pero en 1923 tuvo lugar el golpe de Estado de Primo de Rivera y fue nombrado un nuevo Ayuntamiento en Alcalá de Henares.

Este nuevo Consistorio hizo suyo el afán de la construcción de la nueva ermita, pero tomaron la decisión de construir una ermita de menores dimensiones a la diseñada por Martín Pastells, por lo que se pidió al nuevo arquitecto municipal José Arpiroz que presentase otro proyecto.

Azpiroz respetó lo ya construido y su proyecto fue el que finalmente se llevó a la práctica.

Por tanto, para finalizar, hay que decir que la ermita que actualmente contemplamos es una mezcla de dos proyectos diseñados por Martín Pastells y José Arpiroz.


Más efemérides del 10 de noviembre:

El 10 de noviembre de 1567 el rey Felipe II presiona en Aragón con varias cartas para conseguir la devolución a Alcalá de Henares de las reliquias de los Santos Niños.

El 10 de noviembre de 1965 el Ministerio de Trabajo pide terrenos al Ayuntamiento de Alcalá de Henares para construir la Universidad Laboral.

9 de noviembre de… 1990

El 9 de noviembre de 1990 el Colegio de Abogados se traslada al restaurado Colegio Menor de Teólogos de la Madre de Dios.

En marzo de 1513 el cardenal Cisneros firmó la promulgación de las Constituciones de los Colegios Menores de estudiantes pobres del Colegio Mayor de San Ildefonso. Y con la firma ya se consideran fundados.

Uno de estos colegios era el Colegio Menor de Teólogos de la Madre de Dios, que aunque su nombre original da cierta información, no la da del todo correcta, ya que este colegio se creó para dieciocho alumnos de teología… y seis de medicina. En total, contaba con veinticuatro becas.

Fue uno de los colegios más prestigiosos de Alcalá, ya que de él salieron cuarenta obispos y veinte médicos reales.

Y se decía que si se perdían todos los libros de Teología y Filosofía del mundo, los profesores de este colegio serían capaces de escribirlos nuevamente.

Una anécdota acaecida en este colegio fue que dos colegiales estaban asomados a un balcón del colegio cuando uno de ellos dijo:

– Famoso sitio para edificar colegios. En esta calle hemos de fundar dos, cada uno el suyo.

El otro colegial pensó que su compañero soñaba demasiado.

Pero años después, en 1589, el colegial García de Loaysa, que luego sería arzobispo de Toledo, fundó el Colegio Menor de San Clemente Mártir, conocido por el Colegio de los Manchegos, y el otro colegial, Juan Alonso Moscoso, siendo ya obispo de Málaga, fundó en 1601 el Colegio Menor de San Ciriaco y Santa Paula, más conocido por Colegio de Málaga.

También como curiosidad podemos decir que en este Colegio Menor de la Madre de Dios fue donde el licenciado Francisco Murcia de la Llana firmó la Fe de erratas del la primera parte de «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha».

Este colegio desapareció en marzo de 1779 cuando el rey Carlos III fusionó las fundaciones cisnerianas en un único colegio con el nombre de Colegio de la Inmaculada Concepción, independiente del Colegio Mayor de San Ildefonso.

Tras la Desamortización y la compra del edificio y de toda la manzana cisneriana por parte de la Sociedad de Condueños, el edificio fue cuartel de la Guardia Civil hasta el año 1983.

El edificio del colegio estaba situado en la calle Colegios, esquina callejón de Santa María. La fachada se encuentra enmarcada entre dos torreones, siendo una arquitectura típica de los colegios del siglo XVI. Tiene una escalera principal que separa los dos patios. El salón de actos, que está en la planta superior, está cubierto por un techo de madera propio del siglo de la fundación.

Cambiando de tema, un acontecimiento muy importante acaecido en Alcalá de Henares sucedió en 1348. El rey Alfonso XI presidió las Cortes Generales de Castilla y en ellas se otorgó el llamado «Ordenamiento de Alcalá», siendo la fuente primordial del Derecho Español.

Varios siglos después, recogiendo el testigo de la tradición jurista de la Universidad de Alcalá de Henares y muy en especial, de la Academia Complutense de Jurisprudencia, instituida por el rey Felipe V en 1740, el Ilustre Colegio de Abogados de Alcalá de Henares se constituyó en abril de 1850.

Y tal día como hoy de 1990 este Ilustre Colegio de Abogados se trasladó al antiguo pero restaurado Colegio de Teólogos de la Madre de Dios.


Más efemérides del 9 de noviembre:

El 9 de noviembre de 1503 la iglesia del poblado de Los Hueros queda bajo la tutela de la Parroquia de Santiago de Alcalá de Henares.

El 9 de noviembre de 1889 nace en la calle del Ángel de Alcalá de Henares Andrés Saborit, tipógrafo, periodista y político.

8 de noviembre de… 1517

El 8 de noviembre de 1517 fallece el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, fundador de la Universidad de Alcalá, en Roa (Burgos).

Hoy, en la conmemoración del V centenario, en vez de explicar la efeméride, os voy a poner el capítulo sobre este acontecimiento de mi libro «Complutenses por el tiempo» que, Dios mediante, verá la luz este próximo mes de diciembre.


Hoy, 8 de noviembre de 1517, nos hemos trasladado a Roa, villa de la provincia de Burgos, siguiendo los pasos del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.

Como sabrán, tras la muerte del rey Fernando II de Aragón acaecida en el año 1516, por disposición testamentaria, el cardenal Cisneros fue nombrado Presidente del Consejo de Regencia de Castilla hasta que el príncipe Carlos de Gante venga a España para ocupar el trono. Parece ser que el príncipe está deseoso de reinar pero sus consejeros, no. Por eso han retardado su llegada a España más de año y medio. Al final ha desembarcando en el puerto de Tazones, parroquia del concejo asturiano de Villaviciosa, el 19 de septiembre de este año. Como era de predecir, aunque el príncipe le ha dado licencia para que se retire a su diócesis a descansar de las fatigas de su laboriosa vida, el cardenal Cisneros ha salido a su encuentro sin demora. Al final han acordado reunirse en el pueblo de Mojados, cerca de Valladolid, pero se ha hecho un alto en el camino en Roa para que descanse el Prelado.

En estos momentos estamos en la casa principal de un abogado, cuyo nombre no nos ha sido facilitado, en la puerta de la estancia donde se encuentra en cama el anciano cardenal Cisneros. Junto a él vemos que están don Pedro de Lerma, que es el abad de la Colegiata de Alcalá de Henares, el arcediano Antonio Rodríguez, el doctor don Fernando de Balbás y varios religiosos franciscanos. Según hemos sido informados, el cardenal ha recibido el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y después han cerrado la puerta para recibir la confesión y la santa extremaunción.

Acaban de abrir la puerta de la estancia y vemos al cardenal con un crucifijo en las manos. Él lo está mirando y entre suspiros oímos que está pidiendo perdón por sus pecados, invocando en su ayuda a su Madre, María Santísima, y a otros santos. Nos vamos a quedar en silencio pues parece que va a decir algo en voz alta.

—In te Domine esperavi; non confunda in eternum. (1)

Son las tres y media de la tarde. Hemos de informar que en estos momentos ha dado fin la vida de este varón incomparable en quien se han visto unidas las armas y las letras, la humildad y la púrpura, la santidad y el gobierno político, la severidad y el agrado, las ocupaciones y la sabiduría, la observancia religiosa y la majestad, la liberalidad para los pobres y la austeridad para consigo.

Vemos que están hablando a un lado los religiosos. Sí, parece que un fraile se acerca a donde estamos situados.

—Perdonen, vamos a cerrar la puerta porque han de vestir de pontifical al Cardenal y le van a sentar en una silla para que la gente le bese la mano.

—Perdone, hermano, según hemos entendido su deseo era que se le vistiera con el sayal franciscano.

—Exacto, pero sobre él le colocaremos los ornamentos pontificales de su jerarquía eclesiástica como corresponde.

—Su deseo era que le embalsamen. ¿Lo van hacer?

—Eso no lo puedo decir a ciencia cierta, pero seguramente, sí, le embalsamaremos. Ahora, si me disculpan…

—Muchas gracias, hermano.

Acaban de cerrar la puerta para prepararle. Seguramente el cuerpo del Cardenal estará varios días en esta localidad de Roa hasta que dispongan el viaje para su vuelta a la villa de Alcalá de Henares, donde el propio prelado ha mandado que sea enterrado.

Para «Complutenses por el tiempo», Juan de Martín.

(1) A ti, Señor, me acojo; no quede yo nunca defraudado. (Salmo 31).


Más efemérides del 8 de noviembre:

El 8 de noviembre de 1661 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares solicita por segunda vez el Título de Ciudad.

El 8 de noviembre de 1776 reforman las Ordenanzas de los colegios menores de la Universidad de Alcalá, suavizando la vida en ellos.

El 8 de noviembre de 2005 se termina la construcción de la Torre Garena de Alcalá de Henares, con la firma del Certificado de Final de Obra por los arquitectos Joaquín Pallas y Gonzalo Bárcenas y los arquitectos técnicos Narciso Montero y Mª Teresa Serrano.