17 de febrero de… 1624

El 17 de febrero de 1624 las veinticuatro Formas Incorruptas se trasladan a una custodia de planta donada por el cardenal Agustín Espínola, Arzobispo de Sevilla y Santiago.

La historia del milagro de las Sagradas Formas de Alcalá de Henares tuvo su origen en mayo de 1597. Un anónimo penitente llegó al Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Alcalá solicitando confesión al padre jesuita Juan Juárez. En mitad de la confesión, aquel hombre entregó al jesuita un papel que envolvía veintiséis Formas Consagradas que, según manifestó, provenían de robos sacrílegos de varias iglesias.

Juan Juárez, ya con las Formas en su poder, pidió consejo al Padre Vázquez, filósofo y profesor de Teología en aquel Colegio. Como no sabían la procedencia de las Formas, y temiendo que pudieran estar envenenadas, acordaron colocarlas en un lugar decente, para evitar irreverencias, y esperar a que se corrompieran por sí solas.

El Padre Juárez las guardó en una cajita y las depositó entre unas reliquias del lado del Evangelio del altar mayor, es decir, según se mira al altar, al lado izquierdo.

Pasado algún tiempo, el Padre Juárez fue a ver las Formas guardadas pa ver si ya estaban corrompidas, pero las encontró blancas y hermosas como si se acabaran de hacer.

El Padre Luis de la Palma, Rector del Colegio, visitó las Formas y decidió que fueran trasladadas a un sitio húmedo, para favorecer la corrupción de las especies. Las colocaron en una capilla baja situada detrás de la sacristía, y el Padre Juárez colocó junto a ellas otras formas sin consagrar.

Pasados algunos meses observaron que las formas no consagradas estaban totalmente corrompidas, permaneciendo las otras en perfecto estado de conservación. Allí estuvieron hasta marzo de 1609, doce años después de la entrega.

En esa fecha visitó las Sagradas Formas el Padre Bartolomé Pérez, Provincial de la Orden, y mandó que, como estaban perfectamente conservadas, se colocasen en el altar mayor, al lado del Evangelio, en el lado izquierdo.

El caso se manifestaba como un verdadero miago, pero todavía no se había declarado oficialmente.

Pasados seis años, en abril de 1615 llegó a Alcalá el Padre Luis de la Palma, antiguo Rector del Colegio y por entonces nuevo Provincial de la Orden. Vio de nuevo las Formas y levantó testimonio del hecho milagroso. Crecía cada vez más la fama del milagro, y en julio de 1619, veintidós años después de la entrega, una Junta de Doctores de la Universidad declaró oficialmente el milagro de las Sagradas Formas.

La calificación del milagro se ratificó, en junio de 1622, por el doctor Álvaro de Villegas, Primado de España; en enero de 1634 por don Francisco de Mendoza, Obispo Gobernador de Toledo y en marzo de 1682 por don Alonso Martínez Abad.

Y tal día como hoy de 1624 se trasladaron las veinticuatro Formas Incorruptas a una custodia de planta donada por el cardenal Agustín Espínola, Arzobispo de Sevilla y Santiago.

La custodia, que se conservó hasta 1936, era de plata sobredorada. Medía 90 centímetros de altura y estaba rematada por una cúpula de media naranja. Debajo de la cúpula había una linterna ochavada con tres viriles en cada lado, es decir, un «tubo» de ocho lados y en cada lado había tres Formas colocadas verticalmente. En el pié de la custodia estaba el escudo del cardenal Espínola en esmalte.

En el transcurso del tiempo se rompieron varias Formas para ver si una vez partidas, se corrompían más rápidamente. Por eso fueron entregadas veintiséis Formas, pero se conservaron solamente veinticuatro.

Respecto a las dos Formas partidas que no se pudieron colocar en la custodia, se guardaron en una cajita de nácar. Después de unos años, las partículas se hallaron reducidas a polvo y, por último, se arrojaron a agua bendita.

Desde entonces la fiesta anual se celebra siempre el quinto domingo de Resurrección, con indulgencia plenaria para los que participases en ella. Esta indulgencia la concedió el papa Pío VI en 1789. Aunque ha habido periodos de tiempo sin esta celebración, actualmente se sigue celebrando.


Más efemérides del 17 de febrero:

El 17 de febrero de 1241 el arzobispo de Toledo don Rodrigo confirma la donación vitalicia que Alcalá había hecho del pueblo de Vilches a don Domingo Pérez, canónigo de Toledo, para que en ella percibiese los derechos tocantes al señorío y al concejo.

El 17 de febrero de 1486 el papa Inocencio VIII da facultades a la Colegiata de los Santos Justo y Pastor para enajenar sus bienes.

El 17 de febrero de 1701 procedente de Versalles, el joven rey Felipe V llega a Alcalá de Henares y pernocta en el Palacio Arzobispal.

El 17 de febrero de 1716 Felipe V firma una Real Cédula renovando el Juro perpetuo de Carlos I a la iglesia Magistral..

El 17 de febrero de 1941 Se reconstruye el Convento de Santa Clara para que lo vuelvan a habitar las religiosas.

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15 de febrero de… 1527

El 15 de febrero de 1527 entra a estudiar con una beca en el Colegio Mayor de San Ildefonso Mateo Pascual, futuro fundador del Colegio de San Jerónimo o Trilingüe de Alcalá de Henares.

Poco se sabe del nacimiento de Mateo Pascual. Unos estudiosos creen que su origen es aragonés, mientras que para otros sería catalán. Según las últimas investigaciones se cree que nació en Tarragona, hacia el año 1499.

Tal día como hoy de 1527 Mateo Pascual entró a estudiar con una beca en el Colegio Mayor de San Ildefonso.

Con la mentalidad del siglo XXI diríamos que el Rector de un Colegio debe ser un maestro del centro. Pero antiguamente, en la Universidad de Cisneros, el puesto de Rector recaía en un estudiante, en un colegial.

Por eso, en el curso siguiente Mateo Pascual fue nombrado Rector del Colegio Mayor, tomando posesión en octubre de 1528.

Y ese mismo año fundó el Colegio Menor de San Jerónimo, también conocido por el Colegio Trilingüe.

Hay que decir que este colegio era post-cisneriano, ya que originalmente fue concebido por el cardenal Cisneros, pero su realización se demoró algunos años.

El objetivo de ese colegio era la preparación básica de los alumnos para continuar la carrera universitaria. Por eso en este colegio se estudiaba las tres lenguas clásicas: griego, latín y hebreo.

En un principio estaba ubicado en una manzana de casas en la actual plaza de San Diego, haciendo esquina, y sus fachadas daban enfrente del Convento de Franciscanos de Santa María de Jesús y del Colegio Menor de San Pedro y San Pablo.

Pero en 1589 se demolió este edificio, junto a las demás casas de las dos manzanas, para crear una gran plaza para que se viera toda la fachada del Colegio Mayor.

Durante algunos años el Colegio Trilingüe permaneció cerrado, y en 1610 se reestableció, pero ya en otra ubicación: en el patio del Teatro o Paraninfo.

Pero volviendo al protagonista de esta efeméride, ¿verdaderamente fundó este Colegio Menor costeando todos los primeros gastos? ¿O simplemente fundó el Colegio en calidad de Rector del Colegio Mayor de San Ildefonso, pero no a título personal? Estudiosos de la materia se inclinan más a la segunda posibilidad, por dos razones:

1) Se sabe que tenía un limitado patrimonio. E incluso, durante su regencia contrajo muchas deudas económicas. Por lo tanto le hubiese sido difícil costear un colegio a sus expensas.

2) Era un Colegio proyectado por el cardenal Cisneros, dentro del grupo de sus colegios para pobres, y es razonable que el Colegio Mayor hiciera cumplir la voluntad de su fundador.

Pero el motivo no importa para nuestra efeméride. Lo importante es que de una manera o de otra, Mateo Pascual, fundó el Colegio Menor de San Jerónimo, también llamado Colegio Trilingüe.


Más efemérides del 15 de febrero:

El 15 de febrero de 1602 fallece Catalina de Mendoza, mecenas de la iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, actual parroquia de Santa María.

10 de febrero de… 1129

El 10 de febrero de 1129 el rey Alfonso VII y la reina doña Berenguela donan las tierras complutenses al Arzobispado de Toledo.

En junio de 714 la ciudad romana de Complutum fue ocupada por los árabes. Luego una guarnición berebere, capitaneada por el general Soleimán, se situó en el cerro del Ecce Homo donde más tarde levantaron la fortificación llamada Al-kal’a en Nahar.

En mayo de 1118 el arzobispo de Toledo don Bernardo de Seridac conquistó la plaza musulmana de Al-kal’a en Nahar para la Corona de Castilla.

El arzobispo Bernardo de Seridac falleció en 1124 y le sucedió en la Cátedra Toledana don Raimundo de Sauvetat

Y tal día como hoy de 1129, once años después de la conquista, el rey Alfonso VII y la reina doña Berenguela donan las tierras complutenses al Arzobispado de Toledo, convirtiéndose el arzobispo don Raimundo de Sauvetat en el primer Señor de Alcalá.

La primero villa y luego ciudad de Alcalá de Henares dependió de los Arzobispos de Toledo durante setecientos cincuenta y seis años, ya que en julio de 1885 se separaron al crearse el Obispado de Madrid-Alcalá.

El texto de la donación de Alcalá al Arzobispado de Toledo reza así:

«Yo el Rey Don Alfonso, juntamente con la Reyna mi mujer, Doña Berenguela, siguiendo la costumbre loable de nuestros predecesores, hago libre voluntaria donación a la Santa Iglesia de Toledo, consagrada a María Señora Nuestra, y a Vos su Arzobispo don Raymundo, y a todos sus Prebendados Canónigos que en ella religiosos sirven, del Castro que ahora se dice Alcalá, pero antiguamente Compluto, con todos sus términos antiguos y que tuvo cuando más floreció, así en tiempos de los Sarracenos como el de nuestro abuelo, de buena memoria, Rey Alfonso; conviene a saber, con las Tierras, Prados, Ríos, Pesquerías, Viñas, Huertas, Montes, Árboles frutosos y silvestres, Villas, Aldeas, como pertenecen al Real Derecho; y así de todo os hago donación y a vuestros Sucesores, por las almas de mis Padres, y remisión de mis culpas, para que lo poseáis, y los pobléis y lo tengáis por juro de heredad perpetuamente, etc. Fecha esta Carta al cuarto día de los Idus de febrero, en la Era mil ciento y sesenta y cuatro. Yo Don Alfonso, por la gracias de Dios Emperador de España, lo que mandé hacer, lo confirmo con perpetua firmeza. Sello real. Raymundo, arzobispo de Toledo lo confirmó. Siguen firmas… Pelayo Ariz, escribano real, lo escribió y lo confirmó».


Más efemérides del 10 de febrero:

El 10 de febrero de 1771 el rey Carlos III otorga las Ordenanzas para Alcalá de Henares.

9 de febrero de… 1515

El 9 de febrero de 1515, promovida por el cardenal Cisneros, el pueblo y la nobleza de Alcalá de Henares suscriben la Concordia de Santa Lucía.

El cardenal Cisneros estuvo muy preocupado por los problemas de la villa de Alcalá de Henares. Prueba de esto son las distintas Provisiones y Ordenanzas que dio, entre las que hay que destacar el Fuero Nuevo de 1509.

Uno de los problemas fue el enfrentamiento que hubo entre el Concejo, formado por nobles, y los pecheros, que eran la gente del pueblo que pagaba impuestos, pero que no tenían representación en el Concejo. Y en 1513 el Cardenal firmó una Provisión que decía que el Concejo tenía que admitir a un Procurador elegido por el pueblo, siempre y cuando la persona elegida fuese hábil y suficiente para desempeñar su cargo.

Esta situación determinaba frecuentes conflictos entre los nobles y los pecheros, que Cisneros decidió cortar de raíz, y tan día como hoy de 1515, promovida por el Cardenal, los nobles y los pecheros suscribieron la Concordia de Santa Lucía.

Se llamó así porque el Concejo tenía su sede en la Ermita de Santa Lucía y la reunión donde se acordó esta Concordia se realizó ahí.

Y el contenido de la Concordia decía que los vecinos pecheros renunciaban al oficio del gobierno de la villa y que en adelante sería regido por los nobles Caballeros Hijosdalgo, elegidos éstos cada año.

A partir de ese momento se ponía fin al régimen de Concejo Abierto, quedando el gobierno de la villa exclusivamente en los caballeros, la aristocracia local.

Como contrapartida, en adelante los pechos y derramas reales y arzobispales se abonarían con cargo a los Propios de la villa, salvo que resultasen insuficientes.

Esta Concordia de Santa Lucía fue confirmada por el cardenal Cisneros a principios del mes de marzo de ese mismo año 1515.


Más efemérides del 4 de febrero:

El 9 de febrero de 1408 el rey Juan II de Castilla visita Alcalá de Henares.

El 9 de febrero de 1989 se pone en funcionamiento la nueva estación de tren de Alcalá de Henares.

8 de febrero de… 1510

El 8 de febrero de 1510 el cardenal Cisneros contrata el órgano de la Capilla de San Ildefonso al organista toledano Nicolás Pérez.

La construcción del primer órgano para la Capilla de San Ildefonso se realizó, aparte de para cubrir las necesidades litúrgicas del templo, para igualarse con la capilla de la Universidad de Salamanca, ya que en marzo de 1509 esta Universidad compró varios órganos para su iglesia.

Por eso, tal día como hoy de 1510 el cardenal Cisneros acordó con el organista toledano Nicolás Pérez la realización de un órgano para la Capilla de San Ildefonso.

Las condiciones que se establecieron para la realización del órgano fueron:

«[…] que sea de unaba y sea el caño principal de nueve palmos. Sean las diferencias tres, conviene a saber, flautado y chirubelado, cinco caños por puntar lo más alto. Del metal que sea estaño sin otra mistura e el grueso que fuere menester el caño. Así mismo del juego sea cumplido al uso común. Sean las uñas del juego de box sin nudo muy polido, los semitonos negros e longos y no hunda lo necesario. Así mismo sea la caxa de nogal almenada e sin nudo, el somero sea de la madera que fuere mas convenible e échesele las diferencias con dos registros. Los fuelles sean encorporados en el caxon mesmo e entónense por sus agujeros con sus corcones, e puédanse cerrar e abrir cada e quando quisieren con su llave. Ansi mismo que los ha de dar asentados dándole hecha la tribuna. Los quales ha de dar asentados para el día de Santa María de agosto inclusive […]».

Hay que decir que el toledano Nicolás Pérez fue el mismo organista que realizó los instrumentos para la Universidad de Salamanca.

El primer organista músico del que tenemos noticias fue Diego de Herrera que fue nombrado por el propio cardenal Cisneros. Existe un documento, fechado en 1512, sobre su remuneración como instrumentista:

«En principio de enero de mil y quinientos y doze años recibieron Rector y Consiliarios al bachiller Herrera para tañer los órganos del Colegio al cual damos dos mil maravedís por un año contado desde el principio de enero año».

A este primer órgano se fueron uniendo otros. Esta capilla llegó a tener hasta cuatro órganos al mismo tiempo. Pero cuando se cerró la Universidad, la Capilla de San Ildefonso tenía solo un órgano.

(Fotografía tomada de la página web de Alcalá Hoy – http://www.alcalahoy.es – … Gracias).


Más efemérides del 8 de febrero:

El 8 de febrero de 1348 en las Cortes Generales de Castilla, el rey Alfonso XI otorga el el «Ordenamiento de Alcalá».

El 8 de febrero de 2005 fallece el historiador Javier Tusell, enterrado en el cementerio viejo de Alcalá.

4 de febrero de… 1911

El 4 de febrero de 1911 Manuel Azaña pronuncia un discurso titulado «El Problema Español», como acto inaugural de la «Casa del Pueblo» situada en la calle Escritorios nº 9 de Alcalá de Henares.

Sin querer entrar en política, solo en un hecho histórico de nuestra ciudad, recordamos que tal día como hoy de 1911 el joven de 30 años Manuel Azaña pronunció un discurso titulado «El Problema Español», como acto inaugural de la «Casa del Pueblo», situada en la calle Escritorios nº 9 de Alcalá de Henares.

Sin más comentarios, el texto del discurso, aunque es algo largo, fue éste:

«Me propongo, cediendo a vuestra cariñosa invitación, hablaros en esta y en sucesivas conferencias de unos cuantos temas que, a mi juicio, os deben interesar. De esta manera, al mismo tiempo que organizo y expongo en forma polémica mis ideas, contribuyo en la medida de mis fuerzas a la prosperidad de esta Casa, que ahora comienza a vivir. Siempre os agradeceré que me hayáis proporcionado esa doble satisfacción moral.

Pertenezco a una generación que está llegando ahora a la vida pública, que ha visto los males de la patria y ha sentido al verlos tanta vergüenza como indignación, porque las desdichas de España, más que para lamentarlas o execrarlas, son para que nos avergoncemos de ellas como de una degradación que no admite disculpa. Yo recuerdo los tiempos en que nos hacíamos hombres, cuando comenzaban a llegar a nuestros oídos los primeros ecos de la vida nacional, y recuerdo, como recordaréis todos, que sólo percibíamos palabras infames: derrota, venalidad, corrupción, inmoralidad…

Y era lo más triste que el pueblo parecía conforme con este oprobio y se revolcaba satisfecho en un cenegal sin creer en sí mismo, ni en sus hombres, ni en su destino histórico; sólo creyó en su miseria; recreándose en ella lo negó todo: la justicia y el derecho cuando vio impunes los crímenes de lesa patria; la libertad porque la sombra de ella consignada en las leyes no le impidió la caída y suspiró por un amo que le hiciera marchar a latigazos ya que él no era capaz de andar solo; negó también la historia —una historia ficticia, inventada por el fanatismo para nutrir la superstición— y, por último, se negó a sí mismo, rehusándose el derecho a vivir, y temió o esperó, no se sabe, una injerencia extranjera o una repartición.

De todas las numerosas y antiguas causas que produjeron en la nación española este estado moral, nosotros, los hombres de mi generación, somos absolutamente irresponsables. Nos horroriza el pasado, nos avergüenza el presente; no queremos ni podemos perder la esperanza en el porvenir, y, con toda la energía y toda la razón del que por culpas ajenas se ve envuelto en desgracias no merecidas, hemos alzado la voz de nuestra protesta y trabajamos porque el mal no se perpetúe. Comprenderéis perfectamente que sólo por este medio conservaremos nuestro derecho a la crítica; no podremos erigirnos en jueces si nos hacemos culpables de las mismas faltas que tratamos de condenar. De ahí nuestro propósito y el empeño vivo de esta noche, de correr en misión la tierra española queriendo persuadir a nuestros conciudadanos de que hay una patria que redimir y rehacer por la cultura, por la justicia y por la libertad.

Por la cultura he dicho y si lo meditáis bien comprenderéis que lo he dicho todo. Porque el milagro realizado en aquellos españoles que han logrado disipar las espesas tinieblas que al espíritu nacional envuelven desde hace siglos, queremos que se extienda en sus efectos y vivifique a todas las masas del pueblo. Lo queremos por necesidad íntima y cordial de nuestra alma, lo queremos por la salud de la patria. Ya es tiempo de que la nación española deje de ser un pueblo ignorante y aborregado, que no sabe de sí absolutamente nada, ni de sus cualidades ni de sus defectos, ni de lo que le debe la civilización universal ni de las deudas que a su vez tenga para con la civilización misma. Es preciso reconstruir la conciencia nacional para que el solar patrio deje de ser un campo de desolación sobre el que de vez en cuando se levanta un alma grande a llorar los desengaños y las desventuras y a profetizar otras mayores: unas veces con la desconsolada burla de Cervantes, en cuyo libro palpita un pueblo que se ha sentado al borde del camino de la historia, renunciando a su destino; otras con la desgarrada procacidad de Quevedo; que, en tiempos más próximos, halla su expresión en la amarga protesta de Fígaro y en nuestros días suena en los discursos y en los escritos de Joaquín Costa con los acentos de una maldición.

Este espectáculo, ya secular, de un pueblo inerme, que fluctúa entre deseos que no sabe expresar, a merced de corrientes espirituales que le envuelven y que desconoce, sintiendo dentro de sí energías que se disipan por falta de empleo, es preciso que concluya. Es preciso que el pueblo español tenga, como Saulo, su camino de Damasco; que se horrorice de su lepra, que llore lágrimas de sangre por un ideal de vida que, de momento, no podrá alcanzar, que luche y forcejee, en suma: que prepare los caminos a las generaciones que vendrán, contentándose con ver desde muy lejos la tierra prometida. Tal es el móvil inspirador de esta campaña. Una vez expuesto no necesito deciros que no vengo a soliviantar las pasiones, ni a provocar un estallido de los rencores latentes, ni a producir un fugaz y pasajero movimiento de protesta. Sí quiero que pase a vuestro corazón una chispa de este convencimiento que arde en el mío con tan viva llama, quiero ayudaros a razonar vuestro descontento, a señalar las causas de él, a desbrozar el camino por donde se va al remedio. Más que una momentánea adhesión, busco y deseo que en vosotros quede un germen, un sedimento, que en vuestra soledad y en vuestro vivir cotidiano iréis elaborando por la reflexión tranquila; si llega a echar raíces y a ser la norma de vuestra conducta, el fruto de esta campaña se habrá conseguido.

Comprenderéis que pensando de este modo mi puesto estaba entre vosotros, cooperando desde el primer día a los fines de esta Casa. Comprenderéis, también, que su fundación me llenase de júbilo, porque la Casa del Pueblo de Alcalá, sin perjuicio y al mismo tiempo de ser una piedra más llevada a un gran edificio nacional y hasta universal, un pequeño arroyo que viene a engrosar una corriente ya poderosísima, puede ser, debe ser, y yo espero que será, en esfera más reducida, un soplo de aire vivo, que rice y purifique las aguas infectas de este pantano que es la vida política alcalaína. Y lo será, porque estas casas son los hogares del progreso, especificado en una de sus más irresistibles tendencias: la que poniendo atención, prestando oídos a las reivindicaciones de las clases bajas, quiere hacer obra de justicia social, difundiendo la cultura y el bienestar por la práctica de la democracia pura, entendiendo por democracia, con Azcárate, no una clase que haya de sobreponerse a las demás ni un procedimiento más o menos violento de llevar a cabo y realizar éstas o las otras ideas, y si esta fuerza nueva, este nuevo principio, este nuevo sentido del derecho y de la vida política, más amplio, más universal, más humano, que ha encarnado en la conciencia de los pueblos después de haber sido madurado en la esfera del pensamiento y que está hoy inspirando a las sociedades modernas. Aquí han de prepararse las luchas políticas y económicas, y esa preparación no puede ser otra que la organización de la victoria.

No basta que cada uno de nosotros, aisladamente, sienta la necesidad de la reforma impulsado por un ideal; no basta, aunque ya es mucho, que cada cual por sí quiera ejercer sus funciones de ciudadano. Es necesaria la cohesión, la unidad del esfuerzo. Nosotros somos como las varas de un haz que, una por una, cualquiera nos romperá, pero si nos atamos y nos ligamos con fuerza, estrechamente, nada ni nadie será bastante fuerte para doblegarnos. A esta verdad, profundamente humana, responden estas instituciones; agrupan, cuentan, auxilian a los hombres, para que tengan quien los anime y quien los vigile, para que nunca se vean solos con sus pequeñas pasiones, con sus cobardías, ni con sus desgracias, ni abandonados al empuje brutal de la codicia ajena, en cualquiera de sus formas. Responden además a este hecho, que cualquiera puede comprobar: que los hombres de poca fibra moral, es decir, la mayoría de los hombres, traicionan con más facilidad a sus ideas, profesadas en secreto, que a sus compañeros y correligionarios cuando públicamente se les ha proclamado tales.

Todo esto, que constituye a grandes rasgos y sin descender a menudencias, la orientación y el significado de una casa del pueblo, debemos proponernos. Fuerza es decir que ya es hora de que nos lo propongamos.

Parece que estamos en un momento crítico de la historia. Diríase que la civilización en su marcha va a cerrar uno de los grandes ciclos en que se desenvuelve y a abrir otro nuevo; que hemos llegado a la plenitud de los tiempos. En el mundo civilizado todo está en cuestión, todo está en crisis; los dogmas religiosos, estudiados como otros tantos fenómenos históricos, se desmenuzan, se aclaran y se explican a la luz de las más recientes investigaciones de la filología y la psicología; la organización económica, en todos sus aspectos, es condenada en nombre de un principio de justicia más alto, que no puede sancionar la aspereza y brutalidad del régimen capitalista; las instituciones políticas, no ya en sus formas históricas, monárquicas y republicanas, sino en su esencia misma, en su principio democrático inspirador de cuya eficacia se duda, son llamadas a juicio; como lo son, igualmente, la moral tradicional, y la ciencia, y hasta las puras y desinteresadas especulaciones de la filosofía, obligadas todas a mostrar los títulos que tengan al respeto y al acatamiento de la conciencia humana.

La razón es incansable en su obra y, puesta a examinarlo todo, se pregunta a sí misma cuál es la validez de sus afirmaciones, y hay muchos que desconocen y niegan la razón en nombre de ella misma. En esta fiebre, en esta zozobra universal, en medio de la que busca la humanidad un rumbo nuevo, quedan indestructibles dos hechos, de índole diversa, que han de servir de instrumento el uno y de orientación el otro, a saber: las conquistas positivas, visibles y palpables del progreso material que prometen otras infinitamente mayores, y esa fermentación, ese clamor que sube desde lo más hondo de las sociedades, donde una humanidad misérrima, dolorida, expuesta a todas las intemperies, que come su pan amasado con odio, pide con voz que ya es terrible, una urgente y decisiva mejora en su condición. Los efectos de este mal son visibles donde quiera; en el más espléndido cuadro hallaréis una sombra imborrable. Fijaos en un solo ejemplo: en Londres, capital del más poderoso imperio que ha existido sobre la tierra, dueño de riquezas incalculables, de una industria perfectísima, cifra y compendio de una civilización prodigiosa servida por ciudadanos entusiastas y por gobernantes sabios y muy capaces, en Londres, digo, una masa de millares y millares de hombres sin trabajo pasea su hambre por las calles o se muere bajo los puentes del río o en sus antros inmundos, sin que a este enjambre de desdichados, la mayor parte alcohólicos, inútiles para toda obra de provecho, pueda decírseles más que estas palabras: no hay solución. En el estado de crisis que os he descrito antes, cuando todo se discute, ¿en nombre de qué principio, con qué autoridad respetable vamos a decir a esos infelices que se aguanten? Otro ejemplo: Francia ve disminuir su natalidad, y con su natalidad todas las esperanzas del mañana, porque los matrimonios franceses esquivan, a costa de todas las inmoralidades, imponerse el sacrificio de criar, educar y mantener a muchos hijos. Repito mi pregunta, ¿quién, cómo y en nombre de qué, va a corregir eso? Quiere esto decir que llevamos en nosotros mismos abierta una llaga, pero como hay que seguir viviendo, como las esencias de la civilización es preciso salvarlas a toda costa, imaginad qué infinita prudencia, qué tacto, qué disciplina, qué abnegación no serán precisas en el que gobierna y en los gobernados, para que el mundo continúe su marcha progresiva, para que no gastemos las fuerzas en luchas estériles y no nos devoremos unos a otros como fieras salvajes.

Estos problemas, ya de por sí graves, se complican de un modo particular cuando se estudian con referencia a España, como cualquier enfermedad es mucho más alarmante si se ceba en un organismo mal constituido que si ataca a un individuo normal y sano. España, con anterioridad a esos otros males a que antes aludía, padece: en lo económico, anemia secular, producida por falta de explotación de sus recursos naturales, por la mala gerencia de los que explota, por la codicia ininteligente de su régimen fiscal, fundado en el aplastamiento del más débil, y que se refleja en la pobreza de todos y en la sangría irrestañable de la emigración, fenómeno sencillísimo: donde no se cuece pan más que para uno, es imposible que coman tres y que los tres queden hartos, porque el milagro de los panes y los peces, que sepamos, no ha vuelto a repetirse.

En lo moral padecemos un absoluto y universal desconocimiento de los deberes de cada uno para con sí mismo y los demás, lo cual origina la rapacidad egoísta en los de arriba, la abyección infrahumana de los de abajo, la depresión de ánimo consiguiente a todo ser, hombre o pueblo, absolutamente desorientado y que no sabe lo que quiere ni lo que le conviene.

Y, por último, como causa y efecto a un mismo tiempo, expresión la más humillante de nuestro estado, una ignorancia e incultura espesísimas, que alcanza a todos, que se refleja en las conversaciones, en los modales, en los libros, en los periódicos, en los discursos y hasta en los juegos y distracciones, y que a veces se delata en hechos de una fuerza brutal, que parecen del siglo x: no hace muchos días han denunciado los periódicos que en Andalucía hay un pueblo de 400 habitantes, donde nadie, absolutamente nadie, desde el alcalde hasta el enterrador, sabe leer ni escribir.

No hay que esforzarse en demostrar qué fenómenos tan extraños ocurrirán cuando en un pueblo así constituido, que padece estos males —sobre los que luego volveré— se inyectan los virus peligrosísimos de que antes hablaba y que lleva anejos la orientación moderna de las ideas. Los más graves trastornos son de temer. Así ocurre, por ejemplo, que España, país sin industria, que apenas comienza a vencer los obstáculos que se oponen a su desarrollo normal y próspero, es de las naciones en que proporcionalmente se registran más huelgas, donde adquieren mayor violencia los conflictos entre el capital y el trabajo, eso que apenas hay trabajo ni capital empleado en la grande industria; así ocurre que en España, donde la masa general de los agricultores vive pereciendo y empieza ahora a enterarse de que hay medios científicos de labrar la tierra, el problema agrario, aunque no se ha formulado todavía de un modo serio, deja sentir sus efectos con la misma violencia que en cualquier país en que el desnivel entre colonos o cultivadores y propietarios sea más grande; y en otro orden de ideas, ocurre que cuando aún no hemos concluido de organizar ni de crear la patria ya hay quien la niega, y cuando no hemos conocido todavía el mecanismo de una democracia abominamos de ella y como es la recién venida a nuestra casa, sobre ella echamos la culpa de nuestro malestar y poca ventura.

De suerte que el problema de España es doble. Por una parte tenemos ante nosotros todas las cuestiones de índole moral, intelectual y económica surgidas de la urdimbre de nuestra historia y que recibimos como un arrastre de cuentas pasadas; por otra hemos de afrontar las dificultades que los hechos económicos, morales e intelectuales característicos de la edad contemporánea han de suscitar al plantearse entre nosotros. De la fusión y compenetración de ambos elementos o causas de conflicto surge el problema español, peculiar, especialísimo, único. Este problema se formula en pocas palabras de este modo: ¿podrá España incorporarse a la corriente general de la civilización europea? ¿Se podrá vivir aquí dentro de esas condiciones? La especialidad consiste en que de ningún otro pueblo europeo se ha hecho pregunta semejante. Y supuesta una contestación afirmativa como es la mía, surge inmediatamente esta cuestión: ¿qué hay que hacer, qué medios habrán de emplearse para que esa transformación se verifique?

Así se plantea el problema para todo aquel que desinteresadamente, desapasionadamente, estudia y observa. Por desgracia son muy pocos los que observan y estudian; los que emprenden esta labor sin interés ni pasión son todavía menos. Así ocurre que cada español siente pesar sobre sí un cúmulo de desgracias inexplicadas, de contrariedades, de obstáculos, cuya verdadera causa desconoce y, puesto a discurrir, cada cual los atribuye a los motivos más diversos, sin que acierte a verlos de una manera clara. ¿Por qué es esto así? Muy sencillo: porque el único medio de que la masa general de la nación adquiera un conocimiento exacto de sus necesidades reales, de los obstáculos que se oponen a su satisfacción y de los medios útiles de removerlos, es una instrucción, una enseñanza bien orientada y firmemente dada desde la escuela hasta la universidad, y en España, la enseñanza no sólo no sirve para eso, sino que es una de las principales causas de desconcierto y confusión. Y lo seguirá siendo mientras continúe montada de este modo, que hace de ella: por su organización, una industria; por su técnica, es decir, por los procedimientos empleados para enseñar, una mutilación del espíritu; por su contenido, es decir, por lo que se enseña, una mistificación, un engaño. El resultado es estafar a la juventud sus días más alegres, sus años mejores, y, además, en la mayoría de los casos, inutilizarla para todo estudio serio en el porvenir.

Que es una industria, lo comprenderéis con sólo fijaros en que el Estado hace artículo de renta, fuente de ingresos lo que en todas partes es la misión más ardua, más delicada y que más respeto infunde a la conciencia de todo hombre honrado de cuantos están confiados a los poderes oficiales. El Estado convierte la instrucción pública en una oficina de expendición, mediante ciertas sumas, de títulos académicos que son patentes de corso para echarse a navegar por las turbias aguas de la administración, y cuando no usa de este monopolio es para entregarlo a manos mercenarias, a espíritus cerriles y mal orientados, y el daño es entonces mucho mayor.

El ambiente que hay para estas cuestiones en España aparece muy claro en este hecho: no hace mucho tiempo, en una capital de provincia se promovió una fuerte protesta y casi un conflicto de orden público, porque algunos catedráticos de su universidad, contra su costumbre, dieron en ser muy rigurosos, con lo cual el número de alumnos disminuía y las casas de huéspedes y los establecimientos de recreo de todas clases que viven de los estudiantes no ganaban dinero por falta de clientes.

Que es una mutilación del espíritu no es menos evidente, porque no se estudia para saber, sino para aprobar, y no se enseña a discurrir ni se procura formar la inteligencia, sino que se obliga a los muchachos a recitar de coro ridículos manuales, llenos de insensateces, lo cual basta para conseguir el ansiado sobresaliente, que llena de satisfacción y orgullo a la familia del estudiante, y que probablemente no es sino un paso más en la carrera de asno perpetuo.

En cuanto a su contenido, que he calificado de mistificación y engaño, vosotros mismos podéis comprobar la verdad de mis afirmaciones. En general, a los muchachos en España no se les enseña nada que pueda ir contra el prejuicio religioso, ni contra determinadas instituciones políticas; para ello no se tienen escrúpulos en faltar descaradamente a la verdad, o en presentar las obras, los trabajos y los descubrimientos de los enemigos —como si en una labor verdaderamente científica pudiera haberlos— villanamente adulterados. Para probarlo basta un solo ejemplo, del cual todos vosotros sois mártires, esto es, testigos. Recordad cómo nos enseñaban en la escuela la historia de España, qué concepto nos hacían formar de nuestro pasado».


Más efemérides del 4 de febrero:

El 4 de febrero de 1534 fallece en Alcalá de Henares el arzobispo de Toledo Alonso de Fonseca, víctima de una larga hidropesía.

El 4 de febrero de 1639 don Francisco de Mendoza cede casa y dinero a la iglesia Magistral.

3 de febrero de… 1560

El 3 de febrero de 1560 después de su boda en Guadalajara, Felipe II e Isabel de Valois visitan Alcalá de Henares.

El rey Felipe II siempre mostró afecto por la villa de Alcalá de Henares.

Él mantuvo al Colegio de Doncellas de Santa Isabel que el cardenal Cisneros había fundado para cincuenta jóvenes. Éstas, tanto si elegían ser monjas en el Monasterio de San Juan de la Penitencia como casarse, que tenían que hacerlo en la iglesia del Monasterio, recibían del Rey 400 escudos para dote cuando llegase el momento de «tomar estado».

También fundó el Colegio Menor de San Felipe y Santiago, que por él se le conoce como Colegio del Rey.

Además dio Privilegio a la Universidad para levantar pendón en las proclamaciones de los reyes.

El rey Felipe II se casó con doña Isabel de Valois el 22 de junio de 1559 en París. En este enlace el Rey fue representado por Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Duque de Alba. Y el 2 de febrero de 1560 se celebró la Misa de Velaciones en el Palacio del Infantado en Guadalajara, con Felipe e Isabel presentes. Era la primera vez que ambos esposos se veían cara a cara.

Y al día siguiente de la ceremonia, tal día como hoy de 1560 los reyes Felipe II e Isabel de Valois llegaron a Alcalá de Henares de visita.

La Universidad de Alcalá, sabida del enlace real, acordó que se celebrasen solemnes fiestas con certámenes poéticos.

En la parte exterior de la Puerta de Guadalajara se montó un tablado de 120 x 15 metros, con una balaustrada, formando una calle que llegaba hasta la Puerta.

En el tablado se situaron todos los doctores y licenciados de los Colegios con las insignias de sus facultades. Cuando llegaron los monarcas, después de haber sido recibidos por el Rector de la Universidad y el Abad de la iglesia Magistral, Felipe II dijo que deseaba que los festejos se tributasen principalmente en obsequio de la Reina y se marchó de caza con el Conde de Venavente y otros Grandes de su Cámara.

La reina Isabel de Valois, acompañada por doña Juana de Austria, hermana del Rey, visitó el Colegio Mayor de San Ildefonso y luego se marchó al Palacio del Arzobispo de Toledo a descansar del viaje.

Al día siguiente, antes de salir hacia Madrid, el rey Felipe II acudió en «traje de camino» a visitar el Colegio Mayor. En el Paraninfo escuchó un discurso de don Bernardino Manrique, hijo del Conde de Paredes, y la Universidad le obsequió con unos guantes que el Monarca tomó con agrado, diciendo que se los regalaría a la Reina.

Después de esta visita a la Universidad, los Monarcas partieron para Madrid.

2 de febrero de… 1604

El 2 de febrero de 1604 nace en Alcalá de Henares don Juan Francisco de Leiva, Conde de Baños, que llegaría a ser Virrey de Nueva España.

Muchos son los nacidos ilustres en Alcalá de Henares que son desconocidos para los propios complutenses. Y el protagonista de la efeméride de hoy es uno de ellos, ya que tal día como hoy nació el niño Juan Francisco de Leiva, que así, sin más, muy poca gente sabe quién fue.

Juan Francisco Jacinto de la Cerda de La Lama y de la Cueva Leyva Arteaga y Gamboa, más conocido como Juan Francisco de Leiva, nació en Alcalá de Henares, perteneciendo a una familia aristocrática.

Por nacimiento, por parte de padre, fue el Quinto Marqués de la Adrada, Señor de Villovela y Las Lastras, del Estado y Fortaleza de La Lama y del Mayorazgo de Monjara en el Obispado de Segovia. Y por parte de la familia materna, llegó a ser Preboste de Guernica, Ondárroa y Bermeo.

Se casó con doña Mariana Isabel de Leyva y Mendoza, quien se tituló por derecho II Condesa de Baños y II Marquesa de Leyva, títulos que también usó su marido.

El rey Felipe IV le nombró Virrey de Nueva España en 1660, cargo que mantuvo cuatro años.

Hay que reconocer que su gobierno se caracterizó por las irregularidades administrativas, ya que la virreina se dedicaba a enriquecerse a través del tráfico de influencias, vendiendo los cargos y haciendo firmar a su marido los documentos, sin que éste tuviese constancia de los hechos. Por la mala gestión del virrey, la codicia de la virreina y las escandalosas fiestas de sus hijos, el virrey fue cesado en 1664.

Una vez en España y viudo, Juan Francisco de Leiva ingresó en los Carmelitas Descalzos de Guadalajara, donde permaneció hasta su muerte, acaecida en 1678.


Más efemérides del 2 de febrero:

El 2 de febrero de 1949 se efectúan los primeros saltos de la Primera Bandera de Paracaidistas de Aviación en Alcalá de Henares desde aviones Junker 52 de dotación en el Regimiento de Transporte del aeródromo alcalaíno.

El 2 de febrero de 1973 se inaugura la Comisaría de Policía Nacional en Alcalá de Henares en la calle del Cid Campeador.

El 2 de febrero de 1985 se inauguran las oficinas de la OMIC.

28 de enero de… 1572

El 28 de enero de 1572 el padre Fernando Solier hace donación irrevocable de una Santa Espina de la corona de Nuestro Señor Jesucristo al Colegio Máximo de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares.

En 1565 el Padre Fernando Solier, Procurador General de la Compañía de Jesús y Rector del Colegio de Penitenciarios de Su Santidad en la Basílica de San Pedro de Roma, acompañado del cardenal Alejandro Cribello viajaron a Milán por temas de la Santa Sede. Estando en Milán, en el Castillo de Canellas, propiedad del conde Ambrosio Antonio Cribello, familiar del Cardenal, y sabedores que en ese castillo se guardaban algunas Santas Reliquias, el Cardenal pidió al Conde que les enseñara las dos Espinas de la corona de nuestro Señor Jesucristo. Una vez visualizadas, el conde Cribello entregó al padre Solier una Santa Espina con el encargo de que fuese llevada al Colegio de la Compañía de Jesús en Segovia.

El cardenal Cribello mandó hacer un relicario de oro y plata para guardar la Santa Reliquia, y de vuelta a Roma, aprovechando la ocasión de que venía a España don Fernando de Meneses, Embajador del Rey de Portugal ante la Santa Sede, se le entregó el relicario para que la entregase al Colegio de Segovia, mandato que cumplió sin demora.

Como el padre Solier sabía que el conde Cribello profesaba gran devoción y afecto a la Compañía de Jesús, en 1569 envió al Conde una parte de la Santísima Cruz de nuestro Redentor, confirmada con milagros, y le rogó que le remitiese la otra Sagrada Espina que guardaba con las demás reliquias, para colocarla en alguna iglesia de la Compañía de Jesús, para gloria y exaltación del nombre de Jesús.

Agradecido el Conde por el regalo del “Lignus Crucis”, le envió, por medio del cardenal Cribello, la Santa Espina, testificándole que era una de las de la corona de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando recibió la Santa Espina, el padre Solier se lo comunicó a don Francisco de Borja, Prepósito General de la Compañía de Jesús, y cuando los dos deliberaban acerca de la iglesia a la que había de entregar la Santa Espina, ocurrió un milagro.

Había en Roma una mujer viuda, devota y temerosa de Dios, conocida del padre Solier, la cual sufría vejaciones del demonio, que se le aparecía frecuentemente. Esta devota se confesaba con don César Baronio, y éste solía pedir consejo al padre Solier para ayudarla.

Un día el padre Solier mostró a don César Baronio la Santa Espina que estaba metida en un tubo de cristal sellada con oro y plata, y se la entregó para que éste a su vez se la diera a su confesada, sin decir qué era, para ver si Dios se dignaba librarla de su tormento, por medio de ese sagrado instrumento de su Pasión.

Don Cesar se la entregó, aconsejándola que la llevase al cuello siempre para qu le sirviera de defensa contra las acometidas del demonio.

Esa misma noche se le apareció el demonio y, no pudiéndose acercar a ella, le pidió que se quitase del cuello lo que llevaba. Ella se resistió y el demonio, después de insistir durante varias horas, desapareció.

Durante veinticinco días se repitieron la misma escena, sin que la mujer sufriera vejación alguna. El demonio solamente se atrevía a amenazarla, hasta que un día desapareció y no volvió nunca más a importunarla. Días después, la devota devolvió la Santa Espina.

Después de deliberar acerca de la iglesia a la que se había de entregar la Santa Espina, tanto el padre Solier como el padre Borja consideraron que el Colegio de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares, que estaba en la ciudad de la Universidad Complutense y que tenía muchos maestros y colegiales, era el lugar idóneo para tener el rico tesoro.

Por eso, tal día como hoy de 1572, con licencia del Prepósito General de la Compañía de Jesús, padre Francisco de Borja, el padre Fernando Solier hizo donación irrevocable de una Santa Espina de la Corona de nuestro Señor Jesucristo al Colegio Máximo de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares, mediante documento público ante el notario Jacobo Gerardo.

La Santa Espina permaneció en el Colegio hasta la expulsión de los Jesuitas de España. El rey Carlos III la entregó al Cabildo de la Santa Iglesia Magistral, que la colocó en el mismo relicario en que se guardaba otra Santa Espina que ya poseía el Cabildo, que se la había regalado el arzobispo de Toledo García de Loaísa.

A día de hoy las dos Santas Espinas de la Catedral Magistral se las honran y adoran los martes santos, ya que se exponen en ese día.

De todas formas se pueden ver todos los días, ya que están custodiadas a la vista de todos los visitantes en el museo de la Catedral Magistral.


Más efemérides del 28 de enero:

El 28 de enero de 1563 comienza el proceso de canonización de San Diego de Alcalá.

El 28 de enero de 1626 el Ayuntamiento de Alcalá de Henares hace voto perpetuo de asistir en Corporación a las fiestas de las Sangradas Formas.

El 28 de enero de 1661 se funda la Cofradía del Cristo de los Doctrinos en Alcalá de Henares.

23 de enero de… 1514

El 23 de enero de 1514 el rey Fernando el Católico visita la Universidad de Alcalá.

Ocho veces estuvieron los Reyes Católicos en Alcalá de Henares, juntos o por separado. Pero nos vamos a fijar en la última, ya que tal día como hoy de 1514 el rey Fernando de Aragón junto a su segunda esposa Germana de Foix visitó la entonces villa de Alcalá.

Fue recibido por el cardenal Cisneros, que, acompañado de él, visitó la Universidad Complutense.

Les salió a recibir el rector don Fernando de Balbás precedido de los Maceros de la Universidad, acompañado de maestros y colegiales. Los ujieres del Rey mandaron a los bedeles bajar las mazas, pues dijeron que delante del Rey no era lícito presentarse de ese modo. Pero como era a la puerta de la Universidad, el propio Rey mando que las alzasen pues expuso que aquél era el Palacio de las Musas y había que ser galante con ellas.

Después recorrieron las cátedras y dependencias y escucharon a los profesores las explicaciones de sus materias.

Y al acabar la visita, el rey Fernando le comentó al cardenal Cisneros:

–Todo me parece bien, pero se me figura que estas tapias no han de alcanzar la eternidad a que su fundador aspira.

A lo que el Cardenal le contestó:

–Así es, pero yo soy viejo y he procurado acelerar la obra antes de que me sobrecoja la muerte. Creo poder asegurar que estas paredes de tierra algún día serán de mármol.

Y así fue, ya que por premura, los edificios de la Universidad fueron construidos con adobe y ladrillo y años después se reedificaron, ya en piedra. Por eso en el primer patio del Colegio Mayor de San Ildefonso, en el Patio de Santo Tomás de Villanueva, se puede leer la inscripción latina «En luteam olim celebra marmoream», que se traduce como «Antes en barro, ahora en piedra».


Más efemérides del 23 de enero:

Cada año, el 23 de enero comenzaba en la Universidad de Alcalá de Henares el examen conocido como «La Alfonsina», llamado así en honor a San Ildefonso.

El 23 de enero de 1687 la Comisión entrega al Ayuntamiento de Alcalá de Henares el informe de los medios propuestos para recaudar el importe del pago de Título de Ciudad.